opinión

Navidad: celebración de la palabra

Navidad: celebración de la palabra

 El centro de la fe cristiana no es la mera "manifestación" de un ser pre-existente, sino la "encarnación" de Dios.El cristianismo superó el "docetismo": Jesús "aparecía" (pero no era) humano. También superó al gnosticismo: la vida de Jesús valdría sólo como "enseñanza", no como historia real y salvífica. Todos los autores del N.T. presentan a Jesús como "Hijo de Dios", sólo Juan presentado la "carne" de Jesús como presencia histórica del Hijo eterno de Dios. Siendo eterno en sí, Dios, se ha hecho temporal. Recuerdo un texto del magisterio: "Cuando san Pablo habla del nacimiento del Hijo de Dios lo sitúa en « la plenitud de los tiempos » (cf. Gal 4, 4). En realidad el tiempo se ha cumplido por el hecho mismo de que Dios, con la Encarnación, se ha introducido en la historia del hombre. La eternidad ha entrado en el tiempo".(Tertio Millennio Adveniente, Juan Pablo II, nº 9).

Palabra encarnada (v. 14)

La palabra se hizo carne
y habitó con nosotros,
y vimos su gloria,
gloria cual Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

Este versículo, confrontado con el v.1, abre la segunda parte del prólogo, distinta a la anterior:
Allí aparecía la Palabra en su eternidad, aquí en su modalidad temporal;
allí estaba con Dios, aquí está con nosotros;
allí era Dios, aquí se hace hombre.
Quedan asociados dos términos que parecían excluirse:
la divinidad y la eternidad de la Palabra con la debilidad y la temporalidad del hombre.

La Palabra, al encarnarse, "puso su tienda" (eskénosen) entre nosotros, vivió con nosotros.
El verbo eskénosen alude a la vida de los israelitas en el desierto y hace referencia a la vida nómada, en la que los hombres viven en tiendas, trasladándose frecuentemente de un lugar a otro, dando a entender así que no tenemos morada permanente el seguimiento de Dios "des-instala" siempre. La metáfora del "seguimiento" es propio de los nómadas (no sedentario), siempre marchando detrás de Dios...
También se puede vincular con la presencia de Yavé, primero en el Tabernáculo (Ex 33, 7-11) y luego en el templo (1 Re 8,10-11). Esta presencia se expresaba con la palabra "shekinah " (morada, habitación), que tiene las tres mismas consonantes que el verbo eskénosen: SKN.
En el tabernáculo se hacía presente Yavé a través de la nube (Num 12,5), la carne de Jesucristo es la tienda donde habita la Divinidad. La Palabra se hizo como nosotros y vivió con nosotros, con toda la humanidad.

El significado de "gracia y de verdad", de las que Jesucristo está lleno, podría estar haciendo referencia a un texto clave de la teología (rostro de Dios) de todo el Antiguo Testamento:
"Señor, Señor, Dios clemente y misericordioso,
tardo a la ira y lleno de gracia y de fidelidad,
que guarda su gracia a mil generaciones y perdona la mal¬dad,
la infidelidad y el pecado" (Ex 34,6-7).

Palabra pre-existente (v. 15)

Juan da testimonio de El y grita así:
Este es del que yo dije:
El que viene detrás de mí
ha sido antepuesto a mí,
pues era primero que yo.

La preeminencia de Jesucristo sobre el Bautista, se debe a su preexistencia, a su existencia eterna, se dice en el Evangelio de Jesucristo:
"Antes que naciera Abrahán, yo soy" (Jn 8,57). Con este "YO SOY" Jesucristo se atribuye el mismo nombre de Dios (Yavé, yo soy) y afirma su eternidad.

Hay también un acento antibautista, situando a Juan por debajo de Jesucristo, contra algunos discípulos que seguían considerando al Bautista superior a Jesucristo.

Palabra generosa (v. 16)

Porque de su plenitud
todos hemos recibido
y gracia sobre gracia.

Este versículo enlaza directamente con el 14. El sujeto de "hemos recibido" es más amplio que el de "hemos visto". Sólo los contemporáneos vieron físicamente a Jesús, ahora el evangelista amplia el horizonte a toda la humanidad y hace constar que todos los que creemos en Jesucristo, somos receptores de su plenitud.
Gracia "sobre" gracia. un cúmulo de gracia que se van sucediendo y sobreponiendo, sin substituirse unas a otras: La sobreabundancia de gracias en la historia de la salvación y que comienzan por la filiación, se deben a la Palabra encarnada. Jesucristo, está lleno de misericordia y de fidelidad ofrecidas a cuantos creen en El.

Palabra pedagógica (v. 17)

Porque la Ley fue dada por medio
de Moisés,
pero la gracia y la verdad vinieron por
Cristo Jesús.

La Ley fue dada por medio de Moisés, un profeta, la gracia ha sido dada por Jesucristo que es Dios;
la ley es una obligación, la gracia un favor;
la ley mata, la gracia vivifica;
la ley tiene un carácter transitorio, la gracia que es un don permanente;
la ley es un norma externa a nosotros, la gracia es un principio personal y personalizante.
La gracia, supera a la ley.

