L. Manson

Diez películas estrenadas en 2017 para ver más de una vez

El año se despide con un puñado de títulos audaces, un par de joyas de cine de terror, la supervivencia de algunos grandes realizadores internacionales, y tres películas argentinas tan diversas como contundentes.

Diez películas estrenadas en 2017 para ver más de una vez

Ya sea en circuitos comerciales o salas alternativas, 2017 fue un año que ofreció un puñado de títulos que admiten más de una visión. La lista tiene en cuenta el aterrizaje de los films en cines mendocinos este año, por más de que algunos de ellos hayan sido estrenados fuera del país en temporadas anteriores.

1- Elle - Abuso y seducción

El realizador holandés Paul Verhoeven, responsable de títulos como El cuarto hombre, RoboCop, El vengador del futuro, Bajos instintos y Starship Troopers; se jacta con orgullo de haber sido expulsado de dos cinematografías, la de su propio país y la de Hollywood. Siempre polémico y perturbador, Verhoeven jugó una carta muy fuerte en su debut francés con Elle, película nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes y al Oscar a Mejor Actriz Protagónica para la siempre precisa Isabelle Huppert.

La talentosa actriz interpreta a una de las dueñas de una empresa de diseño de videojuegos, que en medio de sus días dominados por el automatismo burgués sufre un violento ataque y violación en su propia casa. Lejos de ir por la vía judicial o el ajuste de cuentas tras un episodio tan arrasador como ese, la película transita el espeso vínculo que se va trazando entre el acosador y su víctima, a partir de reiterados actos de abuso.

Huppert potencia la gélida fortaleza que ha explorado en varios roles a lo largo de los años, pero esta vez conquista su actuación más arriesgada y visceral. Verhoeven se desliza como un felino entre el drama intimista y el thriller ultra violento. A medida que la trama avanza sobre la intriga de la identidad del agresor, el film tensa cada vez más los hilos suprimiendo la posibilidad de la empatía con la protagonista; así como también la chance de que el espectador pueda salir ileso de este shockeante trance.

Mucho se habló de los puntos de contacto entre este film y algunos de Claude Chabrol, Alfred Hitchcock o Brian De Palma. Lo cierto es que Elle es una película 100% Verhoeven. Una experiencia cinematográfica tan extrema como fascinante.

2- Aquarius

 En términos generales, el cine no se ha caracterizado por ser generoso a la hora de darle a actrices mayores de 60 años, la posibilidad de interpretar personajes autónomos. Generalmente, el rol que se les reserva a las mujeres que transitan su madurez en la pantalla es el de madre, tía, abuela o esposa; con escasas posibilidades de ser las determinantes de los principales giros y motores del relato. Sin embargo, en lo que va del año, podemos celebrar el estreno de tres excelentes películas, protagonizadas por señoras que impulsadas por sus convicciones, toman decisiones con plena determinación.

A comienzos de este año se estrenó en Argentina la película Aquarius, aclamada joyita que cosechó elogios y premios en diversos festivales internacionales, y que ofició como nuevo vehículo de lucimiento de la enorme Sonia Braga, legendaria protagonista del clásico Doña Flor y sus dos maridos.

El guionista y director Kleber Mendonça Filho nos zambulle de lleno en la historia de una viuda que vive sola en un edificio de Recife cuyos departamentos han sido comprados por una poderosa inmobiliaria, que tiene como objetivo final lograr que la reticente ex crítica musical de 65 años, decida vender el hogar en el que tantas vivencias ha atravesado.

A medida que el film avanza, queda en claro que no estamos frente a la historia de una señora que vive prisionera de la nostalgia, sino de una inteligente y apasionada mujer que está dispuesta a ejercer el poder de decisión sobre su vida. La atmósfera de Aquarius transita intensos planteos ideológicos, generacionales y familiares, sin la necesidad de caer en el subrayado tono de denuncia. 

