G. Conte

Opacos o transparentes: el dilema de una política que carece de pudor

Los desafíos de políticos que prefieren mostrarse desnudos por moda, pero sin tomar en cuenta qué es lo que se les ve.

Opacos o transparentes: el dilema de una política que carece de pudor

- transparencia. Tb. trasparencia. 1. f. Cualidad de transparente. 2. f. Lámina transparente que contiene dibujos o textos y a la que se pueden aña dir datos durante su proyección. 3. f. Cinem. Proyección sobre una pantalla transparente de imágenes móviles filmadas con antelación, que sirve de fondo a una acción real.

- pudor. Del lat. pudor, -ōris. 1. m. Honestidad, modestia, recato.

Para decidir lucir con un atuendo transparente hay que saber que permitirá que todo el mundo perciba qué es lo que cubre vanamente. Aquí entra en juego el pudor de quien lo vista públicamente. Claro que el efecto social es bastante distinto a lo que produciría que todas las decisiones públicas puedan ser captadas a simple vista. En el primero de los casos, podría pecarse de exhibicionista. En el segundo, de honesto, casualmente una de las definiciones del término "pudor". Mostrar todo (con o sin miedo a lo que puedan decir sobre lo que ven) resulta un acto sincero y por eso se valora en diferentes escalas que se construyen a nivel internacional el grado de opacidad o transparencia de los gobiernos.

La tendencia sigue siendo, sin embargo, dual y contradictoria: nadie en la política se saca de la boca el término "transparencia" como objetivo, pero a la hora de las acciones, bajan la persiana o bien dificultan la visibilidad total a la hora de abrir los datos al conocimiento del público. En la Argentina, en donde toda ley tiene su trampa, la expertís en materia de ocultar lo que se quiere mostrar ha logrado que, más allá de que pasen los gobiernos, no trepemos en la confiabilidad de lo que el Estado hace.

La presidenta de la organización Transparencia Internacional, Delia Ferreira Rubio acaba de ubicar a la Argentina en la nómina. Señaló: "El Índice de Percepción de Corrupción de Transparency International releva cómo es percibido el sector público de cada país en una escala de 100 (Muy transparente) a 0 (Altamente corrupto). En 2016, Argentina obtuvo 36 puntos. Nuestros vecinos obtienen mejores puntajes: Uruguay: 71, Chile: 66, incluso Brasil: 40".

No estamos bien.

La política que dice vestirse con transparencias luce borrosa. El pudor, en este caso, no es la excusa aceptable.

Se producen casos que resultan paradójicos: allí en donde sí se gestiona con apertura de datos, algunas de las cosas que pueden verse resultan "pornográficas" a la simple mirada ciudadana.

Algo así ocurre en ambas cámaras del Congreso de la Nación. En una de ellas, Diputados, hay una mendocina elogiada por todos: se llama Florencia Romano y tiene en sus manos mostrar todo lo que hace esa institución. Lo logra. Pero, a poco de empezar a mirar, aparecen las viejas mañas que no se erradicaron a tiempo antes de que las paredes oscuras de la información se transparentaran.

Así, una navegación rápida por las "decisiones administrativas" de la Cámara baja, permite ver cómo persisten as viejas prácticas: distribuir bienes del Estado en instituciones sociales, públicas o privadas de diversa índole, a discreción. Así, parece seguir primando la consigna clientelar para entregar una docena de muebles a los bomberos de una localidad bonaerense, o un vehículo a una fundación con fines religiosos; la disponibilidad de un fondo inmediato de 25 mil pesos para los diputados ocurrentes que quieran hacer "ya" un evento, o la adquisición millonaria de pines de oro y vauchers de viaje entregados como premios por concursos que no tienen nada que ver con la creación de nuevas leyes, tal la función de la Cámara.

Sería injusto no decir que, en el medio de las 114 disposiciones administrativas de 2017, aparecen también las obligatoriedades al uso de tableros de control, a exigencias de monitoreo de presentismo.

Pero la exitencia de unas y otras cosas indica que lo que se vive, aun hoy, es una etapa de transición, con el riesgo siempre latente de que la tentación a volver a las prácticas más mañosas de la política, persistan bajo un manto de transparencia declamativa que, al final, resulta opaca a los ojos.

Lo mismo podría decirse por una navegación rápida por el Senado. Allí están a la vista los canjes de pasajes no utilizados por empleados d elos bloques legislativos que no son legisladores y que embolsan cifras que resultan impúdicas a la vista de otros trabajadores que no cuentan con ese tipo de privilegios.

O las nóminas de becas y subsidios que entregan discrecionalmente, "porque sí", con tan solo cumplir con unos requisitos más "de forma" que condicionantes para ser destinatarios de más fondos de un Estado que le entrega plata a, por lo menos, 29 millones de argentinos por H o por B. En el caso de los legisladores, sin razón más que la voluntad de quien lo confiere.

No hay que olvidar que la apertura de datos no surge por naturaleza, ni por acción exclusiva de los protagonistas de las cámaras legislativas. En agosto de 2014, Fundación Directorio Legislativo, Poder Ciudadano, la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) presentaron cinco pedidos de información pública solicitando el listado de empleados de la Cámara de Diputados de la Nación; la publicación de las resoluciones administrativas internas de la Cámara; informe de becas y subsidios entregados por parte de los diputados nacionales durante el periodo 2011 a 2014 (desglosado por diputados y por mes); nómina de los diputados nacionales que cobre desarraigo y los montos asignados a cada uno de los bloques parlamentarios durante el periodo 2011/13.

Por eso, la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal ordenó que se cumpla con la totalidad de los pedidos de información que le fueron solicitados, con la publicación de las resoluciones administrativas en su página web. El fallo sostuvo que "el acceso a la información tiene como propósito coadyuvar a que los integrantes de la sociedad ejerzan eficazmente el derecho a saber, por lo que el otorgamiento de la información no puede depender de la acreditación de un interés legítimo en ésta ni de la exposición de los motivos por los que se la requiere".

Pero más allá de lo que hagan nuestros representantes políticos con la transparencia o la opacidad de sus actos, en algo tiene mucha razón Delia Ferreyra, la ya mencionada titular de Transparencia Internacional cuando dice que el factor más importante a derrotar es "la indiferencia". Los que hacen lo que no quieren que hagamos, lo hacen porque los dejamos hacerlo, sería el trabalenguas aplicable.

Para el final, sus palabras al respecto: "Más allá de las reformas institucionales, también la ciudadanía debe asumir un compromiso real y efectivo a favor de la transparencia. La sociedad debe enviar a sus dirigentes un mensaje claro de no tolerancia a la corrupción. Esto exige compromiso y participación. La indiferencia social es el caldo de cultivo propicio para la corrupción. Si los corruptos siguen ganando votos y ocupando cargos que, además, les brindan protección, no terminaremos con este flagelo. Asumamos nuestra responsabilidad individual y digamos tolerancia cero a la corrupción".

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22 de julio de 2018 | 20:02
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