opinión

Marcelino Altamirano y la cama 5

El abogado Carlos Varela Álvarez conoció a Marcelino Altamirano en la cárcel. Repasa aquí su historia y brinda por su recuperación.

Marcelino Altamirano y la cama 5

En la última conversación que tuvimos en su casa antes que lo internaran, Marcelino me contaba de su vida. A los 9 años se fue por primera vez en tren a Buenos Aires, se bajó en Retiro y lo más cerca que le quedo fue la Villa 31. Me dijo que un lustrabotas joven lo miro con compasión y lo invito a comer en un bar de dudosa reputación, Cuando terminaron su nuevo amigo le dijo "rajemos", fue su primer escape en tierras de la capital. Vivió allí por un tiempo y volvió a Mendoza pero como le gusto la vida de polizonte se fue varias veces hasta que lo internaban en los centros juveniles y de ahí se iba los veranos y regresaba los inviernos.

Más grande formó bandas no de música sino de pistoleros, así fue que conoció bancos y cajas fuertes. Un poco más adelante andaba detrás del cura Mugica, de quien me dijo una vez pudo conocer su casa.

Así entre rejas, jueces, compañeros de caño y boquete Marcelino Altamirano fue creciendo y sufriendo la vida en las cárceles.

Lo conocí en los fines de los 80 en Mendoza, porque estaba haciendo una huelga de hambre en la cárcel de Boulogne Sur Mer y se había cocido la boca.

El tiempo pasó para el como para todos pero hubo un personaje que se cruzó en su vida que lo hizo cambiar: Jorge Contreras, el cura párroco de la cárcel, el sereno del Barrio La Gloria, el intelectual de Lavalle.

Hicieron una dupla memorable en favor de los presos, las desigualdades, la niñez en peligro y pusieron a Dios de su lado.

Marcelino luego crearía con él Puente Afectivo un proyecto casa para chicos descartables, los que nadie quiere recibir, los de la resaca del abandono, golpes, droga y alcohol. Ahí crecieron, se formaron, se casaron, le dieron nietos y diplomas, mucho más que la limosna de los gobernadores e intendentes de turno.

Marcelino tiene cáncer de pulmón y ahora un ACV que lo tiene postrado en un hospital público, por suerte entre las pocas cosas que consiguió fue la Obra Social que lo protege y por qué no decirlo, gracias a haber sido empleado de la Municipalidad de la Capital.

Nadie sabe cómo será su mañana de Marcelino pero seguramente mucho más duro y débil con muy poco viento a favor.

Quedará ahí su legado, su leyenda, su bigote grande y su sonrisa desdentada amplia.

Me dijo que no quería este final, en cama, quieto, sin diálogo, sin horizontes, creo que tampoco lo merece, porque ha dado mucho más que lo que recibió.

No podría en este año que termina alzar una copa sin pensar en el aire que le falta y dedicar al menos estas palabras para aquellos pasajeros que como pocos y de a poco caminan a la eternidad.

Opiniones (4)
19 de abril de 2018 | 07:48
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19 de abril de 2018 | 07:48
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  1. Marcelino pagó su deuda con la sociedad ( conocemos cientos que andan sueltos, son millonarios y siempre festejan) y devolvió con trabajo social y tareas muy nobles. Se merece un reconocimiento.
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  2. Habemos muchos que vamos a terminar sin reconocimientos ni columnas laudatorias en los medios pero sin haber asaltado, robado ni matado a nadie.
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  3. La acción en favor de los desprotegidos, genera una falsa aprobación de la sociedad. "Saquen al paralitico de adelante mío, que no soporto el dolor" (o el olor) Rendir homenaje a un incorrecto político lo enaltece Ojala sirviera para que existan acciones y no lengua, para el prójimo
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  4. excelente nota, como todo lider social honesto no tendra los funerales suntuosos de los garcas que destruyen las sociedades pero tiene la posibilidad de haber disfrutado de sus bellisimas palabras en vida eso no tiene precio dr.CARLOS VARELA ALVAREZ.dios los bendiga a ambos
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