opinión

Odio: El deseo de vengar el amor

Es el sentimiento más negativo que un ser humano pueda experimentar en su vida, porque con él desea el mayor mal posible.

Odio: El deseo de vengar el amor

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

El odio es aquel sentimiento de aversión y rechazo muy intenso, que una persona siente hacia alguien o algo. Es el sentimiento más negativo que un ser humano pueda experimentar en su vida, porque con él desea el mayor mal posible.

La mente, las emociones y el cuerpo están comunicados.Con el sólo hecho de nombrar la palabra odio, se nos representa la imagen del rostro constreñido, enrojecido, con los dientes apretados de rabia.Un afecto cargado de bronca, resentimiento, furia y hasta deseos de destrucción de la persona que causó malestar. Cuando hay odio, se liberan sustancias como la adrenalina, cortisol y prolactina; mientras más tiempo se secretan, más daño sufre el sistema inmunológico y más susceptible queda el organismo.La presión sanguínea y el ritmo cardíaco tienden a elevarse, suelen aparecer afecciones del sistema digestivo y la atención se distrae del presente, por mencionar sólo algunos síntomas.

En el folklore popular, se define al odio como el sentimiento opuesto o contrario al amor. Pero nada más lejano, claramente el amor y el odio son dos caras de una misma moneda. Pues de la única manera que el odio puede hacerse presente es porque el amor aún perdura.Por lo general el odio es despertado por personas consideradas verdaderamente importantes, que movilizan emocionalmente, sino sería indiferente cualquier acción que ésta emita.Una persona no puede sentir odio por quien no tiene ningún sentimiento profundo, genuino y basado en el cariño, amor o ternura. Podemos afirmar entonces,que el opuesto al amor sería la "indiferencia", ya que es la muerte de todo sentimiento.

Generalmente el odio está asociado al sufrimiento.Cuando el sentimiento amoroso se enfrenta a una serie desafortunada de hechos dañosos (engaños, traiciones, faltas severas de respeto, cambios profundos en el trato cotidiano, estafas económicas o morales, por nombrar ejemplos), un conflicto comienza a sucederse entre razón y emoción. Mientras la primera dicta la clara sentencia de saberse traicionada y herida en su orgullo, comprendiendo a duras penas que ha sido vapuleada y asestada con un puñal carente de valores;la emoción sólo puede expresar una confusión de sentimientos que incesantemente van del amor ciego al odio visceral.Cuando no se puede renunciar al genuino sentimiento profundo y fuertemente aferrado, producto de los años, las vivencias y lo invertido afectivamente; es donde el odio, como el representante vil del amor, hace su protagónica aparición, manifestando repulsión, asco y un fuerte deseo, casi destructivo, hacia la persona que causó dolor.

Vemos que "Del amor al odio sólo hay un paso", no sólo en el refrán sino también en el cerebro. Ambos sentimientos comparten estructuras, según un estudio llevado a cabo por Semir Zeki;el odio se origina en las mismas áreas donde nace la pasión amorosa y activa algunas regiones del cerebro comunes al enamoramiento. El odio transcurre por una red neuronal única, aunque comparte estructuras cerebrales con el amor, en una semejanza mayor que la presentada con cualquier otra emoción.El amor y el odio son pasiones que pueden conllevar actos irracionales y agresivos.Pero el odio no siempre es irracional. A diferencia de lo que ocurre con el amor, que inhibe gran parte de la corteza cerebral, donde se procesan las ideas racionales; en el odio estas regiones están activas, posiblemente para calcular o procesar mejor las acciones destinadas a dañar a la persona que se odia."La venganza es un plato que se sirve frío" advierte en este sentido otro refrán.

Cuando el deseo destructivo toma la forma de "sed de venganza", la persona herida, traicionada, víctima del desamor o de un trato miserable, se siente en el fondo de los más oscuros abismos. Pero como dice Alejandro Dolina en uno de sus textos, "la venganza es imposible". Explica que la imposibilidad de tal acto se encuentra en una sustancial contradicción: el deseo de venganza se asienta en lograr dañar a esa persona que causó dolor, pero para poder lograr su plan, primero debe munirse de un poder que se ha perdido(sintiéndose en inferioridad de condiciones) y por tanto debe esperar el momento de fortalecerse para llevar a cabo su acción. Pero he aquí donde surge la paradoja.Una vez logrado empoderarse y erguirse fuerte frente a su victimario, el deseo de venganza decae, ya que no lo considera necesario, porque ha perdido importancia.

Odiar y desear venganza, no es otra cosa que abonar el terreno con tóxicos donde no florecerá absolutamente nada. Biológicamente hablando, fomentar con películas racionales el deseo de venganza, urdiendo planes y maneras más o menos cinematográficas, generará descarga de sustancias químicas en nuestro organismo que decantaran en mayor estrés, angustia y ansiedad, perjudicando nuestra salud. Psíquicamente nos encontraremos en escenarios plenos de sufrimiento, aumentando recursivamente como una rueda, la existencia de más odio. Y decantando en otros sentimientos como el rencor y el resentimiento.

Odiar sin tener en cuenta las consecuencias, es congelarse y detenerse en el camino del crecimiento y evolución.Es un acto de desprecio por uno mismo, en pos de una aparente razón con pocas razones que la justifiquen.Es enfrentar de manera Quijotesca molinos de viento, absurdos de batallas.En ocasiones, es de sabios recoger amarras y estar dispuestos a recorrer nuevos mares, antes que resistir inermes los azotes de tormentas en las que nuestro lugar fue borrado invariablemente. El odio es sinónimo de impotencia, un mero manotazo de ahogado en el despecho; que lejos de la consabida búsqueda del "dulce sabor de venganza", indefectiblemente deja un gusto amargo. Porque el precio final se paga, ni más ni menos que, con la salud. No hay acto más sublime que querer, amar y sentir profundamente por otra persona, asumiendo el posible riesgo de quedar a la vera del camino, sin el meritorio lugar que osamos desplegar en la vida de alguien. Pero jamás a cualquier precio, ni mucho menos rebajándose al miserable desprecio de odiar por aquello que perdimos. El odio y la venganzanos dejan amarrados a lugares que ya no nos pertenecen, volviendo recursivamente en un intento de castigo inútil a ese ser que nos destronó sin más.Por lo que ante las afrentas de la vida, sus "injusticias" y vaivenes, hay que saber aceptar, saber perder y marchar a tiempo, preservándose con entereza. Retirándose con la frente alta, invicto de orgullo y glorioso de ser poseedor de profundidad afectivay de un responsable amor propio.

Opiniones (1)
20 de mayo de 2018 | 07:50
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20 de mayo de 2018 | 07:50
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  1. "...ante las afrentas de la vida, sus "injusticias" y vaivenes, hay que saber aceptar, saber perder y marchar a tiempo, preservándose con entereza. Retirándose con la frente alta, invicto de orgullo y glorioso de ser poseedor de profundidad afectiva y de un responsable amor propio..." Fantástico...Excelente...
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