opinión

Balance de fin de año: una injusta reflexión

Con la reflexión se alcanza un mayor conocimiento de nosotros y de nuestra realidad personal. Esto se pone en evidencia en la mayoría de nuestros actos.

Balance de fin de año: una injusta reflexión

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

La capacidad de razonar consiste en relacionar diferentes ideas hasta llegar a una conclusión o idea final. Dentro de ella se halla la Capacidad de Reflexión, como ese proceso de pensar sobre el propio pensamiento, de repasar sobre las propias decisiones, en definitiva, la capacidad de introspección. Mientras se descubre que hay modos de comunicación y aprendizaje en todos los animales, se sabe claramente que la reflexión es propia del dominio humano.

Con la reflexión se alcanza un mayor conocimiento de nosotros y de nuestra realidad personal. Por un lado, obtenemos un mayor conocimiento de nuestra personalidad; manera de ser, rasgos principales de nuestro carácter, gustos, preferencias, etc. y, por otro lado, tenemos más claro nuestros proyectos personales, propósitos, objetivos y metas. Sin embargo, existe una variabilidad humana notable, de este rasgo, entre las personas.

Esta capacidad se pone en evidencia en la gran mayoría de nuestros actos. Pero "fin de año" nos invita especialmente a poner la mirada de un modo retrospectivo, ya que es una época que supone cierre y "balance". Una balanza que nos indica si tenemos saldo a favor o deudor, de lo vivido los últimos doce meses. Valuando qué hemos logrado, desacertado y aprendido. Un balance entre lo que tomamos y mantenemos, y lo que soltamos dejando ir.Lo hacemos a partir de reediciones de momentos, recortes que se realizan en forma totalmente arbitraria; para juzgar parados en nuestro aquí y ahora, actos, pensamientos y emociones de tiempos pasados, como quien juzga lo realizado el viernes con el diario del lunes siguiente.

Hacer este tipo de "arqueo", a días que termine el año, suele ser algo poco objetivo y muchas veces injusto. ¿Qué parte tomamos? ¿Los últimos o los primeros meses? ¿Momentos aislados o el todo con sus partes? ¿Las cosas positivas o negativas? Una forma de ver la realidad por el ojo de una cerradura recortada según el ánimo del momento. Cada situación pasada, será evaluada con los elementos del presente. Una mirada descontextualizada y sesgada, ya que cada decisión tomada, fue realizada en un contexto único, limitado de opciones, decidiendo por la mejor que creímos conveniente mientras sucedía, o simplemente lo mejor que pudimos hacer, con los recursos con los que contábamos en ese momento.

Somos presa de parcialidades, de meras interpretaciones de la realidad. Decimos que "estamos cansados porque es fin de año". Como si el cansancio supiera de fechas. El cerebro no entiende de calendarios. Solo dará aviso o alarma de agotamiento, cuando lo considere necesario. Y será menester responder,oportunamente, dicho mensaje. Pero si creemos que quince días de vacaciones al año será el gran regocijo del alma y el cuerpo, pues estamos errados. Habrá que construir merecimientos mucho más finos, frecuentes y continuos, que hagan rever que los balances cotidianos son más valiosos que una larga lista, escrita durante el año, y destinada a revisar en diciembre.

Diariamente y sin darnos cuenta, reflexionamos sobre lo que nos va sucediendo, como una forma de revisar lo que nos acaba de ocurrir. No mirar el camino transitado, las experiencias vividas, las decisiones tomadas, sería algo así como no progresar. No aprender ni evolucionar. Sin embargo, en el polo opuesto, hacer una autocrítica milimétrica de cada paso, juzgar cruelmente cada hecho vivido y cada instancia atravesada, no hará otra cosa que considerar la vida como un barril sin fondo, que no se llena jamás de sentido.Ambos extremos, no hacen otra cosa que apartarnos de una verdadera "capitalización de la experiencia".

Esta última etapa del año es muy especial. Sensibiliza, moviliza y nos pone más del lado de lo afectivo que de lo racional. Nos enfrenta con la idea de límite, nos hace ser más conscientes que los momentos no son eternos, que la vida es finita y que transitamos,sucesivamente, por ciclos que comienzan y terminan. Los últimos días del año, tienen la particularidad de poner los afectos a flor de piel. Intentar dar una mirada intelectual con el corazón en la mano, suele ser más una confusión que un acierto. Las fechas vienen con recuerdos. Días que transcurren en una montaña rusa de emociones. Pasamos de los festejos interminables a las lágrimas desbordantes. Se recuerdan las pérdidas, los ausentes y los olvidados. Tanto como se festejan los buenos motivos, los pequeños y los grandes. Las personas que se sumaron a nuestras vidas. Los proyectos y las concreciones.

Por lo tanto, si hemos de hacer un"balance de fin de año", dada la enorme subjetividad de las fechas, pues que sea "errando conscientemente". Contabilicemos las vivencias positivas, sumemos los momentos agradables y atesoremos los espacios compartidos. Para aprender de lo negativo, está cada experiencia en lo puntual, intrínseco y momentáneo de ella. Pero si lo que queremos es una repaso integrador, global y completo, es más provechoso poner lo bueno sobre lo malo. Haciendo honor a la decisión de recortar, considerando aquello que nos da la fuerza para seguir, mejorar y crecer. En este ensayo interminable que es la vida, no dejamos de aprender nunca. Por tanto, si son momentos sensibles, pongamos la mirada sobre lo que nos llena, gusta y potencia. Porque esos serán nuestros lados fuertes, nuestra tierra firme sobre la cual pararnos para revisar aquellos otros aspectos sobre los que hicimos agua. No nos ahoguemos en las frustraciones de lo no alcanzado, porque los momentos pasan pero la vida continúaPongamos en el Pino de Navidad, imágenes con lo que éste año nos ofreció como "regalo de la vida", de los esfuerzos propios o de la bondad ajena. Que sea un balance positivo desde la idea de sentarnos a reflexionar. No se trata de negar lo doloroso. Sino de hacer una pausa y decir: la vida sigue teniendo grandes razones para festejarla y hacer de ella un homenaje cotidiano, día a día, atravesando las tormentas que vendrán.Porque estando vivos aún tenemos posibilidad de alcanzar nuestros objetivos, sabiendo que el sol saldrá el 1 de enero, así como lo hizo el 31 de diciembre. 

Opiniones (1)
24 de mayo de 2018 | 00:34
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24 de mayo de 2018 | 00:34
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  1. Excelente artículo. Una gran verdad expresa el párrafo "como quien juzga lo realizado el viernes con el diario del lunes siguiente", sin menoscabar los demás conceptos volcados.
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