La revelación divina, la Palabra de Dios, tuvo un largo proceso de gestación. Dios la fue haciendo de una manera pedagógica desde la creación.
Se manifestó, a Moisés, el profeta por antonomasia.
Siguió revelándose en la palabra de los profetas y luego de los sabios y de los salmistas.

Palabra exegética (v. 18)

A Dios nadie le vio jamás.
un Dios Unigénito, que está en el seno
del Padre,
nos le ha dado a conocer

Aparece dos veces la palabra "Dios", pero con un matiz diverso.
El sentido es este:
A Dios-La Divinidad-nadie le ha visto.
Un Dios Unigénito-el hijo que es Dios- le ha manifestado.

En algunos textos bíblicos, nadie, en esta vida, puede ver a Dios: "Mi rostro no puede verlo y quedar con vida" (Ex 33,20). En otros texto de la Biblia se habla de unos hombres que vieron a Dios (Num 12,8; ls 6,1: Ez 1,1; Dan 7,9). Pero en estos casos presenciaron teofanías envueltas en imágenes, en símbolos, pues el hombre, no puede contemplar con los ojos de la cara a Dios (= Dios es espíritu = es inmaterial = no se lo puede ver = nuestros sentidos captan lo sensible-material). Ha que aclarar, que "rostro" en hebreo es "persona", en realidad lo que se afirma en la Biblia, es que algunos tuvieron una "encuentro inter-personal" muy hondo.

Jesús es la "exégesis" del misterio de Dios
El Prólogo termina con una referencia al v.1, hablando de la eternidad de la palabra. Comenzó afirmando esta eternidad, ahora envuelve la expresión en una metáfora tomada de la vida ordinaria: nos presenta la Palabra en el "seno" ("kolpon" en griego) del Padre, como la espo¬sa en el corazón de su marido (Dt 28,54-56), como el niño en el regazo de su madre (1 Re 3,20), como Discípulo Amado en el pecho de Jesús (Jn 13,23). La expresión tiene un sentido de intimidad y de ternura. Por eso, Jesús. es el único que conoce al Padre: "Lo mismo que el Padre me conoce a mí, yo lo conozco a él" (Jn 10,15). Lo conoce y lo ha dado a conocer, es la Palabra del Padre, la revelación del Padre.

Jesucristo vino de Dios y, tras cumplir su misión, volvió a Dios: "Salí del Padre y he venido al mundo, de nuevo dejó el mundo y vuelvo al Padre" (Jn 16,28), como la Palabra de Dios, al igual que la lluvia, desciende del cielo y vuelve al cielo después de haber empapado la tierra (Is 55,10-11).

El himno comenzó "junto a Dios" (v.1), ha recorrido el itinerario del Logos en toda la historia, y concluye en el mismo punto: "en el seno del Padre" (v. 18). En el comienzo ha dicho que "el Logos es lo mismo que es Dios" (v. 1), y al finalizar aplica a Jesús el título "Dios" (v. 18).
Otro itinerario similar similar pero más ampliado es que Jesucristo -en el evangelio- se irá revelando como Palabra del Padre, hasta llegar al final en el que el discípulo (Tomás) lo reconocerá como "Señor" y "Dios" (20, 28).
Esta es la gran "inclusión" del Evangelio de Juan: abre y cierra proclamando que Jesús Dios.

Actualizaciones
a partir del Prólogo de Juan:

1) Para aparecerse Dios en la historia, "dejó su majestad a las puertas" (R. Guardini). No se manifestó en poder, porque su verdad más intima, no es el poder, sino el amor encarnado (sarx = fragilidad).

2) En la Encarnación, se ha revelado definitivamente que Dios no existe sin el hombre, ahondando afirmamos, que Dios no ha querido existir sin el hombre, sino con él y para él.

3) Las religiones han sido TEO-céntricas, en cambio, en el cristianismo es a la inversa hay que ablar de ANTROPO-centrismo, pues la verdad de Dios es su filantropía: "Cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su Amor a los Hombres" (Tito 3,4).
Viene a cuento, recordar -en este contexto- la tentación de Moisés en el desierto, cuando pueblo peca gravemente (con el Becerro de oro), Dios lo invita a abandonar al pueblo pecador y a quedarse con la divinidad. Pero, Moisés entre la alianza con Dios y el amor a su pueblo, opto siempre, por el ser humano. En a encarnación, podemos decir algo similar, Dios no ha quedado "encarcelado" en su misteriosa divinidad, sino que se manifestado, nos ha salido al encuentro.

4) El magisterio eclesial: dos textos breves:

Gaudium et Spes nº 22.

"El misterio del hombre sólo se "esclarece" en el misterio del Verbo encarnado. (...) Cristo (...), en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta "plenamente el hombre al propio hombre" y le descubre la sublimidad de su vocación.

Redemptor Hominis (nº 10)

Juan Pablo II:

"Ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo. Este estupor justifica la misión de la Iglesia «en el mundo contemporáneo».

5) Navidad y ecologismo

Los biógrafos del santo de Asís, hablan de la "ley especial" de Francisco: el día de navidad todo han de comer en abundancia, los animales y los pobres: hay que ser bueno, filántropos.

¡Saludos cordiales!

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24 de mayo de 2018 | 09:09
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