opinión

Colombia, el nuevo acuerdo de paz con las FARC

Colombia, el nuevo acuerdo de paz con las FARC

El texto del nuevo acuerdo de paz, al que el jefe negociador del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, calificó de "mejor"[i] que el anterior, es decepcionante en cierto sentido.

El sábado 12 de noviembre se anunció en La Habana el nuevo texto de lo acordado entre el gobierno colombiano y las Farc, luego de receptar las pretensiones de los partidarios del No, ganadores en el plebiscito del 2 de octubre pasado.

Luego de cuatro años de negociaciones en La Habana, se había llegado a un acuerdo realmente amplio, abarcador de no solamente lo relativo a la guerra (desarme, entrega de las armas, reparación de las víctimas, justicia transicional, tribunales de justicia, etc.) sino que también hacía referencia como ningún otro documento de su índole, a la necesidad de tener en cuenta los derechos de las minorías, tales como las comunidades afrodescendientes, y de las comunidades LGTBI, que también sufrieron atrocidades a consecuencia del conflicto. Era un documento único, completo, ambicioso por los objetivos que se fijaban y, además, tendría rango constitucional al ser incorporado a la ley fundamental colombiana.

En el plebiscito del 2 de octubre se impuso el No, aunque por una diferencia mínima. A partir de ahí se sucedieron reuniones frenéticas entre el gobierno y los emisarios del No, en el Palacio de Nariño primero y en La Habana después. Empoderados por la victoria alcanzada y alimentados por sus apetencias políticas, los recalcitrantes Uribe, Alejandro Ordoñez (ex procurador general de Colombia) y los anacrónicos pastores evangélicos, acercaron al gobierno sus planteos. Los primeros exigían, entre otras cosas, verdaderas penas restrictivas de la libertad para los autores de delitos graves, que las Farc entregaran sus bienes para reparar a las víctimas del conflicto, que fueran los tribunales ordinarios los encargados de administrar justicia (no tribunales compuestos por jueces extranjeros), que se vedara la representatividad política de miembros de las Farc en el congreso, etc. Los segundos, haciendo gala del más exacerbado anacronismo, veían en el ‘antiguo' texto del acuerdo un ‘peligro' para la familia tradicional y las buenas y sanas costumbres. Estos guardianes de la moral colectiva pretendían que se eliminara directamente cualquier referencia a la llamada ‘ideología de género' que, según ellos, campeaba a lo largo y ancho del texto del acuerdo y que, según su opinión, abría las puertas al matrimonio igualitario, la adopción igualitaria, al aborto, etc.[ii]

Así las cosas, luego de cuarenta y dos días de negociaciones, el 14 de noviembre se dio a conocer el nuevo texto que introduce cincuenta y seis de las cincuenta y siete modificaciones solicitadas por los representantes del No.

No es el objetivo de este trabajo analizar todas y cada una de las modificaciones introducidas sino que haré referencia sólo a las más importantes.

Para empezar, cambió el preámbulo. El texto anterior era un resumen de ambiciosas metas impregnadas de un profundo espíritu humanitario, que me llevaron a sostener oportunamente que el acuerdo de paz significaba una verdadera refundación de la república[iii]. Aquel preámbulo establecía que el acuerdo de paz sería incorporado a la constitución nacional. El nuevo acuerdo aclara que no tendrá rango constitucional, pero que su implementación estará bajo el control de la corte constitucional y que su refrendación estará a cargo del congreso de la república (no mediante referéndum popular como el anterior).

En materia de reforma agraria se incluía solamente a los campesinos en situaciones vulnerables como sujetos de la ayuda estatal. El nuevo texto incluye también a agricultores y empresarios.

El texto modificado refiere expresamente que bajo ningún concepto se afectará a la propiedad privada y que las expropiaciones y extinción de dominio que sean necesarias para el Fondo de Tierras se harán según la constitución y las leyes.

Participación política: En este punto, la única observación del No y que para el gobierno no era negociable fue el de la elegibilidad para miembros de las FARC desmovilizados. ¡Cómo era posible que delincuentes autores de graves delitos pudieran llegar a ser senadores o diputados!, decían los representantes del No. Para el gobierno este punto era central. Si los desmovilizados no pueden participar en política y tener la capacidad de ser elegidos, el tratado no tenía ningún sentido. Es de la esencia del tratado que los miembros de las Farc tendrán la posibilidad de participar en política (formando su propio partido) a cambio del abandono de la actividad armada. En los próximos dos períodos legislativos las Farc tendrán cinco senadores y cinco representantes a la cámara (diputados) elegidos a dedo. De ahí en más su elegibilidad estará sometida a los votos recibidos electoralmente.

