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El pánico: inquietud a mitad de camino

La puesta de Víctor Arrojo sobre texto de Rafael Spregelburd, no logra internarse en los rincones más tenebrosos del relato. Con desniveles en el elenco protagónico, la obra suple algunas falencias con un ritmo que no decae.

El pánico: inquietud a mitad de camino

Tras un estreno a sala llena hace un mes en la Sala Armado Tejada Gómez del Espacio Cultural Le Parc, y algunas funciones con localidades agotadas en el Teatro Cajamarca; El pánico regresa esta noche a las 21:30 al espacio cultural de Guaymallén donde tuvo su poderoso debut.

Basada en texto de Rafael Spregelburd, uno de los dramaturgos argentinos más estimulantes de las últimas décadas, El pánico se presenta en Mendoza con dirección de Víctor Arrojo, en coproducción entre Teatro Cajamarca y la Secretaria de Cultura de la Provincia de Mendoza.

Se sabe que las comparaciones son odiosas, pero para quienes recuerden la puesta de este mismo texto, estrenada a fines de 2005 en la extinta Casa de los Títeres, bajo directrices de Lucas Olmedo; esta nueva experiencia resultará un tanto anodina. El sanrafaelino Olmedo había tenido la oportunidad de cranear la puesta con el mismísimo Spregelburd, y el resultado fue el de un trance furioso de dos horas y media, en el que se combinaban momentos de humor negro con otros del más crispado suspenso, todo bajo una influencia de la estética expresionista y el "cine de horror de bajo presupuesto"; como definía el propio director.

Más allá de todo careo o confrontación, si algo falla en el abordaje que hace Víctor Arrojo sobre el apasionante texto de Rafael Spregelburd, que forma parte de su consagrada Heptalogía de Hieronymus Bosch; es su falta de audacia a la hora de internarse en los bordes más tenebrosos del relato.

El disparador argumental es tan filoso como desopilante. Un hombre ha muerto y se ha llevado un secreto que dejará a su familia en vilo: el lugar donde se esconde la llave de la caja de seguridad en la que se presume se encuentra apilado un suculento motín. A partir de ahí, su mujer y sus hijastros acuden a todos los recursos posibles para dar con la codiciada llave. Desde atravesar un aparatoso y grotesco trámite burocrático en la entidad bancaria donde se encuentra la mencionada caja de seguridad familiar, hasta contactar a una psíquica que se atribuye el poder comunicarse con los muertos.

El pánico locarno

Desde el comienzo hasta el final, esta versión de El pánico, se sostiene sobre un ritmo que jamás decae a lo largo de su hora y media de duración. Sin lugar a dudas, la obra empatiza fluidamente con los fragmentos más sarcásticos del texto, es decir con ese humor entre absurdo y oscuro que plantea el original de Spregelburd. Pero a la hora de jugar con las transiciones hacia los momentos más inquietantes, aquellos que tienen que ver con el merodeo del difunto entre los vivos, o bien los aspectos más perversos de sus criaturas; la puesta no logra dar el salto y se amodorra en una suerte de zona de confort.

Entre los aspectos más sobresalientes, se lucen el diseño de iluminación a cargo de David Maya-Víctor Arrojo; y las actuaciones de algunas de las protagonistas de esta propuesta, que se muestran notablemente más convincentes que los varones que forman parte del elenco. Mariela Locarno brilla como la trabajadora de una inmobiliaria, que tiene la ardua misión de alquilar el departamento en el que ha sucedido más de un hecho perturbador. Melisa Lara imprime los matices extravagantes y vulnerables necesarios a su rol de espiritista. Mientras que Sandra Viggiani y Alicia Casares están a la altura de su oficio con los histriónicos personajes que les toca interpretar.

En cuanto al diseño del dispositivo escénico, a cargo del propio director, con realización de Álvaro Benavente; los bastidores que van dando diferentes formas a los múltiples espacios en que transcurre la historia, no siempre funcionan a nivel climático. A esto se suma la desventaja de que por momentos, se percibe a los actores demasiado preocupados en no tropezar con algunos de esos marcos durante las entradas o salidas de escena.

El resultado final es el de una obra que no termina de explorar las diferentes capas del material que tiene entre manos. Esta versión de El pánico cumple como comedia sobre la codicia, pero no termina de hacer pie en los aspectos más tóxicos y pesadillescos de un texto frondoso, cuya matriz está trazada entre la desmesura y el trance multidimensional.

El pánico obra

Ficha técnica

EL PÁNICO

DIRECCIÓN GENERAL: VÍCTOR ARROJO

ELENCO: MARIELA LOCARNO-LULI BATTISTINI-DAVID MAYA-SANDRA VIGGIANI-HERNÁN ORTIZ BANDES-MIRTA RODRIGUEZ-VERÓNICA MANZONE-LUISINA GONZÁLEZ-ALICIA CASÁRES-AILÉN DÍAZ-MELISA LARA-MAU FUNES-LAURA BAGNATO-LICIA KÛHNE

MUSICA ORIGINAL: ABALLAY

DISEÑO DISPOSITIVO ESCÉNICO: VICTOR ARROJO

REALIZACIÓN DISPOSITIVO: ÁLVARO BENAVENTE

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: DAVID MAYA/ VICTOR. ARROJO

OPERADOR TÉCNICO : ITTA SACALVINI / JANA VIEYRA PAZ/ SARA ARROJO

FOTOGRAFÍA: EDUARDO DOLENGIEWICH

DISEÑO GRÁFICO: CAROLINA CLAVIJO

ASISTENCIA DE PRODUCCIÓN: SARA NOEMI ARROJO

ASISTENCIA DE DIRECCION: AILEN DIAZ

FOTOS: JONATHAN PHOTO-ART SAYAGO PARA ENTERARTE MENDOZA

PRÓXIMA FUNCIÓN: SÁBADO 17 DE JUNIO A LAS 21:30 EN LA SALA ARMANDO TEJADA GÓMEZ DEL ESPACIO CULTURAL LE PARC

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21 de junio de 2018 | 08:29
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