Manipulación: cuando el fin justifica los medios

En términos generales, este tipo de conducta, no se enmarca dentro de algo nocivo, siendo prototípica de esas etapas del desarrollo.

Manipulación: cuando el fin justifica los medios

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

La mayoría de las personas ha empleado en algún momento de su vida alguna estrategia manipulatoria, conducta que tiene su aparición ya en la infancia, anidada en la búsqueda de placer, por ejemplo, para saciar la obtención de algún juguete o golosina. De la misma manera, en la adolescencia se pueden advertir con clara frecuencia, manipulaciones hacia los padres con el objetivo de obtener algún beneficio, urdiendo artimañas de toda índole: mostrándose afectivos o cariñosos por demás, amenazantes, sutiles, intimidantes, oposicionistas, indiferentes o insistentes interminables. En términos generales, este tipo de conducta, no se enmarca dentro de algo nocivo, siendo prototípica de esas etapas del desarrollo. El problema es cuando actuar de este modo se vuelve predominante, en relación con otras personas y deja de ser una estrategia pasajera. Ya entrados en la vida adulta, las manipulaciones podrían ser catalogadas como "golpes bajos", descalificaciones o maltratos. Todas con el objetivo de lograr un fin determinado, pero a costa de otros.

El tipo de personas en las que el rasgo de personalidad sobresaliente es la manipulación, se ha sabido definir como "maquiavélicas", término que tiene su origen en Nicolás Maquiavelo, autor de la obra "El Príncipe". La cual se ha interpretado a través del folclore popular, como la manera de adquirir y mantener el poder, valorando a los demás en términos de la utilidad que pueda extraer para sí, teniendo como elemento central el propio interés. Para el maquiavélico "el fin justifica los medios", independientemente del sufrimiento que ello pueda provocar a terceros. Refleja la actitud de "todo vale", mostrando escasas normas éticas, haciendo lo que se considere necesario para conseguir con éxito su fin.

En el mundo existen personas con estas características, que suelen aprovecharse de las más leales que ellas, mostrando una gran despreocupación por la moralidad y persiguiendo la satisfacción de su propio interés, sin importar consecuencias y con bajo compromiso ideológico. Se trata de personalidades socialmente aversivas pero no necesariamente patológicas, ya que la manipulación no es exactamente catalogada como una enfermedad mental. En general se ha estudiado bastante a los psicópatas y narcisistas, pero menor atención ha recibido este grupo, que no encaja exclusivamente en ninguno de los dos conceptos, aunque su comportamiento es similar en varios puntos.

Pueden ser muy dañinas en las relaciones íntimas, afectando seriamente la salud mental de las personas con las que logran relacionarse, las cuales suelen sufrir psíquica y físicamente, debido a que esta acción continuada en tiempo e intensidad, atenta contra la capacidad del uso pleno del ejercicio racional, provocando daños en la autoestima y capacidad de decidir, influyendo en la mente, sentimientos y acciones que no se hacen por gusto propio. Los argumentos de un manipulador parecen ser siempre lógicos y morales, sabiendo implementar los puntos débiles de los demás, haciendo que se sientan ridículos, culpables o heridos en su pudor, lo cual los mantiene en una situación mental favorable para la manipulación. Se puede manipular desde la culpa, victimizándose o ejerciendo poder sobre otro. Su mecanismo de acción es tramar un plan para lograr sutilmente sus objetivos. Pero desarrollar estrategias de acción para conseguir una meta, no tiene por qué ser siempre algo pernicioso. El punto se centra en el proceso o camino para tal consecución. El manipulador miente, estafa emocionalmente, inventa excusas a cualquier precio, involucra a terceros para tejer la red necesaria y pasa por alto las factibles consecuencias, mostrándose sin escrúpulos y siendo capaz de poner en riesgo a los demás, con tal de no estarlo él, o tan solo para alcanzar su meta. De este modo se genera un intercambio, no en todos los casos equilibrado, donde el manipulador depende del manipulado y viceversa.

Esta sociedad cada vez mas apoyada en las motivaciones "egoicas", puede estar promoviendo de forma inadvertida o involuntaria el florecimiento de este tipo de personalidades. No sólo se manipula en las relaciones interpersonales, se lo hace a muchos niveles: psicológico, sociológico, político, mediático, publicitario; por ello es necesario enmarcarlo como un fenómeno más amplio y complejo, porque es una forma de pensamiento que todos los seres humanos tienen, en el que interviene el poder y la farsa. Pueden imitar palabras emocionales, pero sus dichos no se articulan con sus acciones.

Una buena manera de saber si estamos siendo presa de manipulación, es analizar lo que se siente cuando se está con determinadas personas, una relación sana no debería producir emociones negativas constantes. Cuando se está renunciando a valores, principios y objetivos, se despierta un estado de contrariedad interna, apareciendo molestias físicas o emocionales que pueden servir de alerta. La clave está en aprender a detectarlos, realizar una sana selección de las personas que se deja entrar en la propia vida, resguardando la intimidad de lo privado. Poder trabajar aspectos internos que fortalezcan la propia personalidad, sin dejar espacio a ser víctima de manipulación. Por eso es tan importante trabajar el autoconocimiento de los puntos débiles y las fortalezas internas, aprendiendo a afrontar el miedo al rechazo, identificando claramente dónde y cómo poner los límites. La manipulación no funciona en personas con seguridad personal y buena autoestima.

La misma estirpe de los manipuladores, los esconde tras su disfraz de hábiles conquistadores, por eso son difíciles de identificar. Solo en instancias avanzadas del vínculo, es cuando uno comienza a advertir que las cosas se han transformado de manera radical y con vestigios pobres de algo sano. Una vez desenmascarados y descubiertos de sus dotes de manejo a diestra y siniestra, la indicación más clara es "huir de ellos". Intentar quedarse a querer reivindicar el afecto, el tiempo y los proyectos invertidos, no es otra cosa que perder miserablemente los valiosos minutos de la potencial vida personal. Y peor aun, querer modificarlos es casi como proponerse enderezar el tronco añoso y retorcido de un árbol que si bien da frutos, son tóxicos e inmodificables. En ese instante de lucidez y descubrimiento atroz, partir es sinónimo de amor propio. Y una vez recuperado, desde el tiempo y la distancia, podremos sacar conclusiones, extraer aprendizajes, acopiar conocimientos y fortalecer la mirada de nosotros mismos. Aspectos a tener en cuenta cuando estemos expuestos ante la trampa de los manipuladores.

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18 de julio de 2018 | 12:20
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