La Jurisdicción Especial para la Paz, es decir, los tribunales que juzgarán a quienes hayan cometido delitos durante el conflicto armado, estarán compuestos por jueces nacionales, aunque se aceptarán especialistas extranjeros en calidad de "amicus curiae". Además, la Corte Constitucional será el tribunal ‘de alzada' ante las situaciones que puedan plantearse en esos tribunales especiales.

Por otro lado se eliminó, lisa y llanamente, toda referencia a la perspectiva de género, dejando así fuera del texto del acuerdo los derechos de las minorías sexuales que, como señalé, también sufrieron verdaderas atrocidades durante los cincuenta años de conflicto armado.

No podía ser de otra manera, el Centro Democrático, con Álvaro Uribe a la cabeza, se oponen al nuevo texto que, dicho sea de paso, ya fue firmado el pasado jueves 24 de noviembre en el remozado Teatro Colón de Bogotá, en pleno centro histórico de la capital colombiana. La ceremonia, a diferencia de la llevada a cabo en Cartagena el 26 de setiembre, fue austera. Sólo asistieron las partes firmantes, el cuerpo diplomático e invitados especiales. Los discursos estuvieron exentos de triunfalismo, tal vez porque se preveía lo que luego sucedió, la recalcitrante derecha ya adelantó que se opondrá, "incluso en las calles", a que el acuerdo entre en vigor.

Si todo sale como Santos espera el texto del nuevo acuerdo entrará en el Congreso el próximo miércoles 30 de noviembre para su refrendación. Santos ya no se arriesgaría a un nuevo referéndum popular, como pretende la derecha, que pudiese echar por tierra, por segunda vez, con más de cuatro años de negociaciones.

Santos está manifiestamente apurado. El escenario internacional está cambiando. Sin los demócratas en el gobierno de los Estados Unidos, Santos teme perder el apoyo incondicional que la Casa Blanca venía brindándole. Tampoco está ya Fidel Castro, anfitrión de las negociaciones de paz de La Habana y quien diera gran respaldo al fin del conflicto armado.

Ahora la discusión en Colombia gira en torno a si el Congreso está facultado constitucionalmente a la refrendación de acuerdos de paz. No obstante ello, el presidente Santos sigue adelante con su plan que, si sale como espera, permitirá que la guerrilla de las Farc haya entregado a las Naciones Unidas todo su armamento en los primeros meses de 2017.

Como vemos, este proceso ha estado lleno de tropiezos y dificultades. Incluso las negociaciones de paz con el ELN, que comenzarían el mes pasado en Quito, Ecuador, están suspendidas hasta tanto el grupo rebelde libere sano y salvo a Odín Sanchez, ex parlamentario, secuestrado desde hace tiempo. La ausencia de pruebas de que está con vida lleva a muchos a suponer que esas negociaciones con el ELN tendrán que esperar mucho más de lo pensado.

Jorge Millán,  abogado


[i] "Mejor" en tanto que contiene gran parte de las modificaciones sugeridas por los representantes del "No" en el plebiscito del 2 de octubre pasado.

[ii] En realidad, el texto original del acuerdo contenía una ‘perspectiva de género' ya que hacía referencia a las mujeres como principales víctimas del largo conflicto y también se aludía a la necesidad de contemplar los derechos de las minorías sexuales. Pero no puede sostenerse que aquel texto contenía aquella peyorativamente llamada ideología de género.

[iii] http://www.mdzol.com/opinion/695861-los-acuerdos-de-paz-o-la-refundacion-de-colombia/

Opiniones (3)
26 de mayo de 2018 | 09:18
4
ERROR
26 de mayo de 2018 | 09:18
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Excelente artículo. Agradezco al articulista por echar luz con rigurosidad y fundamento sobre un tema tan candente.
    3
  2. Muy buen artículo...muy esclarecedor.. .se nota que el Dr Millán sabe del tema... felicitaciones
    2
  3. Muy esclarecedor el artículo...aunque la incorporación al nuevo acuerdo con las Farc de las posiciones del NO... hacen a un sano proceso de debate e incorporación de ideas que anidan en la sociedad colombiana...sin desmerecer las perspectivas más descuidadas como la de género... muy buen artículo..el Dr Millán...demuestra conocimiento del tema... felicitaciones...
    1