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Tecnología en las aulas: los celulares ya no son el peor de la clase

Aunque hay docentes y directivos que los consideran "elementos distractivos", los teléfonos inteligentes se incorporan a la enseñanza. Las contundentes estadísticas del uso en niños y adolescentes justifican el replanteo.

Montada en la consigna "si no puedes contra ellos, úneteles", la educación empieza a abrirle -tardíamente- la puerta a los teléfonos inteligentes en lugar de echarlos del aula como al revoltoso de la clase.

Después de mucho debatirse, sobre todo de este lado del mundo, ahora se llega a la conclusión de que esos aparatejos tan seductores como adictivos sirven para mucho más que sacarse cientos de selfies o interactuar con fruición en las redes sociales.

La realidad de este fenómeno es demasiado contundente como para seguir omitiéndola. Según el estudio Kidditos, realizado por la consultora Markwald, La Madrid y Asociados, 7 de cada 10 niños de entre 4 y 5 años ya usan el celular para jugar con aplicaciones, escuchar música y ver videos.

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En cuanto a chicos y adolescentes, una investigación de Unicef asegura que en Argentina hay más de 13 millones, de los cuales 6 de cada 10 se comunican por celular y 8 de cada 10 usan internet. "Es irrefutable que la tecnología atraviesa su existencia, impacta en sus modos de conocer, aprender, expresarse, divertirse y comunicarse", apunta María José Ravalli, especialista en Comunicación de esa organización.

El estudio Kids Online/Chic@s Conectados. Investigación sobre percepciones y hábitos de niños, niñas y adolescentes en internet y redes sociales concluye que la mayoría de los adolescentes se conecta a Internet a través del celular, utiliza las redes para intercambiar mensajes con amigos y en el 80% de los casos recurre a ese medio para hacer tareas escolares.

Celular en clase 1

Por ser un canal natural de los chicos para conectarse con el mundo e interactuar con los demás, "actividades como jugar en línea, chatear, buscar y compartir información y contenidos, son acciones cotidianas en sus vidas y, en definitiva, del ejercicio de su ciudadanía digital", destaca Ravalli.

El teléfono móvil es el dispositivo al que más apelan para navegar por la web, antes que a la computadora de escritorio, las tablets o las notebook.

Atentos a esta tendencia imparable, la UNCuyo impulsó recientemente el curso "Teléfonos Inteligentes, cómo aprovecharlos en el aula" para que los docentes reflexionen sobre la integración de los celulares en las clases, capitalicen las posibilidades que ofrecen las diferentes aplicaciones y puedan gestionar contenidos en estos u otros dispositivos tecnológicos.

Perdón, ¡vuelvan!

Una clara señal a favor de dejar atrás la demonización de los teléfonos se vio el año pasado en Buenos Aires, cuando el gobierno derogó una resolución de 2006 que impedía el uso de dispositivos tecnológicos en las aulas de escuelas públicas y privadas. Desde entonces quedó a a criterio de cada establecimiento escolar dejar entrar o no a las aulas no sólo celulares sino también notebooks, tablets y otros aparatos. Eso sí, "con fines pedagógicos", se aclaraba a pie de página.

"Vamos a cambiar el paradigma de cómo se enseña en el aula", prometía entonces el titular de la educación bonaerense, Alejandro Finocchiaro, a la vez que lanzaba el plan oficial Traé tu propio dispositivo al aula.

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En Mendoza, las aguas se dividen. Todavía hay instituciones y autoridades escolares que consideran al celular como un elemento que distrae al alumno (al comienzo de la actual gestión de la DGE se planteó una fuerte avanzada para sacarlos de las aulas), docentes que los utilizan convencidos de que aporta al aprendizaje y colegios que ya lo incorporaron como material didáctico. Este es el caso de la escuela José Vicente Zapata que hizo un relevamiento interno que concluyó en que el 95% de sus alumnos tienen teléfonos inteligentes. A partir de este dato, docentes, padres y alumnos acordaron un protocolo para darle un uso pedagógico al celular. Ahora lo aprovechan para la búsqueda de contenidos e imágenes en la web hasta para realizar trabajos puntuales, como por ejemplo reflexionar acerca del ciberbullying.

La inclusión digital

Para Unicef es fundamental avanzar en una política nacional de alfabetización digital que garantice el acceso equitativo a la información y al conocimiento. No contemplar que se está ante auténticos nativos digitales es un error que todavía se puede revertir con planes que sí o sí deben incluir una urgente capacitación de los docentes "analógicos".

Un paso más, tal vez el próximo, sea el del "aprendizaje ubicuo" que plantea el filósofo de la educación, Nicholas Burbules. Para este investigador estadounidense, si la tecnología no respeta fronteras, ¿por qué la enseñanza debería desarrollarse sólo entre paredes y no moverse con el portador de un dispositivo? ¿Por qué no unir la educación formal con la informal sin importar el contexto? ¿Por qué el aprendizaje y el entretenimiento tienen que considerarse como actividades separadas? Por estos pagos, todavía quedan demasiadas materias por aprobar hasta llegar a ese grado de ¿evolución?
La aldea global nos está llamando. Que no nos encuentre sin señal.

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24 de mayo de 2018 | 15:42
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