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Dictadores, propios, ajenos y muy malos

Dictadores, propios, ajenos y muy malos

Cuando se habla de dictadores, en general nos remitimos a los que asolaron a nuestra América Latina durante tantos años. A modo de ejemplo podemos mencionar a Somoza, Trujillo, Batista, Pinochet, Videla, los múltiples que poblaron Bolivia, las terribles dictaduras de El Salvador y Honduras, los Duvalier en Haití. Solamente Mexico se salva de esa desgracia en toda la región.

En esta lista de horrores se nos escapa, muy a menudo, nombrar a los dictadores que ejercieron sus maldades en Europa durante buena parte del siglo XX. Leyó bien, Europa.

Oliveira de Salazar mantuvo a Portugal y sus colonias, bajo su puño de hierro durante décadas. Ese siniestro personaje no siempre ocupó la presidencia de su país. Gobernaba en las sombras desde su palacio y dejaba el poder visible en manos de ayudantes dóciles. Las colonias africanas de Portugal pueden dar fe de la maldad de Salazar. El caso de Angola es el ejemplo más claro. Solamente a través de una guerra de liberación, los angoleños puedieron recuperar la libertad y luego de la muerte del dictador.

En España, Francisco Franco Baamonde ejerció la suma del poder público desde la finalización de la guerra civil que dejó una cifra indeterminada de muertes, millones de personas excluídas, otros tantos refugiados en el extranjero y al pais sumido en la pobreza más extrema. El caudillo se las arregló para gobernar tantos años sin mayores muestras de oposición de los grupos de poder, asumiendo como regente vitalicio del trono de España. Era un rey absoluto sin corona y con la potestad de nombrar a su sucesor. Así los hizo y Juan Carlos de Borbón fue rey por designación de Franco.

Italia estuvo 20 años gobernada por Benito Mussolini. El creador del fascismo soñaba con transformar a su país en el nuevo imperio romano. Los cargos del reino de Italia durante ese período tenían nombres romanos. Cuestores, cónsules, tribunos. En ese sueño imperial se lanzó a la conquista de territorios que formarían ese nuevo dominio. Albania, Grecia, Libia y Etiopía fueron blancos de las aventuras coloniales de Mussolini. No siempre le fue bien y el pueblo italiano pagó con sangre esas campañas.

De esta lista de infamia no puede faltar el más conocido y satanizados de todos ellos: Adolfo Hitler. Pero hay que mencionar una diferencia notable en este caso. Hitler llega al poder en 1933 no por un golpe de estado o guerra civil, sino a través de las elecciones. El Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Alemania (Nazi) gana la primera minoría en 1933 y el presidente alemán, von Hindenburg, convoca a su líder, Adolfo Hitler, para que forme gobierno como canciller( jefe de gobierno) del estado. Una vez en el poder, Adolfito abandona sus maneras democráticas y comienza a nazificar a toda Alemania. No le costó mucho porque los alemanes estaban de acuerdo. Tan de acuerdo que en 1938 se realiza un referendo en Austria para que su pueblo decida si quiere ser un país independiente o acepta formar parte de la Gran Alemania. Más del 90% de los austríacos votó a favor de la anexión. No hubo trampa. La elección estuvo muy vigilada por organismos internacionales. Pero todos sabemos como terminó esta historia en 1945.

Siguiendo hacia el este, en la Unión Soviética, el paraíso de los trabajadores según los marxistas ingenuos de Europa, todo el poder estaba en manos de José V. Tsuhajsvili, más conocido como Stalin, el hombre de hierro.Este georgiano que estudió en un monasterio, aplicó todo el terror posible para dominar a su pueblo. Las purgas de Stalin alcanzaban a cualquiera. Mató a millones y deportó a Siberia a otros tantos. Su único mérito fue que su fortaleza ante el ataque de Alemania en junio de 1941 logró reahacer a las fuerzas armadas de su país y finalmente derrotaron a los nazis en 1945 con un costo en vidas rusas de más de 22 millones.

La lista de dictadores europeos es larga-Hemos mencionados a los más conocidos y brutales. Otros, como Enver Hosja de Albania, es tragicómico. O Ante Pavelic de Croacia que mezcló la mano dura con el ultra nacionalismo.

Cabe señalar que a la hora de ejercer la maldad, no hay fronteras. Y los pueblos aparentemente más desarrollados tienen también los peores dictadores.

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