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Mendoza: un gran paso adelante. Los Pumas: caídas por varias causas

El subcampeonato argentino de Mendoza reconforta y da esperanzas. La contracara fueron los Pumas, con una actuación triste y preocupante.

Para los mendocinos el rugby nos mostró dos caras absolutamente contrarias. El seleccionado local finalizó un Campeonato Argentino en la mejor ubicación en muchos años. Esta fue la cara reconfortante y esperanzadora. No sólo la ubicación fue importante, sino el espíritu y el juego brindado por el equipo que pueden y deben ser un espejo y guía para todos los equipos de clubes de Mendoza. El desempeño de la selección y su nivel fue infinitamente superior al juego que cada fin de semana presentan los equipos de clubes. Son los jugadores del equipo subcampeón quienes pueden liderar el crecimiento en cada uno de sus clubes. Y la posibilidad primera esta cercana. Los torneos nacionales de clubes se disputan a principios de año. Ahí se puede testimoniar, con el simbolismo y el juego de los subcampeones, el ascenso posible y deseado de los equipos mendocinos.

Perfectamente, Mendoza pudo ser campeón. No vamos a señalar alguna debilidad ni puntos a mejorar, porque en un torneo parejo y con todos los jugadores fatigados luego de una extensa temporada, el equipo local plasmó el juego más fresco, ofensivo y completo del torneo. Sólo el infortunio, con Buenos Aires, y el único partido flojo y donde afloró alguna debilidad de carácter, con Córdoba de visitante, le impidieron ser campeón. Hubiera sido merecido. Felicitaciones y que su logro impregne el juego y espíritu de los clubes locales. Se necesita y les daría ímpetu y calidad necesarias para el rugby actual.

Los Pumas son la contracara triste y preocupante de la alegría y esperanza que nos dejó Mendoza.

La situación es multicausal y comprende a dirigentes, management y cuerpo técnico especialmente. Los jugadores son victimas y también villanos.

Dirigentes de escaso vuelo, con prohibiciones insólitas que impiden a jugadores no contratados por la Unión Argentina integrar el seleccionado nacional, privan de su participación a numerosos jugadores de calidad. También un calendario extenso y duro, afrontando con los mismos jugadores el Súper Rugby, el Rugby Championship y las ventanas de junio y noviembre, finalizó con lesionados numerosos y jugadores agotados física y mentalmente. Se mezcla con ello la voracidad monetaria del management. Los Pumas resignaron la localía con Australia por dinero para jugar en Inglaterra. Extenso viaje y cambio climático perjudiciales, similar a la peregrinación a Japón, previo a los tres duros partidos en las islas británicas, que finalizaron en derrotas. Negocios privilegiando el juego.

El cuerpo técnico completo ha quedado al borde del precipicio. Reiteración de errores básicos, obstinación en desplegar juego desde cualquier lugar del campo, aún en condiciones claramente negativas para intentarlo, falta de orden defensivo y de jugadores con tackle decisivo de última instancia, Cordero es un ejemplo, son sólo algunos de los puntos en el debe de los entrenadores. También se observa una situación de aparente falta de respuesta entre los técnicos y el plantel.

En cuanto a los jugadores, profesionales de tiempo completo, y de calidad y espíritu fuerte la gran mayoría y con el atenuante de la gran carga física a la que fueron sometidos, también se les puede cargar con responsabilidades que pudieron evitar.

El aumento de la indisciplina y la falta de autocontrol son inadmisibles en jugadores de ese nivel. Amarillas en todos los partidos y por reiteración de infracciones evitables, más expulsiones, fueron fotos indeseadas en blanco y negro de inconductas perfectamente evitables. También resultaron inexplicables los reiterados errores individuales e incluso de unidades que se sucedieron partido a partido. Los dos medioscrum rara vez sirvieron con justeza a la salida de las formaciones. Un exquisito jugador como Hernández, ya en su etapa final, cometió errores claves con el pie y en la distribución del juego. La primera línea nunca demostró formar con solidez técnica y fue numerosas veces penalizada por derrumbes.

El último tackle, decisivo y salvador de try en contra, estuvo ausente en algunos jugadores. El lanzamiento en el line out osciló y en varias ocasiones finalizó en pérdidas de posesión evitables y hasta en try en contra. No seguiremos abundando en errores, porque la gran mayoría de los jugadores tienen temple, bravura y condiciones para corregirlos y evitarlos. Pero es necesario que lo comprendan y se propongan firmemente a hacerlo.

Hace falta oxígeno que dé fuerza e ilumine, ampliar la cantidad de jugadores y dirigentes que sirvan el juego desde su más profundo espíritu, con pragmatismo pero sin codicia y con clara y necesaria voluntad de autocrítica y apertura, lejos de toda soberbia.

Finalizamos con la alegría que nos dejó el seleccionado mendocino y con la voluntad y la esperanza que su juego y espíritu iluminen el juego de los miles de jugadores, desde niños hasta adultos, que todas las semanas llenan las canchas de la provincia.

¡Salud, jugadores subcampeones!


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19 de junio de 2018 | 08:08
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19 de junio de 2018 | 08:08
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