3- Zama

En los últimos años, ninguna película argentina generó el nivel de expectativa entre críticos y cinéfilos, como la que ha despertado el épico estreno de Zama. La película, designada como precandidata para representar a la Argentina en la carrera por los premios Oscar y Goya, sale de las entrañas creativas de una cineasta incomparable: la salteña Lucrecia Martel.

Zama no sólo es un ovni dentro del panorama del cine nacional, sino también a nivel mundial. El film de Martel levanta por lo alto la bandera de permanencia y resistencia de un cine ambicioso, que se propone ir más allá del umbral de la pantalla. Muchas veces el mote de "película ambiciosa" es malentendido con el de "película pretenciosa". Aquí estamos claramente frente a la primera categoría. Un film tan épico como intimista, que atravesó múltiples batallas para llegar a las salas de cine. 

Siempre se dijo que la novela cumbre del autor mendocino Antonio Di Benedetto, publicada en 1956, suponía una experiencia imposible de trasladar al cine. Aquí Lucrecia Martel no sólo demuestra lo contrario, sino que lo hace desde la perspectiva más lúcida. En términos generales, existen dos clases de adaptaciones de obras literarias a la pantalla grande, las que naufragan en el frío ejercicio del rigor académico, es decir aquellas que intentan respetar a rajatabla las páginas del material original; y las que son capaces de construir un universo propio a partir del ingreso en las entrañas del libro.

Don Diego de Zama, interpretado magistralmente por el mexicano Daniel Giménez Cacho (La cordillera, La mala educación, Profundo carmesí), es un asesor letrado de la corona española, varado a fines del siglo XVIII durante más de un año en un paraje paraguayo (aquí recreado en locaciones formoseñas), a la espera de que el Gobernador haga la gestión pertinente para que el Rey disponga su retorno a su hogar, que hipotéticamente sería Mendoza. Su mujer y sus hijos lo esperan. El hombre, que está muy lejos de ser lo que se dice un buen tipo, también espera. Y en medio del eterno sinsentido que implica el concepto de espera, se mezclan pelucas, trajes y vestidos de una realeza polvorienta, ensambladas a la fuerza con los ritos ancestrales de los indios; en medio de una fauna en la que todo tipo de animal puede irrumpir en la reunión más protocolar.

En términos formales, la película tiene todas sus cartas a favor. La voz en off, ese recurso que a veces resulta tan irritante, aquí encuentra un tono exacto, en un relato que pendula entre lo intimista y lo épico. Martel trabajó codo a codo con el talentoso director de fotografía portugués Rui Poças, y el diseñador de sonido Guido Berenblum, quien conquista un nivel de exquisitez único en el cine nacional de estos últimos años. Claramente, el film de la salteña es un ejercicio de prodigio y virtuosismo, que no tiene como misión ajustarse a una exacta reconstrucción de época. La realizadora despliega cada laboriosa herramienta de lenguaje cinematográfico, sin perder la impronta de una experiencia sensorial.


4- Invasión zombie

Con sólidos antecedentes en el cine de animación, el realizador surcoreano Yeon Sang-ho se toma algunos minutos en la introducción del relato para presentar a los protagonistas de esta adrenalínica odisea. Un atareado ejecutivo que le dedica poco tiempo a su hija, accede a emprender un viaje en tren desde Seúl hasta Busan para que la solitaria niña se reencuentre con su madre. Ni bien comienza el recorrido, los pasajeros deberán lidiar con una devastadora invasión zombie que se extiende masivamente a nivel nacional. Amenaza que se filtra desde los primeros minutos en el tren y acecha con infectar a todos los tripulantes.

La premisa es sencilla, pero el resultado es de una tensión y asombro sostenidos. Más allá de cierto paralelismo con clásicos y títulos recientes de todo film que aluda a historias de muertos vivientes, la película orquesta su potencia sobre una perfecta síntesis entre vibrantes escenas de acción y conmovedores momentos intimistas.

