Deuterofobia: el miedo al día lunes

Están quienes se levantan los lunes comenzando a soñar con el próximo fin de semana, como quien sostiene la respiración, inmerso en una rutina.

Deuterofobia: el miedo al día lunes

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Las emociones y estados del ánimo se ven influenciados, entre otras cosas, por los pensamientos y los contextos. Las diversas interpretaciones provocan distintas actitudes, connotando positiva o negativamente los diferentes acontecimientos. Así es como para muchas personas los lunes tienen una gran influencia en sus mentes. Son aquellos que "odian los lunes", mostrando una notable mejoría de su estado anímico conforme se acerca el día viernes, de la mano del "ansiado fin de semana". Sin embargo, no significa lo mismo un lunes laboral que un lunes feriado, o un lunes en vacaciones, donde se suele perder la noción del día de la semana en que se está.

Están quienes se levantan los lunes comenzando a soñar con el próximo fin de semana, como quien sostiene la respiración, inmerso en una rutina que no da respiro para experimentar situaciones o momentos placenteros entre semana, liberando el aire al día viernes, para entonces al fin, dedicarse tiempo para sí y los suyos. Todo ello convierte en algo realmente antagónico al domingo en contraposición al lunes, donde toca volver a madrugar, cumplir horarios, responder a las obligaciones y encajar milimétricamente las responsabilidades, colocando al temido lunes en un lugar especialmente aborrecible. Generalmente se deja para el día lunes lo que superó la semana, cargando la próxima con los asuntos pendientes, el inicio de la dieta, arrancar con alguna rutina de actividad física que se viene postergando, el comenzar a estudiar una materia o concluir un trabajo; y es así como se van sumando numerosas actividades de presión, obligación y deberes, tiñéndolo de este modo con características especialmente negativas.

A través de estudios realizados se ha observado que los lunes las personas sienten mayor desgano y a su vez ese día aumentan las consultas médicas, elevando el ausentismo laboral. Al mismo tiempo se ha observado que los accidentes aumentan en estos días. Si las personas no disfrutan de lo que hacen, es cuando comienzan a angustiarse los domingos en la tarde, en vísperas del "fatídico" lunes, al tener que emprender una nueva y cargada semana. Según un estudio realizado para el "The British Medical Journal", los lunes son los días donde se presentan más infartos por estrés. La explicación que dan es que los lunes habría una presión adicional por el estrés de volver al trabajo, sumado a los excesos del fin de semana. El sueño y la alimentación generalmente se ven profundamente alterados durante los dos días que dura el fin de semana. Y luego puede costar un par de días, nuevamente, para volver a regularlos. Podemos dormir en exceso, con la fantasía de recuperar las horas de sueño perdidas en la semana o bien dormir menos de lo habitual para aprovechar a salir con amigos, ver películas o leer libros. Ambas conductas alteran el ritmo que trae el reloj biológico durante la semana. Respecto a la alimentación, generalmente se come más de lo acostumbrado durante el fin de semana, ingiriendo no sólo mayor cantidad de comida, sino que también suele ser más calórica; lo que provoca que el día lunes se sienta pesadez y malestar estomacal. Todo esto puede traer mal humor y mayor sensibilidad, sumado a los niveles de estrés que provoca encontrarse nuevamente con la rutina.

El problema llega cuando se traspasan algunas barreras llegando más allá del mero desgano y pereza. Presentando síntomas desde el domingo por la tarde, tales como ansiedad, taquicardia, sudoración y dolor de estómago. En la noche del domingo problemas para dormir, pesadillas, sumado a dificultades para levantarse el lunes por la mañana. Generalmente se manifiesta en personas que tienen demandas en el ámbito laboral, con cargos importantes que están bajo constante presión, también los desempleados o los que sienten amenazas de perder su empleo actual. Esto presenta un denominador común que se asocia a un miedo irracional llamado "deuterofobia", que significa temor a los lunes, podríamos decir que estaríamos ante este cuadro si esta sintomatología se presenta semanalmente y no como un caso aislado. Este tipo de datos nos podría ayudar a pensar en las rutinas y en la actitud ante las mismas, al prepararnos para la semana siguiente.

Son múltiples los factores sociales, psicológicos y biológicos que inciden en la crudeza de los lunes y en la ansiedad anticipatoria que algunas personas sufren ya desde el domingo. Colocarse metas razonables y alcanzables para cumplir los días lunes suele ser un buen factor de reducción de ansiedad, intentando organizar los aspectos importantes y diferenciarlos de los urgentes. Aunque no siempre podemos elegir las tareas que tenemos que hacer, siempre podemos elegir "cómo" las vamos a hacer, para sentir entusiasmo sin cambiar necesariamente la actividad, sino la forma de abordarla. Nuestro cuerpo, pensamientos y emociones están estrechamente relacionados, por lo que cambiando nuestras actitudes y formas de responder, influiremos directamente en la sensación experimentada. Volver a la rutina puede ser algo traumático para muchos, pero podemos "cambiar la cara" de los días lunes, transformándolos en algo placentero, si los destinamos a realizar tareas gratificantes y también si cuidamos nuestros hábitos de fin de semana, ya que no solo se trata del trabajo.

Constantemente estar deseando que llegue el viernes, es una manera engañosa y boicoteadora de nuestro bienestar cotidiano. Concretamente es una construcción mental que pone la semana en blanco y negro. Una vida plagada de matices es una vida agradable. Una vida plena de sentido, es una vida feliz. Poder organizarnos de tal modo que reservemos un momento diario de esparcimiento, contacto social o incluso de mirada interior, abrirá válvulas de escape a la presión mantenida durante la semana, haciendo más liviana la jornada y otorgando un respiro cotidiano, sin necesidad a "esperar" al fin de semana. Al cuestionarnos qué disfrutamos cotidianamente, quizás encontremos contundentes respuestas. En los matices de la vida y en los sentidos por los cuales cobran valor las acciones, hechos y personas que componen nuestra existencia. Todos los cuales están convocados por nosotros, sean estos agradables o desagradables, amén de lo que gratuitamente nos cae en suerte. Aun así, siempre tenemos la libertad de decidir qué actitud adoptar frente a ello. Sino, queda la otra triste y paralizante opción de esperar al viernes para recién vivir, muriendo nuevamente cada lunes, semana a semana.

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23 de mayo de 2018 | 12:49
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