opinión

Soledad: un estado tan abrumador como necesario

Alrededor de la soledad existe toda clase de mitos, que generalmente tienden a echar más leña al fuego del malestar.

Soledad: un estado tan abrumador como necesario

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Se dice que los únicos lugares en los que estamos verdaderamente solos, es en el canal de parto yen el cajón de muertos. Sin embargo, el "sentimiento de soledad", es un estado muy común en nuestros días, que se define psicológicamente como la ausencia real o imaginaria de relaciones satisfactorias, tanto íntimas como sociales, que tienen un impacto en la salud física y mental.

La soledad como estado constante es una instancia mental muy dolorosa, que poco tiene que ver con cuántos nos rodeen, provocando una sensación de vacío interior profundo. Este sentimiento es el resultado de creencias, que se construyen, y valoraciones que se realizan, acerca de nuestra situación emocional y contextual. Tiene que ver con "percepciones" del entorno, acompañadas de expectativas y significados atribuidos. Alrededor de la soledad existe toda clase de mitos, que generalmente tienden a echar más leña al fuego del malestar.

Nos organizamos en comunidades con una cercanía superlativa. Conforme la humanidad evoluciona, nos conectamos con más y más personas. Si bien estar conectados no significa literalmente estar comunicados y tampoco estar acompañados. El ser humano es un ser social por naturaleza, que para sobrevivir necesita de otros. Nadie puede prescindir de los demás en forma permanente; es una necesidad psicológica sentirse parte de un grupo, donde poder compartir intereses, preocupaciones, sentimientos y opiniones. Un eco donde poder escucharse y un reflejo donde poder verse y sentirse. Los seres humanos desde pequeños necesitamos el amparo y amor de mamá y papá o referentes que nos cuiden; de adolescentes requerimos de nuestros amigos y de jóvenes, nuestra pareja se vuelve importante para que cubra esas necesidades afectivas y de protección.

Pero por más vínculos que establezcamos de amigos, pareja, familia, etc. nadie escapa a esos necesarios momentos de soledad en la vida.Lamentablemente, en nuestra cultura y sociedad, la soledad parece ser algo negativo. Una especie de enfermedad o estigma que marca una cualidad poco valorada cuando no despreciada,generando un sentimiento vergonzoso en quien la experimenta. Demasiados prejuicios sociales, que lo único que logran es poner más peso del que ya la realidad trae, a quien ostenta el título de "estar solo".

A veces de manera decidida y otras inesperadas, la soledad como estado transitorio, no es más que una vital y necesaria condición para crecer. Muchas veces es bueno recorrer ciertos caminos en soledad y el camino interior sólo se hace posible en solitario. Cuando se puede hacer todo lo que se quiere, se piensa y se anhela, no se trata de soledad, eso se llama libertad. En este sentido,la soledad puede ser la mejor compañía, pero también, cuando no sabemos qué hacer con ella, nos hace sentir aburridos y vacíos, transformándose en una verdadera tortura.

Podemos decir entonces que, en determinadas situaciones puntuales, "soledad es estar solo sin quererlo".Se puede estar solo por elección, por condición, o por consecuencia. Hay quienes prefieren su ser a un tercero, y otros sufren la consecuencia de haber sido objeto del desamor, en esta circunstancia la soledad tiene el ensordecedor ruido del silencio, la presencia visible de la ausencia o el amargo sabor del duelo.

La condición para amar a otra persona, es primero amarse a uno mismo, y la condición de saber estar con otro, es primero saber estar solo con uno mismo. Entonces es cuando la compañía es una cuestión de elección y no de necesidad. Conocernos, sabernos, complacernos, reconciliarnos con todo aquello que no nos gusta y posicionarnos en el autoconocimiento constante; sin asustarnos de la propia compañía. Aprender a estar solo es imprescindible para saber lidiar con la independencia, toreando la impulsiva abstinencia de necesitar "alguien" que apague la hoguera de "nadie alrededor".

Estar solos no se debe vivir como una amenaza, no es una peste ni un deshonor. Estar solos implica un acto de valentía, de osadía y de voluntad. Un estado de equilibrio interno, que aportará a las arcas de la autoestima, la valía de uno mismo y la posibilidad de "domar" la imperiosa necesidad de correr a los brazos de alguien. Pero con la idea que sea una etapa, un puente, una mera instancia que nos dé la posibilidad de llegar a la otra orilla. Un recorrido de crecimiento y superación personal.

En definitiva, la soledad tiene dos caras. Por un lado es una cruel compañera que nos deja desnudos en medio de un desierto, poniendo a la vista nuestras propias desventuras, que serán las heridas a limpiar. Y por otro lado, una fiel amiga que nos acompañará transitoriamente,tan sólo para enseñar a mirarnos, sin caer en la miserable victimización de las circunstancias. Si hemos de estar solos, que sea el trampolín desde el que saltemos a una nueva forma de vivir. Con el orgullo de sabernos solos, pero rodeados de posibilidades. Solos, pero construyendo nuevos significados. Solos, pero fortaleciéndonos para las próximas e inevitables tormentas. La soledad es la "llave maestra"para obtener la libertad, demos lugar, espacio y bienvenida a su presencia. Sabiendo que estará de paso, como un huésped que viene, deja su enseñanza y se va. Pues la soledad es el imperio de la conciencia, la gran talladora del espíritu, una nodriza de la sabiduría; que nos pulirá como un brillante, para sacar a relucir nuestras mejores facetas.

Opiniones (1)
22 de agosto de 2018 | 04:59
2
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22 de agosto de 2018 | 04:59
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  1. Es una adicción donde se aloja el estado de bienestar y paz!
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