Con una factura de producción decididamente descomunal, el film se despega de los previsibles patrones que suelen transitar los embutidos occidentales sobres zombies, en el sentido de que aquí se juega el todo por el todo. Las secuencias de ataques son de una ferocidad brutal, y los pasajes sentimentales no rehuyen de ningún desborde lacrimógeno. Si bien es cierto que hay una tendencia al subrayado en el discurso moral, toda amplificación es pertinente en un relato tan apocalíptico como este, en el que la avaricia, el egoísmo y el sinsentido; sólo pueden precipitar a sus protagonistas al más tenebroso de los abismos.

5- El porvenir

En el nuevo film de Mia Hansen-Løve (El padre de mis hijos, Edén), Isabelle Huppert interpreta a Nathalie Chazeaux, una profesora de filosofía que enfrenta una crisis integral. En poco tiempo, todo su sistema de referencias se desmorona: su marido la deja, su madre ingresa en un deterioro irreversible y la editorial que publica sus libros la deja fuera de catálogo. ¿Qué puede seguir a todo esto? De tratarse de una película concebida a pura fórmula, se impondría el consabido calvario de la depresión, seguido de un edulcorado camino hacia la reconstrucción.

Pero la lógica de El porvenir no funciona de esa manera. Primero porque a Hansen-Løve jamás le ha interesado hacer un cine aleccionador plagado de subrayados, y segundo porque lo que se privilegia es una mirada detallada y respetuosa de ese proceso de dolor. El film no se regodea en los momentos en que la protagonista llora, ni la traiciona llevándola a obrar con una lógica que sea ajena a su esencia.

Sin allanarle al espectador una resolución única, El porvenir esboza la idea de que la libertad sólo es posible cuando se conquista el despojo de todo aquello que ha perdurado en la inercia. Saltar fuera de una estructura devenida en espejismo de un vínculo, no es tarea fácil. Implica quedar de cara a lo incierto, pendiendo en el borde del tan temido abismo de la soledad. Nathalie no sólo cuenta con la fortaleza intelectual que laboriosamente construyó durante años, sino con la chance de abrazar todo aquello que esté por llegar.

6- It (Eso)

Para quienes vimos en VHS la versión de It de 1990, que condensaba en poco más de 3 horas una miniserie destinada originalmente a la televisión, quedan algunos destellos de aquel payaso que marcó la adolescencia de una generación, interpretado por el genial Tim Curry (astro de otro hito de culto: The Rocky Horror Picture Show). En ese entonces, había que ajustarle el tracking a la cinta por la cantidad de veces que había sido alquilada, antes de darle PLAY en nuestro reproductor de video hogareño.

Ingresando de lleno en el renovado abordaje de It, en rigor el primero realizado exclusivamente para cine, nos encontramos con un relato ambientado a fines de los '80, en lugar de los años '50 de la novela de King. Es decir, el realizador argentino Andy Muschietti vuelve al tiempo en que el mencionado VHS fue furor en los videoclubs de barrio, y a su vez aquella era en la que el director habrá gastado los cabezales de su videocasetera con películas como Los Goonies, E.T.; y claramente, Cuenta conmigo(entrañable film de Rob Reiner, también basado en una novela de King, con el que este éxito de taquilla mundial guarda más de un punto de contacto).

La opción de ubicar la historia a fines de los '80, tiene entonces para Mushietti una fuerte carga de homenaje a la vibra del cine de aquellos años, pero esa elección también ayuda a potenciar la garra emocional del relato. Un preadolescente de hoy, de cara a los fenómenos que los protagonistas ven (o creen ver), tendería a grabar todo con su celular, y compartirlo automáticamente en el grupo de WhatsApp de sus amigos. En cambio, este puñado de queribles y pueblerinos "loosers" de 1989, transitan la experiencia palma a palma, tratando de escapar de las filosas fauces del temible payaso Pennywise (notable interpretación del actor sueco Bill Skarsgård), quien se alimenta de los cuerpos y miedos de cuanto niño caiga en sus garras.

