opinión

El caldo gordo al violador y a la adopción

Un caso en que la adopción se transformó en una propuesta superadora ante quienes proponían el aborto como solución.

El caldo gordo al violador y a la adopción

 Busqué el verbo violar en el Diccionario de la Real Academia y dicha búsqueda arrojó una serie de resultados que me dejaron asombrado. Violar es un acto que está relacionado con otras acciones como quebrantar, profanar y deslucir. ¿Acaso una mujer abusada no queda quebrantada en su cuerpo, profanada en su intimidad y deslucida en su espíritu? Nada de lo que digamos o imaginemos nos puede acercar a esta experiencia tan traumática. Por ello, me quiero detener en el significado de profanación. Aquello que se profana es algo sagrado y como tal posee un valor inmenso. En el caso que nos ocupa, lo sagrado no es algo sino alguien de un valor invaluable. El hombre, a lo largo de la historia, se ha sentido con una obligación particularísima ante aquello que considera sagrado. Y las penas por la profanación siempre fueron muy graves. ¿Hay un valor más sagrado que el primer derecho humano: el derecho a la vida y la integridad física-espiritual? Para mí no lo hay, sin embargo, en la sociedad que vivimos lo vemos continuamente pisoteado y vapuleado. Si no existe este primer derecho, no pueden estar los que vienen después.

Meses atrás tuvimos la triste noticia de la violación de una niña de 10 años. Fruto de la atroz acción de su tío conviviente, quedó embarazada. Todavía no salimos de la indignación por este hecho tan aberrante y doloroso. Lo dijimos en su momento y no nos cansaremos de repetirlo: no queremos más víctimas de violación. Esto sólo será posible si sacamos de nuestros medios masivos de comunicación, de la Web, de la música y de la educación una visión utilitarista del hombre. No es la única causa, pero, sin duda, una muy importante. La persona humana tiene una dignidad intrínseca y ésta sólo se conserva y promueve cuando es tratada como un fin y nunca como un medio. La mujer posee un valor inalienable y debe ser, especialmente, custodiada y protegida. No es una cuestión ideológica sino de derechos humanos básicos.

La niña de 10 años, que al descubrirse el abuso cursaba 32 semanas de embarazo, ayudada de modo interdisciplinario llevó a término su embarazo. El niño fue dado en adopción y la madre está saliendo adelante. ¿El violador? Libre. Alguien podría decir: "una de cal y otra de arena". Sin embargo, para quienes buscamos el respeto de la dignidad no es suficiente. Por un subterfugio legal, se hizo una vez más el caldo gordo al violador. El resultado de ADN arroja como resultado que "el padre y violador" es el tío de 15 años. Por su edad es inimputable y viajó al país vecino de Bolivia. El órgano pertinente del poder judicial no puede hacer nada más al respecto, pero nosotros desde la sociedad civil podemos llevar adelante la condena social correspondiente.

Es fundamental que se pueda elaborar un mecanismo ordinario de ayuda para este tipo de casos que, ojalá, no sucedan nunca más. Desde la campaña "Ni víctimas de violación, ni víctimas de aborto" hemos realizado un protocolo protectivo de abordaje interdisciplinario del abuso sexual. En su confección estuvieron implicados profesionales de distintas áreas especializados en estos casos. La complejidad de la violación obliga a que el tema sea tratado de diversos ángulos y que las mujeres sientan todo el apoyo necesario. Uno de los puntos importantes, es la persecución penal de estos hechos. Es necesario perseguir a quienes cometen estos delitos y separarlos de la sociedad para que no reincidan.

Hace algunos meses, decíamos que el aborto no soluciona nada, al contrario, agrava profundamente la situación de la mujer, en este caso, de la niña. Pues no quita el trauma, sino que supone una mayor violencia contra ella. En el caso que nos ocupa, pudimos comprobar como la adopción se transformó en una propuesta superadora ante quienes proponían el aborto como solución. Supongamos que el agresor no hubiera sido inimputable sino con la edad suficiente para tener responsabilidad penal. Con el asesinato del niño lo estaríamos dejando impune y borrando la prueba que lo incrimina. Muchas propuestas de protocolos de aborto no punible en el país no tienen en cuenta esto y dejan a la mujer en una situación de total desamparo. Con firmeza y decisión decimos: ¡basta de impunidad a violadores, basta de protocolos de aborto, basta de dejar sola a la mujer! La causa sigue en pie contra otro tío de 23 años que supuestamente también habría abusado de la niña. Ojalá llegue a término y se haga justicia.

Las mujeres violadas requieren ayuda y la facilitación de la práctica abortista atenta contra la asistencia necesaria. No podemos agregar un mal a otro mal, por medio de la eliminación de un ser humano. Para ayudar a la mujer hay que salvar las dos vidas. No debemos olvidar el aporte de la psicología: para cortar el espiral de violencia es necesario eliminar cualquier tipo de nueva agresión a la mujer. El aborto es violencia física y psicológica contra la mujer y el asesinato de un inocente. En cambio, cuando la mujer puede sacar adelante su embarazo se comprende como una persona superior a su victimario, capaz de dar vida y dar amor.

Hoy quiero cumplir el oficio de defensor de pobres y ausentes. ¿Acaso no hay más pobre que aquella mujer a la que se la ha profanado su cuerpo y su alma? ¿Acaso no hay más ausente que el niño por nacer que no posee los medios para autodefenderse? No caigamos en falsas dialécticas entre la mujer y el niño ya que ambas vidas van de la mano. Por eso la mejor fórmula que sintetiza nuestro pensamiento es: "Ni víctimas de violación, ni víctimas de aborto". En la violación tanto la mujer como el niño son víctimas de un hombre que no respeta la dignidad de la persona. ¿Y en el aborto? También. Si separamos los dos factores la cuenta no funciona. Si degradamos a la mujer, degradamos también al niño; y también a la inversa.

