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El mal alumno de siempre; Trump en un bazar y rezando al 36%.

Aquí, balance y anticipo: lo que pasó, lo que pasa y que vendrá, en el análisis de Carlos Brugueño para MDZ. Y hay mucho de qué hablar.

El mal alumno de siempre; Trump en un bazar y rezando al 36%.

 Lo que pasó

El mal alumno de siempre. Déficit fiscal, atraso cambiario, presión salarial, problemas de competitividad, alto nivel de subsidios y necesidad de reformas estructurales. Cualquier economista local, y no sólo de la rama ortodoxa, podría haber hecho este diagnóstico sobre la situación de la economía argentina y las verdaderas, y serias, amenazas para el mediano y largo plazo. Incluso es la foto proyectada de muchos integrantes del gabinete nacional, lo digan o no en público. Sin embargo el listado de del "debe" punteado y publicado el jueves pasado adquiere más vuelo si se tiene en cuenta que fue redactado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), en un momento, si se quiere, histórico: fue el primer diagnóstico con conclusiones al que el organismo llegó al analizar la economía del país, luego que el gobierno de Mauricio Macri decidiera volver a abrir las puertas de los números y variables argentinas. Son las conclusiones del famoso Artículo IV, que los técnicos del FMI consideraron sobre la economía del país en su visita de septiembre de este año. Muchas de las conclusiones habían ya sido adelantadas por los enviados (incluyendo el director gerente del FMI Alejandro Werner que visitó por esos días el país), casi sin analizar en profundidad la situación. Luego, ya con tiempo y tranquilidad en la sede del FMI de Washington, a esos adelantos se les incluyó opinión y el primer informe del Artículo IV quedó definido. De todas las verdades que se mencionaron, el gobierno reconoce que el déficit está complicado, que la Argentina tiene un serio problema de competitividad, y que el nivel de subsidios es muy alto y debe trabajarse sobre él. Pero hay una mención que en Buenos Aires cayó mal: la del atraso cambiario. Según el ministerio de Hacienda, tocar este tema siempre fue delicado para el país. Y hoy está en pleno debate. Y que haya sido el FMI el que lo mencione, es, casi casi, una traición para quién debería ser prudente. Más si se tiene en cuenta que, en teoría, el FMI fue bien recibido en Buenos Aires pese a que hacía más de 12 años que era considerado "persona no grata" por estos lares.

Lo que pasa

Un Trump en un bazar. Donald Trump ganó las elecciones y será el próximo presidente de los Estados Unidos. Y si triunfo ingresó en la política internacional como un tsunami. Y en épocas de globalización el fenómeno también llegó a la Argentina. Gracias a que aún el país no está plenamente activo en los mercados financieros internacionales (alguna ventaja debería haber en estar aún bastante fuera de estos); las consecuencias no serán demoledoras. Pero sí las habrá. Y son importantes. En primer lugar se descarta que la Reserva Federal (el Banco Central de los Estados Unidos), ratifique su política de elevar las tasas de interés en diciembre; decisión que para Trump no está del todo mal. Pero además habrá un intento del nuevo jefe de Estado de favorecer los créditos internos de los Estados Unidos y limitar el factor Wall Street como financista de proyectos internacionales. En conclusión, las tasas de interés para el país serán ahora más caras. Esto incluye tanto la obtención de fondos para el propio gobierno nacional; como para los provinciales. Y también para las empresas privadas. Pero habrá más consecuencias negativas. Probablemente la posibilidad de avanzar en un acuerdo entre la AFIP y el IRS norteamericano (el organismo recaudador de los EEUU) entró en un cono de sombra a la espera de algún guiño de los nuevos poderes. Habrá además que preocuparse de los tratados de apertura comercial ya cerrados (limones) o con negociaciones adelantadas (carnes, aceites). En principio parece una misión difícil. El propio Trump prometió proteccionismo a los productores primarios norteamericanos.

Lo que vendrá

Rezando al 36%. El jueves por la tarde el INDEC confirmó que el IPC de octubre se había acelerado, y que la aplicación del alza de las tarifas de gas impactó de lleno en el indicador. Finalmente el alza fue de 2,4%; con una "inflación núcleo" de 1,8%. Ese fue el peor dato. El gobierno ya estaba convencido que esa medición se ubicaba en un 1,5% y que en los dos últimos meses del año podría arrojar incluso un nivel inferior. Llegado el momento de hacer proyecciones para el fin del 2016, se confía aún en que no se superará el límite psicológico del 40% y que mucho menos se llegará al 42% que registró Eduardo Duhalde en 2002, el año de la crisis económica más importante de la Argentina moderna. La preocupación ahora es que el acumulado anual se ubique entre 36 y 38%. El porcentaje no es caprichoso. Es el nivel que debe alcanzarse para que no haya presiones sindicales para reabrir las paritarias de empleados públicos (especialmente docentes); y que el fin de año laboral termine de complicarse. No son pocas las provincias, incluyendo Buenos Aires, las que se comprometieron con sus sindicatos a que si el nivel inflacionario se desbordaba, sería obligatorio reabrir las paritarias y negociar (no ya un bono) sino aumentos salariales lisos y llanos. Algo que la mayoría de las cuentas públicas nacionales, provinciales y municipales no resisten. Si esto llegara a suceder, sólo quedarían dos opciones: el endeudamiento o el salvavidas nacional. Ninguna de las dos opciones parecen hoy potencialmente posibles.


Opiniones (1)
21 de julio de 2018 | 23:10
2
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21 de julio de 2018 | 23:10
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  1. Como siempre, Burgueño cumplió, datos a medias, sin análisis de los niveles de desempleo y la mirada del vaso medo lleno, a los buenos alumnos por la nota un 9.
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