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La Patria no es el hogar de las casualidades

La Patria no es el hogar de las casualidades

    Posiblemente éso escribió el caudillo manso una tarde de abril de 1858 en un papel que luego dobló con puntillosa prolijidad y guardó en el bolsillo de su chaqueta.

¿Escribió Nazario Benavídez una frase profunda que meses más tarde la patria olvidaría con esmerada voluntad y obscena desidia luego de la Batalla de Cepeda? ¿O fue apenas una mueca retórica que la indiferencia se encargaría de sepultar?

El loco masón grado 33, Sarmiento, escribió: "Benavidez es un hombre frío; a eso debe San Juan haber sido menos ajado que los otros pueblos. Tiene un excelente corazón, es tolerante, la envidia hace poca mella en su espíritu, es paciente y tenaz". Y también escribió el viejo loco que al caudillo manso había que matarlo.

Salvador María del Carril, que era dueño de una palabra deslumbrante, fue más preciso y acaso también timorato a la hora de escribir sobre Benavídez: "Usted, en aquella época infausta, estancó la sangre que había corrido a torrentes y dio asilo generoso a los oprimidos sin amparo". Eso dijo en una carta Del Carril, quien durante mucho tiempo había sido enemigo de Benavídez pero finalmente terminó siendo su aliado en épocas en que Urquiza comandaba un país de emancipados con pretensiones republicanas que finalmente nunca se concretaron.

Lo que sigue es lamentable: hasta hoy, los sueños republicanos siguen sin poder cumplirse. ¿Somos los argentinos una legión de fabricantes de sueños memorables que con el tiempo se convierten en episodios infaustos?

Fuiste Gobernador de San Juan durante cuatro periodos. ¿No te parece que se te fue la mano, Nazario? Los gallos no son como los criollos. Los gallos van a fondo. Fuiste capaz de evitar la sangría en tu terruño pero no pudiste evitar ir a las riñas y encenderte con cada picotazo. Gritabas, te ponías nervioso, en ocasiones apostabas. Ganabas, Benavìdez, ganabas plata a cuenta de lo que el destino te estaba preparando. ¿Entendías acaso que la cacería contra los tuyos se había desatado y que la presa final de una larga matanza serías vos?

"La Patria no es el hogar de las casualidades", Benavìdez. ¿Escribiste esa frase en un papel que doblaste y guardaste en el bolsillo de tu chaqueta durante una tarde de abril de 1858? No sé.

En febrero de 1855, por un decreto nacional firmado por Salvador María Del Carril, se le otorgó a Benavídez el grado de Comandante en Jefe de la División Militar del Oeste de la Confederación Argentina, con el grado de Brigadier General de los ejércitos de la Confederación. Entonces quedó como jefe de los ejércitos acantonados en San Juan, La Rioja, Mendoza y Catamarca.

Fuera de la gobernación, Benavídez conservaba prestigio y poder político. Y era reconocido por partidarios y detractores como el hombre fuerte de la provincia. Esto resintió las relaciones con sus adversarios políticos.

Restaurada la paz en San Juan, el interventor llamó a elecciones. En septiembre fue electo Manuel José Gómez Rufino, reconocido unitario que había participado en un golpe contra Benavídez en mayo de 1852. El nuevo gobernador contaba con la simpatía de liberales y federales opuestos a Benavídez, y mantuvo fluidas relaciones con figuras importantes de Buenos Aires, entre los que se hallaba el loco Domingo Faustino Sarmiento, una de las mejores plumas del país y un pensador inédito en la historia del pago criollo.

Benavídez conservó sus cargos militares, lo que produjo constantes roces con el Gobernador Gómez Rufino, quien creó cuerpos militares fuera del ámbito de Benavídez, cambió los oficiales, persiguió a los partidarios del caudillo y buscó desafiar su autoridad. Ambos pidieron la mediación de Urquiza para que zanjara las diferencias. Y si bien Urquiza, entonces en la presidencia de la Confederación, se inclinó por Benavídez, el apoyo fue tibio y nunca dio instrucciones claras de cómo proceder ante el conflicto.

En la elección para renovar la mitad de la Legislatura provincial, celebrada en agosto de 1858, triunfaron los candidatos de Benavídez, que contaban con un rotundo apoyo popular y la simpatía de un pueblo condenado a la desidia y la sumisión.

