S. Montiveros

Cristina, como Isabel

El peronismo las dejó solas, o se las sacó de encima. Similitudes entre dos mujeres distintas, pero con un destino en común.

Cristina Elisabet Fernández no es María Estela Martínez. La viuda de Kirchner, a diferencia de la viuda de Perón, ya era una dirigente política de peso en el Congreso de la Nación cuando su marido gobernaba Santa Cruz, mientras que la otra llegó a ser presidenta por el único mérito de haber acompañado en el exilio a su marido, después de conocerlo en el cabaret "Pasapoga" de la avenida Urdaneta de Caracas, bajo el nombre artístico de "Isabel Gómez", por lo que después pasó a ser "Isabel" unas veces e "Isabelita" otras.

Sin embargo, más allá de las diferencias, las dos pueden terminar igual: solas. 

El afecto, el sueño de quererlas eternas, se terminó con la salida del poder. De todos modos, mientras una atraviesa su soledad en Madrid sin responder judicialmente por sus atrocidades, como el decreto 261/75 de Aniquilamiento (el primer antecedente del terrorismo de Estado por el que no fue juzgada), la otra podría pasarse su retiro acosada por los juicios vinculados a hechos de corrupción durante su gobierno.

Previo a esto, Cristina sufrirá el arrinconamiento por parte del oficialismo y peronismo en la Cámara de Senadores. Hoy, hasta los más obsecuentes la hicieron a un lado. "No extraño a nadie", dijo Héctor Timerman; Julio de Vido y Aníbal Fernández (el del bonete) la cuestionaron en distintas oportunidades; e incluso los que le deben su existencia política, como la diputada Mayra Mendoza, le dieron la espalda, al igual que Martín Sabbatella, esta semana.

Este 17 de noviembre, a 45 años del regreso de Perón a Argentina, Mendoza, Sabbatella, Wado de Pedro, Andrés "Cuervo" Larroque y otros tantos que fueron incondicionales a Cristina celebraron el Día de la Militancia lejos de "la jefa": fueron a las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz a apoyar, entre otros, a De Vido, quien castigó muy duro a CFK desde su encarcelamiento.

Todos ellos no se alejan de Cristina por alguna frase inconveniente, como "no pongo las manos en el fuego por nadie". Ésta es la excusa de varios para ocultar el verdadero motivo, algo que atraviesa al movimiento peronista: "jubilar" a sus líderes cuando dejan de serles útiles y a partir de allí, desconocerlos. Pasó con Héctor Cámpora, Carlos Menem, Eduardo Duhalde y está ocurriendo con Cristina.

Isabel y Cristina, igualadas tras la salida del poder por quienes bailaron a su alrededor. Pero, ¿tendrá Cristina la suerte de Isabel de que esa ingratitud del peronismo sea suave con ella y la aparte a la hora de discutir en el futuro este pasado?

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