R. Valle

La novela del poder: "¿Por qué dejaron de quererme?"

La pregunta del Adolfo es también la de tantos que creen que, una vez que acceden al poder, este les pertenece de por vida. "El tratamiento es hacerse un baño de realidad", propone un referente del diván.

"El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía" (Frank Underwood, en la serie House of cards)

¿Por que dejaron de quererme? Esta pregunta bien podría ser el eje de una novela de la tarde, o de un libro cuya protagonista sufre la adolescencia como indica el manual, o de cualquiera de los últimos técnicos de la Selección Argentina que se fueron con más penas que olvido. Pero no, el interrogante sensiblero pertenece a Adolfo Rodríguez Saá, quien tras padecer la peor derrota de su historia, en las PASO de agosto, todavía no puede digerir por qué ya no lo quieren como antes.

El actual senador se lamenta, pero no analiza cuáles son las razones, las causas de ese amor no correspondido. No corre aquí el lapidario "no sos vos, soy yo" para justificarse. Para el votante, está más que claro: es él. El Adolfo.

Para no abundar, se podría sintetizar que la gente, el ciudadano común, el votante tipo, se cansó de esa suerte de esclavitud sin rejas. Del vil clientelismo que a muchos sedujo durante tantos años y del cual, si se pretende ponerle un freno, es tan complicado salir. El siniestro mecanismo de los Rodríguez Saá no permite así nomás sacar los pies del plato, mucho menos disentir. Ni hablar de pensar por sí mismos.

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La pregunta del cacique puntano fue planteada en un cuestionario que se les hizo llenar sí o sí a los trabajadores del Plan de Inclusión Social. Debían responder: ¿Por qué no me votaron?, ¿Por qué dejaron de quererme?, ¿Qué puedo hacer para ayudarlos? Más o menos como si el lobo le planteara al cordero por qué le teme. La única que, por ahora, sigue queriéndolo contra viento y marea como en una novela mexicana es su esposa, la mendocina Gisela Vartalitis, quien preside la Fundación Mujeres Puntanas. Como para no quererlo: accedió a los fondos provinciales en tiempo récord y embolsó $80 millones que, generosamente, dispuso para ella su cuñado Alberto. 

El Adolfo puso en palabras lo mismo que suelen preguntarse (para adentro) todos aquellos que perdieron una elección, el poder o las prerrogativas de haber estado "en lo más alto". ¿Por qué no podrían preguntarse lo mismo Cristina, De la Rúa, Paco Pérez, Daniel Scioli, Sergio Salgado o Carlos López Puelles?

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"En algunas ocasiones la pérdida del poder puede desencadenar crisis importantes en las personas. Ésto va a depender del equilibrio personal del político, de su armonía interior, de sus relaciones sociales, de su preparación para las derrotas y del lugar que ocupaba el poder en su psiquis. A veces el poder opera como una droga que pretende llenar un vacío interior, suturar una herida psíquica o compensar un cierto desequilibrio. En estos casos el politico se aferra con más desesperación al poder, y muchas veces se desmorona al perderlo", analiza Daniel Eskibel, especialista en psicología política.

Otros, con mucho menos cartel que los mencionados pero no menos adictos al éxtasis del poder, aplican un método mucho menos protagónico aunque no menos ambicioso: seguir ocupando los más variados puestos para garantizarse vivir de la política, independientemente de quién esté en lo más alto. Cintura política, que le dicen.

Para Guillermo Fource, presidente de Psicólogos Sin Fronteras, "el poder es una de las motivaciones sociales básicas. Por lo que, por supuesto, se puede tener una adicción al poder. Es como una adicción sin drogas. El poder llama al poder y cuando consigues algo, quieres más".

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"Cuando se ha tocado techo es mucho más difícil aceptar que ya no estás ahí. A veces, parece que siguen creyendo que mandan, cuando puede que sean más honoríferos que otra cosa", analiza el psicólogo Manuel Nevado, quien está convencido de que en todos los partidos políticos debería haber un equipo de psicólogos para ayudar a dirigir y tomar ciertas decisiones.

Según los especialistas del diván, el mayor desafío que afrontan quienes perdieron el poder o están en vías de perderlo es asumir la realidad. En casos como los del Adolfo y mandamases de su talla, eso es impensado porque son ellos precisamente quienes construyen la realidad. 

Una vez que han contraído el "síndrome de Hubris", más conocido como la enfermedad del poder, difícilmente acepten volver a ser un mortal más. Bajarse del bronce no está en sus planes. 

Harry Campos Cervera, médico psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, no se da por vencido con los vencidos o caídos en desgracia: "El tratamiento es hacerse un baño de realidad. La forma de mejorar es tratar de no creérsela y mirar la perspectiva global". Optimista, el hombre.

Opiniones (5)
19 de febrero de 2018 | 00:20
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19 de febrero de 2018 | 00:20
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  1. están enfermos por el PODER igual que KK que dice que van a volver que la sacaron como si Macri hubiese venido y le hubiese arrebatado el cargo, ella desconoce que es el pueblo el que elige y se harta de ver las injusticia. ESTAMOS APRENDIENDO A PENSAR Y TENER NUESTRAS PROPIAS OPINIONES, YA SON POCOS LOS QUE SIGUEN POR LA COCA Y EL "SANGUCHITO" QUEREMOS CRECER, TENER TRABAJO, EDUCACION NO QUE NOS TRATEN COMO SERES NO PENSANTES
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  2. es facil hermanos Rodriguez Saa, le esta pasando que ya estan viejos, llenos de guita de la corrupcion que hicieron de san luis y la gente esta cansada de aguantarlos x mas que el alberto regale el doble de las cosas para seguir mitiendo como el habla y adolfo regalandole flores a la nueva mujer que tiene esa es de viejo ch o to. den un paso al costado y que dios los salve.-
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  3. Que buena nota!! Me encanto!! ??
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  4. A mediados del 2001, por razones laborales fui a San Luis, y me llamo la atención que en algunas escuelas, la pared delfrente estuviesepintado con pintura pizarra y cuadriculado, lógico a la altura de los niños, pregunté de que se trataba y resultó que los días viernes los alumnos antes de irse a sus casa debían dejarle un mensaje escrito al gobernador del momento. Adolfo, que luego lían, los elegidos por la radio que les pertenece a los Rodriguez Saá. Si pensó que todo iba a seguir siempre igual, es tener una mente muy infantil, si pensó que el pueblo lo iba a seguir adorando, como él creía, es menos que infantil.Basta de feudos, es hora que todos estos desaparezcan de San Luis, Neuquén, Formosa, La Rioja y el resto que existe actualmente en nuestro país, pra crecer como un pais serio y libre de corrupción
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  5. Basta de feudos!!!
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