Muchos han encontrado vínculos entre este ejercicio de nostalgia cinéfila con el deStranger Things, pero aquí la atmósfera es mucho más revulsiva y tiene un contundente anclaje con el presente. De hecho, lo más fascinante de It, versión 2017, es que logra conectar la sensibilidad del cine de los '80 con la violencia más visceral que se haya visto en el cine de Hollywood del nuevo milenio.

Más allá de su atmósfera perturbadora y de la contundente historia que cuenta, lo que hace de It una gran película, es la glorificación del genuino vínculo de la amistad. Ese refugio de amor que no conoce barreras ni intereses, ese abrazo incondicional que se eleva más allá de cualquier disidencia. Pero It también es una película de resistencia. En un presente tan dinamitado por el egoísmo y la virtualidad, un grupo de adolescentes se une para dar batalla colectiva a sus frustraciones e infiernos personales.

7- Alanis

El cine argentino vivió esta temporada una jornada histórica en el Festival de San Sebastián, cuando la película Alanis se llevó tres premios, incluyendo mejor dirección para Anahí Berneri y Sofía Gala Castiglione, elegida de manera unánime por el jurado como mejor actriz.

La historia de una prostituta que tiene un hijo de un año y medio (Dante Della Paolera, hijo de Sofía Gala en la mismísima vida real); y que repentinamente queda sin techo, cuando el departamento en el que vive y trabaja queda clausurado por denuncias de los vecinos; es el disparador de esta precisa e incómoda película de Anahí Berneri.

Estamos aquí frente a un relato cuya cruda impronta realista, esquiva los lugares comunes de los films de explotación sobre temáticas vinculadas a la prostitución. La película tiene más que ver con las opciones que toma una mujer sobre su propio cuerpo, la automatización de un Estado que cumple a rajatabla un protocolo sin tener en cuenta la libre elección de un oficio condenado a la eterna precarización, las crecientes diferencias/tensiones de clase; y por sobre todo, el velo de hipocresía humanista con que se ejecuta un dispositivo dentro de un marco legal e institucional.

La dupla Berneri-Gala conciben una película cuestionadora, en la que hay una fuerte y elocuente carga ideológica, que sobrepasa airosamente los parámetros de la pancarta o el film de denuncia. Alanis es una película de resistencia y trinchera, en un mundo cada vez más cruel. Pero también es una pequeña joya, capaz de captar el amor y la audacia de seres que deciden las coordenadas de su propio andar.

8- La La Land

El musical que pasará a la historia por haber acariciado el Oscar durante unos segundos, tras el estruendoso papelón de ser anunciada fallidamente como ganadora, y luego tener que depositar la estatuilla en las manos de los responsables de Moonlight; cuenta con algunos méritos que se elevan por encima del aparatoso desliz de la Academia de Hollywood.

La historia que cuenta el tercer film del joven director Damien Chazelle, quien antes había abordado el mundo del jazz y la carrera por el virtuosismo en la demoledora Whiplash, pone en el centro del relato a dos personajes irresistibles en la siempre movediza ciudad de Los Ángeles. Sebastian (Ryan Gosling), un músico enamorado del jazz purista que está obsesionado con abrir un club en el que se pueda escuchar a los mejores exponentes de la escena; y Mia (Emma Stone), una actriz que aspira hacerse un lugar en el competitivo mundo del cine y la televisión, mientras trabaja como camarera en un café de los estudios Warner Bros,

Chazelle arriesga una puesta en la que artificio y realismo se ensamblan con total fluidez. Las escenas musicales no son abusivas, y los actores cantan y bailan con más naturalidad que destreza. De hecho, la opción de trabajar con largos planos secuencia, no tiene como objetivo ocultar eventuales desprolijidades, sino todo lo contrario; hacer que Stone y Gosling luzcan absolutamente orgánicos.

