opinión

Equilibrio: un movimiento pendular cotidiano

El equilibrio parece suponer dos partes al menos, generalmente posicionadas en extremos contrarios.

Equilibrio: un movimiento pendular cotidiano

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Basta con ver un malabarista avanzar por la cuerda floja, para observar cómo sus gracias y habilidades se centran en el movimiento constante y oscilante de un lado a otro, para lograr mantener su equilibrio a medida que avanza. El equilibrio parece suponer dos partes al menos, generalmente posicionadas en extremos contrarios. El dicho basado en la experiencia del sentido común, que reza "los extremos son malos", surge de la sabiduría popular y se asienta sobre la base de la flexibilidad necesaria para adaptarse a diferentes circunstancias. En este sentido el equilibrio tiende a estar asociado a una zona de bienestar, ecuanimidad, "status quo", salud o sencillamente paz y tranquilidad. Se adjudica a esta palabra un significado ajustado al bienestar emocional y racional de una persona.

Durante muchos años, se había considerado el concepto de salud como la ausencia de enfermedad. Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS), a mitad del siglo XX, definió la salud, no solamente como la no presencia de enfermedades, sino como un estado holístico de bienestar complejo, sustentado en la base de un equilibrio dinámico de variables biológicas, psicológicas y sociales, en constante mutación. La vida de un organismo puede definirse como la búsqueda constante de equilibrio entre sus necesidades y la satisfacción de las mismas, valiéndose de la conducta como acción tendente a la búsqueda de ese equilibrio.

En este punto, la flexibilidad no es menor, pues sabiendo que todo lo rígido se rompe y todo lo laxo se diluye, lo flexible permanece, se adapta y sobrevive. Un ejemplo más por lo cual el equilibrio es la ausencia de situaciones extremas, pero a la vez, es más que eso. La sociedad históricamente ha marcado a lo gris como sinónimo de mediocre, tibio, inexacto, poco definido y perjudicial. Contrariamente hoy se sabe que esas zonas intermedias, móviles y dinámicas, le confieren al ser humano, más posibilidad de elecciones, coherencia interna y ajustes acorde a las circunstancias. Es la amplia zona de posibilidades entre esos extremos, que otorga la libertad y opción de elección de la tonalidad, en la composición de nuestro presente. Abriendo un abanico de florido repertorio de posibles respuestas, favoreciendo la capacidad de adaptación a diversas situaciones.

El equilibrio mental comprende varios aspectos de la vida, relacionados con lo racional o intelectual del individuo y en articulación con el aspecto emocional. En ocasiones encontramos reacciones enfermizas de algunos individuos, debido al desajuste de la frecuencia o intensidad de algunas emociones. Sobreviniendo desajustes que provocan trastornos en la salud física o mental. Para impulsar mayor plenitud mental, Facundo Manes recomienda "dormir bien, saber decir que no, fijar metas realizables, realizar ejercicios y tener una vida social activa". Por otro lado el llamado "ejercicio cerebral" ya sea para encontrar una vida más plena o retrasar el deterioro cognitivo, es una técnica que propone generar nuevas conexiones neuronales para lograr el equilibrio y mejorar el aprendizaje. Si la mente y el cuerpo trabajan juntos para crear un entorno sano, se construye un ambiente propicio para mantener el equilibrio emocional y mental.

Cuando se cambia la mente (el modo de interpretar aquellas cosas que pasan) y la manera de hacer las cosas, se modifica el propio mundo. Todo aquello que se genera en la mente (en forma de pensamientos) impacta positiva o negativamente en el cuerpo. El pensamiento provoca un determinado estado emocional y como consecuencia una sensación corporal. Los últimos descubrimientos en neurociencias, han demostrado la importancia de las emociones en el pensamiento y en la homeostasis o equilibrio corporal. Las emociones son marcadores bioquímicos que ayudan, no sólo a la supervivencia de la especie, sino también a un desarrollo intelectual profundo y armónico.

El verdadero equilibrio es literalmente una búsqueda y un estado consciente de saber que se están solucionando conflictos. Como es imposible carecer de ellos, la sensación de equilibrio vendrá por las acciones que tomemos en cada circunstancia. Pero, el momento, la urgencia, las condiciones y posibilidades, son siempre limitadas. Y en ese entorno limitado e inmediato, decidimos qué camino creemos será mejor. Muchas veces, con el paso del tiempo, juzgamos situaciones pasadas con los elementos del presente, desarrollando así un juicio injusto y cruel con nosotros mismos. Ya que sumamos las opciones actuales, que no estaban presente en aquel momento. El equilibrio de antes, no supone que tiene que ser el de ahora. Esto nos lleva a la conclusión que tenemos que ir haciendo nuevos ajustes, tomando nuevas decisiones, contextualizando opiniones o modificando conceptos. Pues de tiempo en tiempo, desarrollamos un nuevo equilibrio, que ya no condice con el anterior. Esto marca la movilidad e inestabilidad del "ideal" de equilibrio constante. El mundo gira, las circunstancias cambian, las personas se modifican y la vida progresa. Adaptarse constantemente es la premisa.

Una vida equilibrada no es una vida perfecta, en ausencia de enfermedad, ni de conflictos. No es un orden estático, ni quietud constante. Una vida equilibrada está situada por etapas de tranquilidad más o menos prolongadas, seguidas por crisis o movimientos necesarios para reajustar lo que haga falta, en el proceso de crecimiento y evolución. Las cosas cambian y necesitamos adaptarnos a lo nuevo, haciendo lo necesario. Equilibrio implica orden, porque invariablemente el desorden es parte del dinamismo cotidiano y presupone que su eje se corra de lugar, de momento a momento. Vivir una vida equilibrada contempla renuncia, pérdida y saber dejar pasar aquello que nos lleva consabidamente a los seductores bordes adrenalínicos de la vida.

Retomando el dicho de nuestro folclore popular donde "los extremos son malos", vivir en esos bordes podrá tener la picardía y astucia de estar contemplando los abismos, pero con el alto riesgo de caer en ellos. Negocios espurios, parejas con vidas paralelas, sexualidad promiscua, fanatismos extremos en cualquier área, uso y abuso de sustancias psicoactivas. Meros ejemplo de vivir al límite. En su opuesto, encontramos aquellos temerosos que se mantienen inmóviles, postergando decisiones, sumidos en conductas evitativas, con una vida chata, en extremo rutinaria, paralizados ante las circunstancias del necesario pasaje a la acción. Un lugar estático imposibilita la adaptación al medio. Posturas blanco o negro, nos privan de la interminable variedad de matices intermedios que componen las opciones posibles de una vida libre, única y fluida. Es un trabajo que requiere conciencia y voluntad. Quizás haya que atreverse a perder para ganar, a elegir para crecer y a renunciar a los extremos, para vivir una vida lo más ecuánime posible. 

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20 de julio de 2018 | 19:29
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