opinión

Decisiones: el valor de renunciar

"Muchas veces necesitamos tomar decisiones que duelen al corazón pero tranquilizan el alma", sostienen los autores.

Decisiones: el valor de renunciar

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Si hay algo en esta vida de lo que no podemos escapar, tiene que ver con las "decisiones", ya que de sucesivas toma de decisiones es que vamos construyendo nuestro destino. Steven Covey dice: "no soy producto de mis circunstancias, soy producto de mis decisiones". Y es que la vida nos expone constantemente ante situaciones por resolver, en las que tenemos que dilucidar cuál podría ser la mejor salida. Aparentes "callejones sin salida",frente a los que podemos: paralizarnos sin poder optar por nada, es decir, congelarnos en una quietud agobiante; o por el contrario, tomar una salida tipo "manotazo de ahogado" o "vuelo fatal". Siendo tan perjudicial un extremo como el otro.

Decisiones extremas, seguro nos llevarán a fallar en el intento de solucionar un conflicto. El acto impulsivo, desprovisto de toda razón, nos despoja de nuestro ser y nuestro sentido en los actos, pudiendo cometer el gran error de tomar decisiones permanentes por un impulso del momento; pero por otro lado,paralizarse, no arriesgar, detiene el crecimiento y priva del aprendizaje que ofrece la experiencia. Se dice que "las buenas decisiones provienen de la experiencia, y la experiencia, viene de las malas decisiones"Pues una persona experimentada, seguramente habrá sido alguien que se equivocó y mucho. De alguna manera, de eso se trata el aprendizaje, ya que nuestro cerebro aprende mediante el ensayo y error.

Las decisiones llevan inserta la innegable condición del "riesgo", no hay decisión que venga con garantía. No existe el diario del lunes que nos pronostique con evidencia certera, su éxito ni eficacia. Como tirarnos a la pileta, cuya experiencia solo será descripta luego de zambullirnos. Todo análisis a priori, será una mera aproximación teórica a tal circunstancia, lejos de la realidad que develará la ejecución de la decisión.

Cada decisión tiene su anverso, que es la "renuncia", decidir implica perder y ganar en el mismo acto. Es preciso saber renunciar temporalmente a la seguridad. Es más fácil cuando la balanza se inclina muy marcadamente hacia un lado. Porque el miedo a renunciar a las demás opciones no elegidas, muchas veces nos lleva a no querer descartar nada. Pero no se decide el que todo lo quiere.De hecho, es imposible no decidir, incluso cuando tenemos que tomar una decisión y no la tomamos, eso es en sí mismo una decisión.

Otro aspecto a saber, es que los procesos de decisión no tienen que ver con el tiempo, "el tiempo no decide, las decisiones las tomamos nosotros", el tiempo sólo da espacio para analizar y luego decidir lo que, sentimos, es mejor para nosotros. El proceso de toma de decisión tiene varias etapas que se desarrollan en ese tiempo. Evaluar razones de éxito o fracaso, conveniencia o inutilidad, pros y contras. Descartar las posibilidades que desechamos de plano y consecuentemente, dejar madurar aquella que,sentimos, es la opción elegida. Por último ejecutar o llevar a cabo la decisión tomada. La sensación de paz que llega posterior a una acción, es la verdadera señal que hemos tomado la decisión correcta, que nos deja en un estado de equilibrio emocional que demuestra la coherencia interna.

Para poder tomar genuinas y sanas decisiones en nuestro paso por este mundo, se necesita de la "coherencia" que lleva el sello del pensamiento como razón, el sentir interno como emoción y el ejecutar como acción. Ser lo más coherentes posibles, es un desafío que bien vale muchas penas. Implica ser fiel a uno mismo, no traicionarse, velar por la integridad de nuestras ideas directrices. Y no abandonarnos en el camino, dejando de lado aquello que somos y nos representa: ideas, conceptos, gustos, estilos, formas, valores, creencias y pasiones.El componente emocional tiene un peso e importancia crucial, muchas veces menospreciado y no tenido en cuenta. Pero cuando con la razón no alcanza, esa "corazonada" que nos dice, sin ninguna razón"siento que el camino es por acá", es el verdadero significado vinculado a mi decisión. Ese"sexto sentido" que nos ayuda a elegir desde lo que queremos y no tanto desde lo que debemos. Podemos desear muchas cosas, pero los cambios no provienen de los deseos, sino de ejecutar las decisiones, ir en busca de lo que deseamos y que involucra la acción.

Entonces,a la hora de decidir, si bien algunos caminos podrán ser agrestes, duros y complejos,la fidelidad a nuestro ser no tiene precio. Es preciso pensar, sentir y actuar en un "ser unificado" que, si dejamos que floten, fluyan y se expresen, difícilmente al final del camino, el resultado será equivocado, porque el proceso fue acompañado por una coherencia interna.Y es que cuando nos jugamos y apostamos por nosotros mismos, como una forma de no quedarnos a medio camino, entre la duda y la certeza, así no sea el resultado deseado el arribado al final del camino, nuestra decisión será acertada. Porque uno siempre decide con los elementos de ese momento, limitados, finitos y acotados. El hacer honor al desafío de decidir sin seguridades, en ese lugar que es desconocido, en el que hacemos valer nuestras creencias y nuestro sentir, nos deja la paz de saber que fue la mejor decisión que pudimos tomar "en ese momento". Porque muchas veces necesitamos tomar decisiones que duelen al corazón pero tranquilizan el alma.

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20 de agosto de 2018 | 04:10
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