E. Gajardo

ARA San Juan: el manual para manejar mal una emergencia

Cuando nos sentimos sobrepasados o algo nos angustia, esperamos el mensaje de la persona en quien confiamos o la que está en el poder como representante de todos. El Gobierno nacional mostró muchas falencias al momento de enfrentar una emergencia. La falta de tacto y de timing quedaron al descubierto, como en otros momentos del mandato.

El caso del submarino ARA San Juan, desaparecido en el Atlántico Sur hace más de dos semanas conmovió y conmueve a todo el país. La situación pasó de ser una emergencia militar a un tema de interés nacional y en ese contexto dejó al descubierto la mala forma en que se manejó el Gobierno nacional ante una emergencia.

Por sus dimensiones y el sistema de gobierno, es difícil que haya situaciones que afecten a todo el país en un mismo período o que hagan que todos los ciudadanos tengan una sensación de angustia o dolor colectivo. Ese es el caso de esta emergencia ocurrida con los 44 tripulantes desaparecidos.

No pretendo hacer un análisis técnico o militar, sino que me pongo en el lugar de un ciudadano que esperaba otra respuesta de las autoridades, las cuales mostraron -y siguen mostrando- falta de tacto y timing a la hora de enfrentarse a escenarios adversos e inesperados.

Cuando ocurre una emergencia que conmueve y preocupa al país el primero que debe salir al frente es el presidente, por la sencilla razón que fue a él a quien voto el ciudadano, no a un ministro ni a un militar que es enviado a poner la cara.

Les doy un ejemplo desde la experiencia. Cuando hay un terremoto en Chile nadie habla antes que el presidente. Es el mandatario el que, después de enviar su mensaje al país a través de todos los medios de comunicación (para generar una sensación de seguridad y de control por parte del Estado), el que nombra a una persona y la nombra como la voz oficial.

Ese primer mensaje es clave para transmitir seguridad al país y también para mostrar quién está al mando durante la emergencia, lo que permite enfocar cualquier duda, crítica o responsabilidad.

En el caso del ARA San Juan, no sólo el presidente no apareció, sino que hubo dos vocerías -una en Buenos Aires y otra en Mar del Plata- las cuales en varias ocasiones no tenían información coincidente. De pronto el ciudadano se encontró con dos militares -con la desconfianza que generan en Argentina- que entregaban datos ambiguos que sólo transmitieron inseguridad y hasta incredulidad.

En ese instante pareció que nadie sabía muy bien qué hacer y, además, de pronto todos se dieron cuenta que nadie se ocupó de ordenar las Fuerzas Armadas en más de 30 años. Una muestra clara de que no se respetaron las cadenas de mando fue que el ministro de Defensa se enteró de la emergencia por los medios. Muchos familiares también acusaron que les sucedió lo mismo.

El presidente tardó muchos días y no tuvo un discurso firme como comandante en jefe de las FFAA, no le dio tranquilidad y no transmitió seguridad a los familiares ni a la población. Hay momentos en que un gran discurso también es necesario, sobre todo después de los cuestionamiento a la cúpula de la Armada y la necesidad de contar con una figura que se hiciera cargo de la situación.

De mal en peor

Partiendo con el pie izquierdo se podría haber enmendando el rumbo, pero se mostró que siempre se puede actuar peor. Eso ocurrió cuando se confirmó una explosión en la ruta del submarino, momento en el que los familiares no estuvieron contenidos, estuvieron expuestos y terminaron por salir a través de los medios a manifestar su bronca.

Lo peor vino cuando se confirmó el fin de la etapa de rescate para enfocarse en la búsqueda, donde el Gobierno nacional no accionó, sino que reaccionó, porque dejó en manos de la Armada una situación que no supieron manejar. No tuvieron, siquiera, la prolijidad de confirmar que al momento de informarlo a los familiares, estuvieran los familiares de los 44 tripulantes en la base naval. Una vez más, muchos de ellos se volvieron a enterar a través de los medios.

