Deportes
A. Fernández

Cuando los pibes nos invitan a soñar

Tras la "década perdida", un manto de esperanza.

Cuando los pibes nos invitan a soñar

La era Pékerman no solo se encargó de cosechar algunos de los momentos más gloriosos en lo que respecta a seleccionados juveniles argentinos, también, y con un grado de importancia mayor y real, de formar personas. A ser mejores, generosos, respetuosos, con valores fundados desde la ética y las buenas costumbres. Tal vez, por eso, para muchos de los deportistas que les tocó vivir el proceso del por ahora técnico de la selección colombiana de fútbol, catalogaron a este entrenador como una especie de "padre".

Hablamos de juveniles y es inevitable no pensar en él, fundador de aquellos equipos Sub20 de Qatar 1995, Malasia 1997 y Argentina 2001, todos campeones del mundo y con muchos futbolistas que luego brillarían en la mayor. Aquel legado que continuaría Francisco Ferraro y Hugo Tocalli también daría frutos en Holanda 2005 y Canadá 2007, respectivamente. Luego llegaría la "década perdida", con pobres resultados deportivos y juveniles que en su mayoría no terminarían de formarse para ser parte de un seleccionado mayor de elite.

Con la AFA acéfala y en llamas, el 38 a 38, la comisión normalizadora y demás conflictos, en calle Viamonte se tocaría fondo. Con la llegada de Chiquita Tapia como máximo responsable del ente madre del fútbol argentino, nuevas caras comenzaron a verse por el predio de Ezeiza, algunas familiarizadas con aquellos años gloriosos en el que el fútbol nuestro se encargaría de convertir al país como el máximo exponente en lo que hace a cantidad de campeonatos mundiales juveniles.

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Pablo Aimar, valuarte de aquel equipo de 1997 y figura junto a Juan Román Riquelme, se convertiría en ayudante de campo del también consagrado Diego Placente para formar parte del seleccionado Sub15. Argentina se coronó campeón sudamericano hace pocos días en San Juan ganándole nada menos que a Brasil la gran final. Fue una bocanada de aire fresco a las ilusiones cuando creíamos que la curva descendente llegaría a niveles insospechados. Sin embargo, y más allá de la algarabía por el oro obtenido, Aimar dejó algunos conceptos luego de la final que nos permiten reflexionar y pensar en los objetivos verdaderos de estos formadores.

No pasa por el resultado final, creo que hemos ayudado a chicos a ser un poco mejor de lo que eran hace cuatro meses y que no solo sea adentro de la cancha, sino también que sean educados y respetuosos".

Al escuchar sus palabras uno aprecia con regocijo de que estamos en el camino correcto, más allá del resultado final. Y estos chiquitos, de 14 y 15 años ya están siendo formados por aquellos que vienen de una escuela ejemplar. Estos pibes nos invitan a soñar. Bienvenido sea. 

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27 de mayo de 2018 | 22:49
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