opinión

Casa Valentina: pastiche retrógrado y traicionero

El universo lúdico de un grupo de heterosexuales que disfrutan de vestirse como mujeres, naufraga en un enroscado drama de identidad de género y momentos musicales paupérrimos. Los actores lo dan todo bajo una imposible puesta de José María Muscari.

Casa Valentina: pastiche retrógrado y traicionero

Tras una exitosa temporada porteña en calle Corrientes durante 2016, que se extendió durante las vacaciones de verano en Mar del Plata, aterriza en Mendoza esta obra escrita por Harvey Fierstein reconocido actor, director y militante por los derechos igualitarios. Fierstein fue responsable de la versión musical de La jaula de las locas y de la exitosa Algo en común.

Con el antecedente del gran fenómeno de taquilla en Broadway y Londres, la versión de Casa Valentina que se presenta este fin de semana en Mendoza, fue adaptada por las destructoras garras de Fernando Masllorens y Federico González Del Pino, quienes vuelven a mostrar su pericia a la hora de masacrar un texto internacional, que en este caso se intuye como filoso y divertido; pero que en manos de estos procesadores queda reducido al más llano desatino.

Un grupo de varones heterosexuales de distintas generaciones, se reúne los fines de semana en una casa para dar rienda suelta a su deseo de vestirse como mujeres y jugar como tales. La historia, basada en hechos reales, está ambientada a comienzos de los años '60, dato que se le informa al espectador cuando la voz en off que suena antes de que comience el espectáculo; le pide a la platea que apague sus celulares.

Paradójicamente, salvo por el vestuario y algunas alusiones explícitas, nada nos lleva a la atmósfera de terminante proscripción sobre prácticas como la del crossdressing en aquella era. De hecho, la banda sonora, técnicamente mal editada y conceptualmente mal seleccionada, apela a hits recientes como Chandelier, de Sia; que poco aportan a ese inexistente espíritu sesentoso. A esto se suma, que los breves momentos musicales son absolutamente paupérrimos. Parecieran estar ahí simplemente para agitar las palmas del público, o para oficiar de nexo en los vericuetos de un relato que pierde el timón más de una vez.

Los protagonistas tienen el oficio suficiente como para soportar algunas parrafadas impresentables y los giros narrativos más caprichosos. Anoche, en doble función ante un Teatro Independencia repleto, la actriz Anahí Ribeiro reemplazó a Cristina Alberó, quien anteriormente había suplido la baja de María Leal en el rol de Rita, la comprensiva y compinche esposa de Renzo/"Valentina" (un Mario Pasik que ocupa el lugar que dejó vacante Gustavo Garzón). Roly Serrano es un militar que se pone en la piel de la carismática y siempre glotona "Gogó". Fabián Vena compone a "Georgina", el personaje más interesante de la obra, que pretende darle al grupo un estatus de asociación para así alcanzar la codiciada aceptación social. El cuasi octogenario Pepe Novoa encarna a "Margo", el único protagonista que tiene en suerte pronunciar diálogos nobles dentro de este engendro escénico. Diego Ramos despliega una desatada parafernalia corporal con su "Gloria", ovacionado por el público; y con una sostenida tendencia a pasarse de rosca. Boy Olmi es "Pupé", un juez que quedará bajo la mira y sentencia, primero de sus compañeros y luego de su propia hija (Paula Morales). Finalmente, José María Muscari sustituye a Nicolás Scarpino en el rol de la novata "Miranda", su presencia en escena tiene una impronta carismática tan nula como la que luce en la pista del Bailando; y es por lejos quien más desentona en una puesta ya de por sí desentonada.

Diego ramos y fabián vena en casa valentina

Casa valentina roly serrano

El gran problema de Casa Valentina es que quiere abarcar todo y no acierta en nada. Ese tono de comedia zumbona, con divertidos dardos entre los personajes y sus maravillosas caracterizaciones, todo un acierto para quienes trabajaron en vestuario, peinado y maquillaje; paulatinamente se diluye en un enroscado intento de drama sobre la identidad de género, y las diferencias que distancian al mundo gay del crossdresser. A su vez, la supuesta intriga policial, alrededor de un sobre con fotos porno, tampoco alcanza a levantar vuelo; y el resultado final es un híbrido que desaprovecha la mixtura de todos sus ingredientes.

Casa valentina de gira

ADVERTENCIA, UN SPOILER TAN MERECIDO COMO FATAL:

Después de navegar a la deriva durante poco más de una hora, los últimos minutos de Casa Valentina resultan tan incoherentes como retrógrados. De la noche a la mañana, Rita, aquella esposa comprensiva y evolucionada, que había procesado hasta la médula que el deseo de su marido no era nada dañino; decide abandonarlo de la forma más repentina. Antes de eso, la hija de personaje que interpreta Boy Olmi entra a escena para hacer su numerito culpógeno; y refregar el impacto que generó en su madre la excéntrica tendencia del atildado juez.

Es bien sabido que más allá del avance legislativo en todo lo que a identidad de género o libre portación de indumentaria se refiera; estamos a una galaxia del paraíso de la integración. Pero lo repudiable de Casa Valentina no reside en la idea de que la obra se abstenga de dejar un "mensaje" conciliador, sobre todo en una sociedad que aún muestra un oscuro velo de intolerancia. Lo indignante de este pasquín es que ni siquiera es capaz de deslizar una ironía sobre la imposibilidad de esa conciliación. La opción en cambio consiste en dar con un final tranquilizador que todo señorón o señorona esté dispuesto a abrazar: "podrás jugar a ponerte vestiditos, pero quedarás condenado a permanecer en el clóset a escondidas, con la única compañía de tus pares perversos".

Nada de aquel inicial espíritu libre y juguetón de los personajes queda sobre las tablas. Sólo la pesada carga de traición que cae sobre ellos cuando cierra el telón. Toda una gran contradicción para José María Muscari, un ícono que emergió del under con obras de gran provocación entre fines de los '90 y comienzos del siglo 21, para luego desplegar una borrosa caricatura marico/machista sobre la pista de ShowMatch; y finalmente ponerse al frente de embutidos teatrales que confunden, bajo un supuesto halo de popularidad, el más liso y llano despropósito.

Ficha:

Casa Valentina

Próxima función: domingo 2 de julio a las 20 en Teatro Independencia (Chile y Espejo).

Dirección: José María Muscari.  

Texto: Harvey Fierstein. 

Adaptación: Fernando Masllorens y Federico González Del Pino

Producción general: Javier Faroni. 

Elenco: Fabián Vena, Diego Ramos, Mario Pasik, Roly Serrano, Pepe Novoa, Boy Olmi, José María Muscari, Anahí Ribeiro y Paula Morales. 

Entradas: $500 (platea baja y palcos bajos), $450 (platea alta y palcos altos), $400 (tertulia y paraíso). 


Opiniones (1)
22 de agosto de 2018 | 03:22
2
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22 de agosto de 2018 | 03:22
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  1. Hay veces que la algunos no entienden nada y hace comentarios resentidos .....
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