El Gobernador Gómez Rufino comenzó a buscar mecanismos para anular las elecciones. Los habitantes percibieron ese abyecto movimiento y la inestabilidad social volvió a las calles de San Juan. El gobernador se incomodó por la situación y ordenó la prisión de los amigos de Benavídez, muchos de ellos jefes y oficiales del ejército.

Gómez Rufino hizo correr la voz de que Nazario Benavídez era el responsable de los movimientos cívicos y ordenó su arresto.

Fue un 19 de septiembre de 1858. Nunca vas a olvidar esa fecha. Estabas en una riña de gallos, Nazario. Nadie en la ciudad ignoraba que le gustaban las riñas de gallos. Era tu manera de compensar el apetito ante tanta sangre ahorrada durante tus cuatro periodos de mandato. Fuiste un caudillo manso, pero cuando veías a los gallos picotearse hasta sangrar encendías tus ojos y la pasión te recorría el cuerpo.

Benavídez fue detenido en una riña de gallos, en las intersecciones de lo que hoy conocemos como calle San Luis, entre Sarmiento y Entre Ríos, en la provincia de San Juan. Hombres armados lo llevaron preso y lo dejaron incomunicado.

Se acusó judicialmente a Benavídez por sedición. Esto alteró gravemente la paz social. El secretario de la Comandancia, Santiago Quiroga, informaba al gobierno nacional: "El pueblo de todas las clases pulula por doquiera con conatos de alzamiento, lo que no se verifica solo por el dominante y terrible temor de que en ese paso se presente a los enemigos del orden y de la persona del General encarcelado la ocasión de con sumar su obra nefasta".

La prensa porteña, especialmente La Tribuna y El Nacional, requerían sin rodeos la eliminación del "tirano Benavídez". Así lo llamaban a pesar de que evitó la reguera de sangre. Desde las páginas del diario El Nacional, el loco Sarmiento pedía que lo ajusticien como es debido. Ese hombre merece la muerte, escribía el Maestro de América, dando señales claras de pedagogía y civilización.

El Gobernador Gómez acusó a Benavídez de complotar con los porteños alejados de la Confederación Argentina contra el presidente Urquiza. Su esposa, Telesfora Borrego, buscó apoyo en amigos y enemigos para evitar que lo mataran. Entonces pidió a sus partidarios que se organizaron para liberarlo.

El 23 de octubre de 1858, hombres que respondían a Benavídez asaltaron la cárcel para sacarlo de ahí. Tomaron la parte baja de la prisión y liberaron a más de sesenta presos, la mayoría por ser partidarios de Nazario. Debían llegar a los altos del Cabildo que servía de prisión. Cuando apenas los separaba una pesada puerta de acero, el coronel Domingo Rodríguez disparó a quemarropa al pecho de Benavídez. Luego le clavó la bayoneta en el corazón y más tarde arrojaron el cuerpo por una ventana y huyeron. Horas después fue desnudado y expuesto al escarnio en la plaza central.

El historiador sanjuanino, Horacio Videla, relata la feroz cacería contra Nazario Benavídez: "El cuerpo de Benavídez fue arrojado desde la habitación donde fue ultimado en los altos del Cabildo a un patio contiguo. Poco después, un caballero de la alta sociedad sanjuanina, Juan Crisóstomo Quiroga y su hermana, Isidora Quiroga Garramuño de Salas, entraron al Cabildo y vejaron al cadáver".

Tu cuerpo, ya sin vida, quedó en el lugar en que hoy se emplaza la fuente de la Plaza 25 de Mayo, Nazario, en el el centro mismo de la Ciudad de San Juan. La deshonra se compensaría con la gloria póstuma. No todo se puede. Y, lo que es peor, no todo se puede a la vez.

El muerto fue entregado a la familia al día siguiente y la sepultura se llevó a cabo sin ceremonia ni escolta. Recién recibiría honras fúnebres en enero de 1859, luego de la intervención federal en la provincia de San Juan. El decreto que despedía al caudillo decía lo siguiente: "Considerando que el finado Brigadiero General Don Nazario Benavidez, Comandante en Jefe de la Circunscripción Militar del Oeste, fue durante la dispersión de las provincias argentinas el defensor de la de San Juan, en el furor de las tempestades políticas el protector de todo perseguido, en la era de la regeneración el firme sostenedor de la Constitución Nacional y antes y en todo tiempo la personificación del orden, de la justicia y de todo lo que es recto y noble".

La Patria no es el hogar de las casualidades. Por eso pasó lo que pasó.

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20 de julio de 2018 | 08:06
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