Estos son los hechos, lo que sucedió y nos llena de indignación. ¿Qué hacer? Quedarnos de brazos cruzados no está en los planes. Por eso venimos trabajando en una propuesta de abordaje concreto del problema. Son muchas las organizaciones que trabajan por la mujer y el niño, pero se encuentran desconectadas entre sí. Son muchos los organismos estatales que abordan está problemática, pero muchas veces no cuentan con los recursos necesarios. Primero debemos ver la importancia de esta problemática y despertar nuestra conciencia. Solo así nos va a preocupar para luego terminar ocupándonos de ella. Cualquier aporte es válido, desde denunciar cualquier tipo de situación irregular que veamos hasta aportar económicamente a fundaciones que se ocupen de las mujeres vulneradas (en Mendoza por ej. Fundación Accionar).

Sólo si trabajamos con determinación podremos vencer los dos males de nuestra época: la dignidad de la persona pisoteada y la omisión. Del primero, hemos venido diciendo mucho. Creo que los ejemplos sobran: droga, manipulación, pornografía, aborto, violación, maltrato infantil, desnutrición y un largo etcétera.

En cambio, de la omisión no hemos dicho tanto. La omisión es algo que no hago y que estoy obligado a hacer. La omisión está en todas partes y no discrimina edad ni clase social. Omite el padre ausente del nordelta que quiere compensar su no-presencia con dinero, colegio caro y vacaciones en Disney. Omite la madre de la villa que se droga cuando está amamantando a su hijo y se olvida de darle la teta y por eso su hijo se desnutre. Omite el universitario que no propone sus ideas o no defiende la verdad y la vida en sus clases por miedo al "qué dirán" o por simple y llana comodidad. Lo más triste es que son casos verdaderos. Hay muchos modos de hacer el mal, tanto activa como pasivamente. Si hoy vemos avanzar tantas calamidades en el mundo no es tanto por la acción de los malos (que está y estará siempre) sino especialmente por la inacción de los buenos.

Si aquellos que defendemos y promovemos los valores más entrañables del ser humano (como la vida, la familia y el amor) diéramos un poco de tiempo de nuestra vida seguramente todo sería muy distinto. Después nos preguntamos ¿Por qué se suicidó ese joven del nordelta? ¿Acaso no lo tenía todo? ¿Por qué ese niño desnutrido tiene una discapacidad mental de por vida y terminó en la cárcel? ¿Por qué pululan en el mundo ideologías absurdas negadoras de la naturaleza humana y destructoras del amor? La respuesta es simple: ni vos ni yo hemos dado todo. Sin ir más lejos, ¿dónde estaban los padres que tenían que proteger a esta niña de 10 años? ¿acaso no omitieron los padres del abusador enseñar a su hijo el respeto por la integridad sexual del que está enfrente? No sé las respuestas, pero las preguntas vienen a mi mente.

Al final, quisiera unir en la reflexión los dos males de nuestro tiempo: la degradación de la dignidad de la persona humana y la omisión. ¿No será, acaso, que una lleva a la otra? Y lo digo en ambas direcciones. ¿Quizás si se hubiera levantado una voz de denuncia y una mano de protección se guardaría el primer derecho humano, el derecho a la vida? ¿Quizás al ver tanta podredumbre podemos caer en la desesperanza y la desidia de dar todo por perdido? Lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo: tenemos que ser voz de aquellos que no tienen voz, de aquellos silenciados por el sistema y por la ideología: la mujer y el niño por nacer. A la omisión nosotros le oponemos la acción. ¡Despierta Argentina! Despierta tu conciencia de ser un lugar para todos y un refugio para todos. Tu conciencia no está muerta, sólo está dormida.

Por eso, "queremos animar a más jóvenes a no quedarse callados, a que levantemos la voz todos juntos en la defensa del derecho más primordial, el que no se puede negarle a nadie. Sentimos que no podemos ser indiferentes cuando vemos que se relativiza el valor de la vida. Nos motiva el amor a la vida y creemos que hay que aprender a apreciarla celebrando en los momentos alegres y siendo fuertes en las adversidades. Nuestro mayor deseo es construir la sociedad del compromiso. Poder asumir responsabilidades sin mentirse y afrontar los problemas sin negar lo evidente. Nos estamos preparando para ser protagonistas y queremos defender el futuro ahora. Porque estamos seguros que sin vida no hay derechos y sin derechos no hay futuro". Tenemos esperanza porque aún tenemos manos para servir y un corazón para amar. Tenemos esperanza porque queremos asumir compromisos por una sociedad más digna.

Pablo Gaete

DNI: 34127270

Opiniones (2)
26 de mayo de 2018 | 11:36
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26 de mayo de 2018 | 11:36
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  1. Excelente nota. comparto todo lo que dice el autor. Por fin alguien que utiliza el sentido común y no frases demagogicas y carentes de sustento. La víctima de.violación nodebe ser también víctimande aborto ( léase asesinato) de au propio hijo. Ambos.son victimas: madre e hijo. El único delincuente es el violador y a él no le ponen pena de.muerte. Por qué algunos pretenden imponerla al bebé inocente de todo? Un trauma no se saca con otro trauma...
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  2. Excelente. Pongamos manos a la obra
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