Lejos de las premisas complacientes de los musicales de los años '30, que buscaban extrapolar al espectador de la dura realidad de la depresión económica, esta multinominada película se destaca por sus certeras dosis de felicidad y dilema. ¿Qué sucede cuando un integrante de la pareja logra el éxito y el otro no? ¿Qué ocurre cuando el reconocimiento llega a través de algo que no coincide con lo que se desea? ¿Cómo sigue la vida cuando se alcanza ese sueño perseguido durante años? ¿Es más determinante aquella persona que pasa por nuestra vida para marcar un hito, que quien llega para quedarse? ¿Qué pasa cuando el tiempo nos pone frente a frente con el costo de una decisión mal tomada?

La La Land recupera una cualidad casi extinta en el cine de Hollywood. No busca apabullar al espectador vía acumulación de golpes de efecto. Es un una película que dialoga y no atropella. Es el reencuentro con esa encantadora canción que creíamos olvidada, pero que simplemente mantuvo su melodía al resguardo, esperando el momento justo para volver a sonar. 

9- Loving Vincent

Tanto para fanáticos de la obra del "padre del arte contemporáneo", como para aquellos que pocos saben sobre Vincent Van Gogh, Loving Vincent es una película imprescindible. El laborioso film, que llevó cinco años de trabajo y un equipo de 125 pintores al óleo para dar vida a 65.000 fotogramas, nos sumerge en la obra de este genio neerlandés que falleció en extrañas circunstancias a los 37 años Francia.

Por un lado, esta ópera prima dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, cumple con la misión de ilustrar los hitos más importantes del tormentoso artista, quien a contramano del designio familiar comenzó a pintar febrilmente a los 28 años, dejando un legado de cerca de 900 cuadros; aunque tristemente en vida alcanzó a vender sólo una de sus obras. Pero Loving Vincent es mucho más que un catálogo sobre uno de creadores más inspirados de todos los tiempos, es también una joya artesanal realizada con la tradicional técnica de animación stop motion, es decir un meticuloso cuadro a cuadro; y es además un relato narrado en clave de policial apasionante.

La dupla Kobiela-Welchman logra eludir, a base de un vibrante pulso narrativo, lo que pudo ser un solemne film biográfico, con todas los vicios y pretensiones típicos de los productos saturados de "qualité". En cambio, los realizadores logran combinar la contemplación hipnótica que produce cada fotograma de este notable trabajo, con una intriga tan sostenida como punzante. De esta manera, Loving Vincent sobrepasa el concepto de visita de museo, y le entrega al espectador un viaje intenso, que va más allá de la recreación de las pinturas más legendarias de un artista que no alcanzó a disfrutar su gloria.

10- Paterson

Con Paterson, el realizador de Extraños en el paraíso, Bajo el peso de la ley, El camino del samurái y Flores rotas; entre otras tantas, nos introduce amablemente en una semana en la vida de un chófer de colectivos (Adam Driver), que vive en la localidad de New Jersey que tiene su mismo nombre, es decir Paterson. Allí, el actor a quien vimos en propuestas tan diversas como Episodio VII: El despertar de la fuerza o Inside Llewyn Davis, reparte sus días entre su trabajo en el bus, siempre captando lo que sucede en ese microcosmos tan particular sobre ruedas, y sus momentos hogareños con su pareja (la actriz iraní Golshifteh Farahani), que tiene la particular pasión de diseñar todo su entorno en blanco y negro. El combo rutinario se completa con las visitas del protagonista a un bar donde toma su cerveza cada anochecer, y el protagonismo central de su perro bulldog (Nellie).

