opinión

Día de Restauración de la Democracia

Día de Restauración de la Democracia

El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumió la presidencia del país, poniendo fin al autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional", dictadura cívico - militar de casi ocho años, que tuvo como consecuencia concreta la persecución y desaparición de miles de personas y un fuerte deterioro al aparato productivo, económico y cultural del país, más un penoso desgranamiento del tejido social argentino.

En el año 2007, el Congreso Nacional sancionó la Ley N° 26.323 estableciendo el "10 de diciembre" como el "Día de la Restauración de la Democracia". La fecha conmemora el día que se restableció en la Argentina el régimen democrático y el Estado de Derecho en recuerdo de la asunción del presidente Raúl Alfonsín.

El candidato de la Unión Cívica Radical fue electo democráticamente "Presidente de la República Argentina" por el mayoritario voto popular del 30 de octubre de 1983 con la inmediata confirmación del Colegio Electoral (usanza institucional del momento, previa a la reformada y vigente Constitución de 1994).

La declaración que estableció el "Día de la Restauración de la Democracia" surgió con el el fin de promover los valores democráticos, resaltando su significado histórico, político y social.

La democracia como forma de vida

La recuperación de la democracia fue posible gracias a un conjunto variado de actores y organizaciones, entre ellos, los partidos políticos tradicionales, sectores del movimiento obrero y organismos de defensa de los derechos humanos, que articularon, progresivamente, la lucha contra la dictadura militar y sus irresponsables aventuras mesiánicas.

La construcción de la Democracia comenzó el 10 de diciembre de 1983 y aún continúa. Porque para su consolidación y profundización, es necesario el aporte cotidiano de todos y cada uno de nosotros. Todos los días; todo el año. Toda la vida.

Y si bien se han recuperado las instituciones y se ha vuelto a un orden desde el punto de vista de la Constitución y la ley, se sigue relacionando, mayoritariamente, democracia con un acto comicial, faltando aún profundizar el criterio y el sentido que da razón de ser a la democracia. Ser interpretada como una forma de vida.

Hoy, en vísperas del 10 de diciembre, se torna inevitable e imprescindible evocar el retorno a la Democracia como sistema institucional y como hábito cultural, recordando las palabras de Raúl Alfonsín ante la Honorable Asamblea Legislativa[1], en circunstancias de su asunción, el mismo día que la democracia volvía a la Argentina para no irse nunca más.

Un 10 de diciembre de hace 34 años, pero con una absoluta vigencia en nuestra actualidad, ante los representantes de la nación, y previo al encuentro con una multitudinaria concurrencia que lo esperaba en Plaza de Mayo, decía Alfonsín:

(...) "La circunstancia no es propicia para la retórica. Es la hora de la acción y de la acción fecunda, decidida, comprometida e inmediata. Es la hora de hacer, de hacer bien, de hacer lo que la República reclama y el pueblo espera.

"(...) Hemos vivido con dolor el imperio de la prepotencia y la arbitrariedad en esta tierra en la que nuestros abuelos quisieron construir la igualdad y la justicia. Hemos vivido el dolor de la violencia y de la muerte, en esta Argentina que todos soñaban y que todos queremos para la paz y para la vida. Hemos vivido, y todavía vivimos, el dolor del desamparo de millones de hombres y mujeres en un suelo que puede proveer a la prosperidad de todos, el dolor del hambre en el país de los alimentos, el dolor de la falta de techo, de salud y de educación en una nación donde nada justifica la existencia de estos males".

"Tenemos una meta: la vida, la justicia y la libertad para todos los que habitan este suelo. Tenemos un método: la democracia para la Argentina. Tenemos un combate: vencer a quienes desde adentro o desde afuera quieren impedir esa democracia. Tenemos una tarea: gobernar para todos saliendo de la crisis que nos agobia".

Democracia para todos los tiempos

En aquel '83 Alfonsín reflejó la garantía de consolidación democrática después de la noche más oscura que el pasado argentino recuerde. A la violación de todos los derechos, el genocidio y la irresponsabilidad demostrada por los jefes del "proceso" ante la causa Malvinas, la figura de Alfonsín representaba, según el canto popular: "la vida y la paz".

Gran parte de la sociedad vio en el líder de Chascomús, al garante del regreso democrático. Así, el mensaje de la época: "se va acabar / se va acabar / la dictadura militar", parecía tener un solo destinatario: el hombre del afiche con las manos tomadas a un costado de sus hombros. El de la oratoria convincente. El que auguraba que "con la democracia se comía, educaba y curaba". El republicano que terminaba sus discursos recitando el preámbulo constitucional. Y aunque algunos acentuarán que no concluyó su mandato. Le indilgarán los levantamientos "carapintadas", la obediencia debida o la hiperinflación. También Alfonsín se "peleó" con Clarín y la Sociedad Rural, y nunca llegó al extremo intolerante. Y juzgó, sin precedente en el mundo entero, a las Juntas Militares involucradas en la dictadura, como jamás lo hiciera nunca ninguna nación, ni ninguna otra sociedad civilizada en la historia universal.

"Iniciamos una etapa difícil, porque tenemos la responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos, la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en Argentina", sostenía Alfonsín.

Y pasadas más de tres décadas de la "primavera alfonsinista" comparto una simple reflexión: variaron muchas cosas en nuestras vidas desde aquellas múltiples expectativas juveniles, aunque sigo férreamente convencido que no existe otra forma de forjar nuestro destino más que viviendo en el seno de una cultura democrática que agrande constantemente los valores ciudadanos. Democracia es una forma de ver las cosas: reconocer la dignidad e igualdad intrínseca de los ciudadanos y su libertad. Es constatar que una verdad puede ser percibida desde muchos puntos de vista. Aunque la responsabilidad mayor es ser coherente ante la representatividad asumida. Y leal y sincero con los compromisos contraídos, sabiendo que no solo somos lo que decimos, sino, por sobre todas las cosas: somos lo que hacemos.

[1] Mensaje presidencial del Dr. Raúl Alfonsín a la Honorable Asamblea Legislativa, Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1983.

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22 de mayo de 2018 | 10:56
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