El Gobierno reaccionó enviando al ministro Oscar Aguad, que funcionó casi como una figura decorativa que fue a dar explicaciones a las familias ante otro error de manejo de la emergencia, intentando explicar algo que debió quedar claro antes de entregar el parte público oficial. No tuvo éxito y la sensación que queda es que a todos les quedó grande el manejo de la situación. Eso, sin mencionar que todo el país se quedó esperando el viernes el mensaje del presidente que desde la misma Casa Rosada se hizo trascender y que aún no llega.

El ciudadano no votó a Enrique Balbi ni a Oscar Aguad, votó a Macri y espera que en los momentos claves, sea él quien se ponga al frente de una caso terrible que trascendió las fronteras.

Cuando hay que decir las cosas por su nombre

El rostro de la emergencia es el capitán Enrique Balbi, vocero de la Armada. Asumió ese rol en medio del desconcierto y la falta de coordinación con el Ejecutivo. Cumple un rol ingrato y que en muchas ocasiones se notó que sufre como cualquier argentino el dolor por sus compatriotas en problemas.

Balbi cumplió su rol a la perfección y se encargó de informar todos los procedimientos técnicos cuidando cada palabra que decía y apegándose, por momentos, en demasía a los aspectos militares. Fue en ese momento en que también faltó la presencia del poder Ejecutivo, el cual debe sacar ciertos anuncios del ámbito de la Defensa y lo estrictamente militar para entregar un mensaje claro y sin pelos en la lengua para el ciudadano que estaba pendiente del caso.

No decir claramente que se dejaba de buscar sobrevivientes, porque de acuerdo a los protocolos los tiempos ya estaban cumplidos se les considera fallecidos abrió la puerta a interpretaciones y hasta dudas. Esa dura noticia no debía darla Balbi, tenía que ser el Poder Ejecutivo, era el elegido por la gente el que debe dar la cara. Eso, más allá si el submarino se perdió por su culpa o la del Gobierno anterior.

Es verdad que evitamos muchas veces decir las cosas como son porque creemos que haciendo suenen menos duras somos mejores o una sociedad más avanzada, pero eso también tiene límites y hay situaciones en que la sinceridad -por cruda que sea- es necesaria.

La claridad es necesaria a pesar de que pareciera que ya se dijo todo, pero aún falta mucho por hacer y especialmente en el caso -ojalá que no sea así- que no se logre dar con el submarino. ¿La búsqueda hasta cuándo se extenderá?¿Es posible que no lo encuentren? Son preguntas que necesitan respuesta y que es imperante que sean claras.

Opiniones (2)
15 de julio de 2018 | 17:24
3
ERROR
15 de julio de 2018 | 17:24
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. ES FÁCIL HABLAR DE ENDEBLEZ DE UN GOBIERNO QUE RECIBIÓ UN TITANIC. EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES TODAVÍA SIGUE EL CAOS HASTA QUE SE LOGREN TAPAR LOS BUCOS. CUANDO LA INOMBRABLE DIJO HABIA SUBMARINO PARA 3O AÑOS POCAS VOCES SALIERON HACERLE VER QUE MENTÍA. AHORA QUE SE PUEDE HABLAR SE VIENEN CON LOS TAPONES DE PUNTA
    2
  2. Algunas dudas: no suena lógico que un problema de baterías pueda ocasionar una explosión tan violenta como para hundir un submarino sin dar tiempo a mandar un mensaje, a realizar alguna maniobra de emergencia, a nada. Una explosión que te mande al fondo, derecho, suena más a un ataque, misil o torpedo. Al menos eso es lo que dicta el sentido común. En este sentido ¿Se están teniendo en cuenta todas las hipótesis?. No pasaron muy cerca de Malvinas? ¿No se metieron en aguas internacionales en donde puede haber naves de otras armadas?
    1