¿Qué tiene de maravillosa esta pequeña y encantadora historia? Esa misma calidez intimista que podemos encontrar en varios films de Jim Jarmusch. Su precisión a la hora de trazar personajes a partir de diálogos que rehúsan de toda solemnidad, y en unos pocos minutos pintan a sus protagonistas en varias de sus dimensiones. Y también su habilidad a la hora de captar esos instantes de absurdo cotidiano, en los que claramente el espectador puede sentirse reflejado, sin ser tomado del cuello por ningún gancho de guión que pretenda generar esa empatía a puro motor de fórmula narrativa. El cine de Jarmusch ha optado casi siempre por la eliminación del vértigo y del artificio. A la vez que los toques de excentricidad de sus personajes, nunca asumen una pose cool, sino que todo detalle de rareza, se desliza de un modo tan genuino como orgánico.

No hay entrecomillado en el cine de Jim Jarmusch, sus películas siguen destilando esa textura artesanal, que lamentablemente en los cines va camino a la extinción. En este sentido, y más allá de que al realizador los elogios y premios le resulten apenas accesorios, sus films se han transformado en ese inigualable refugio de resistencia, que tanto él como sus seguidores, siempre estarán dispuestos a preservar.

Bonus track desfachatado: 

Desearás al hombre de tu hermana

Antes del estreno de esta nueva película de Diego Kaplan(¿Sabés nadar?, Igualita a mí, y 2+2), resultaba difícil esperar un milagro. Todo parecía conspirar en contra: un trailer que hacía temer lo peor, un guión basado en un libro de Erika Halvorsen (autora que generó material para la lamentable El hilo rojo), y un debut protagónico en la pantalla grande de la mediática Pampita (aquí en los créditos con su verdadero nombre, Carolina Ardohain).

Sin embargo, desde los créditos de apertura hasta el final, Desearás al hombre de tu hermana es un festín del exceso, que multiplica la apuesta de referentes como el primer Pedro Almodóvar o Armando Bo. La premisa argumental es muy simple: dos hermanas enfrentadas desde hace mucho tiempo, se encuentran en el casamiento de una de ellas. Las tensiones no tardarán en resurgir, cuando la recién llegada Ofelia (una Carolina Ardohain a la que le falta mucho como actriz, pero que no desentona del todo en este banquete kitsch), tendrá una química automática con el flamante marido de Lucía (bellísima y afilada Mónica Antonópulos). 

Todo aquel que haya comprado su entrada para Desearás al hombre de tu hermana, con la ilusión de ver una película erótica habrá salido inevitablemente decepcionado. Porque la propuesta del film es absolutamente bombástica. Diálogos absurdos, actuaciones pasadas de rosca, culebrón desquiciado, humor insurrecto, escenas de sexo que están lejos del cliché del erotismo light; son algunos de los tantos condimentos con los que cuenta el suculento menú.

Pero Desearás al hombre de tu hermana es una apuesta osada, no por su nivel de explicitez, ni mucho menos por un abordaje profundo a las aristas y límites del deseo femenino. El auténtico motor de sus sorpresivas elecciones tiene que ver con la auto conciencia absoluta a la hora de su construcción como pastiche. Más allá de las mencionadas referencias a Almodóvar, por una sensibilidad kitsch en su nivel más hiperbólico, y a Bo, por sus escenas de sexo en pleno fango; el film combina con mucha destreza todo un arsenal de momentos absurdos y desprejuiciados. 

Este atípico producto, que tuvo un lanzamiento masivo, tanto a nivel publicitario como de cantidad de pantallas, le jugó una simpática trampa al espectador. Mientras Carolina Ardohain se paseó en varios programas de televisión promocionando la película como una suerte de manifiesto del deseo femenino, Desearás al hombre de tu hermana se erige como la propuesta más fresca y desfachatada del cine argentino modelo 2017. Un film que salió al ruedo arropado como si fuera un tanque comercial, cuando bajo sus calzoncillos y corpiños, es un auténtico sacudón a las adormecidas fórmulas del cine industrial argentino.


Opiniones (1)
21 de junio de 2018 | 15:55
2
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21 de junio de 2018 | 15:55
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  1. La la land es para Broadway, no es cine. Y la de Pampita no la veo ni mamado
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