opinión

Felicidad: El arcoíris después de la lluvia

La felicidad esta en los detalles de las cosas cotidianas, en aprender a disfrutar del camino, con los desafíos que presentan las dificultades del mismo.

Felicidad: El arcoíris después de la lluvia

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Todo cuanto pudiese representar la idea que alguien nos diga fehacientemente cómo encontrar ese tan preciado tesoro llamado Felicidad, en muchas personas se transforma en una especie de obsesión, sobre la base de grandes expectativas que están en directa proporción a la frustración que llega cuando se descubre que no se trata de una poción, truco, ni receta magistral que, cual fórmula mágica, me devele "el secreto de la felicidad".

Lo que nos conduce a sentirnos seres felices es algo tan íntimo e intransferible que solo quien logra la experiencia, es capaz de dimensionar la magnitud de tamaña sensación. Al tratarse de una emoción sabemos que es algo anterior a la razón, por lo que no existe palabra que pueda trasmitir lo experimentado,ni objeto que logre otorgarnos tal estado de bienestar. Viajar, apreciar un beso, compartir una cena con amigos, disfrutar del aire en la cara, deleitarse con una banda musical, sentir el sol en el cuerpo, estar un domingo en familia, embriagarse con un libro, jugar con una mascota. Son vivencias que despiertan emociones. Sin embargo, buscamos en grandes hechos la posibilidad que todo sea sublime, ostentoso, impresionantemente potente en el impacto que pretendemos nos deje la experiencia. Pero la felicidad esta en los detalles de las cosas cotidianas, en aprender a disfrutar del camino, con los desafíos que presentan las dificultades del mismo; pues difícilmente un montañista disfrute del breve momento en la cima, cuando en el trayecto están las verdaderas instancias que hacen al reto.

La sociedad de consumo en la que estamos inmersos, constantemente nos muestra que siempre falta algo para alcanzar ese estado de felicidad ideal. Como si existiese tal lugar, nos empeñamos en ir por más. Más nos movemos a buscarla, más nos enterramos en sus arenas movedizas, persiguiendo todo aquello que venga de afuera, como un burro detrás de la zanahoria, que aun a costa de saber sobre la irracionalidad absurda o improcedente de tal conducta, insistimos repetitivamente. Como un ratón en la rueda interminable, corremos tras aquello que más se nos escapa. Y así pasamos la vida persiguiendo lo inexistente. Espejismos de una realidad virtual, fantaseada y socialmente construida como el podio de una carrera sin fin.

Porque la idea de encontrar ese santo grial, más allá de lo disparatada, poco real, distorsionada y criticada por nosotros mismos, no deja de representar una búsqueda incesante e interminable. Es decir, una flagrante contradicción a ojos desnudos, que nos deja con un pie entre el norte y el sur, optando por la idea fantástica de hallar aquello que mágicamente podría darnos un estado permanente de bienestar, placer, alegría, en resumen de felicidad.

Vivimos en un mundo que nos empuja a buscar la felicidad materializada en objetos como si se tratara de la panacea en cuanto alcanzar el estado de completa plenitud. Pero la felicidad no es un estado permanente, no es un lugar estático, no está afuera, no está en alguien, no es un objetivo. No se compra, porque no existe como objeto material, palpable, medible ni cuantificable, sino que se trata de experiencias, sensaciones y vivencias. El que consume, no logra tapar sus penas con compras compulsivas o ingiriendo sustancias aparentemente "mágicas", en un despliegue o infraestructura consumista.

La felicidad es una emoción que se despierta desde adentro, algo que nace de nosotros mismos, fluye desde ese lugar íntimo y tiene que ver con la capacidad de dejarse llevar y permitirse sentir los detalles de la vida cotidiana. Poniendo freno a la velocidad de una vida que nos arrastra sin apreciar, el aroma del café por la mañana, un asado con amigos, tirarse al piso a jugar con un hijo, disfrutar del silencio compartido, una caricia a tiempo, un abrazo exagerado, una mirada penetrante, una risa cómplice; todas estas sensaciones, pueden llevarnos a terrenos inexplorados de"sentirnos agradecidos por hecho de estar vivos". Una instancia que se ha de repetir en tanto y en cuanto aprendamos a pensar y decidir que allí reside ese anhelado estado. "En pequeños pero sublimes instantes". Una multiplicidad de instantes que podemos atesorar haciéndonos conscientes del "momento único" que pasará. Difícilmente, podremos encontrar la felicidad en quince días de vacaciones, en el auto último modelo, en estar a la moda que marcan las últimas tendencias. Esto no implica que esté mal poseer o comprar aquello que deseamos y anhelamos, siempre que eso no sea un objetivo en sí mismo, y nos permita vivir una experiencia única, porque "la gente cuando está feliz, no consume" porque posee recuerdos que los transportan químicamente a lugares con quienes compartió momentos irrepetibles. Esas charlas que nos enseñan lo que jamás imaginamos, o anécdotas que repetimos incansablemente, plagadas de un sentir único que llevamos grabadas a fuego y encadenadas a sensaciones por demás agradables.

Entonces, demos una significación intensa a aquello, en que podemos detenernos cinco minutos, a mirar con profundidad y disfrutar de su existencia, ya que poner en valor algo que parece inalcanzable, y atribuirle el significado que "allí sí está el secreto inaccesible", nos despoja de lo trivial, lo mundano, lo obvio, lo sencillo, lo inevitable. Cada día de nuestra vida repetimos conductas, día tras día construimos hábitos. Pero la vida se reedita cada 24 horas, por consiguiente es nuestra responsabilidad y tarea, el construir una valoración importante a cada momento de nuestro día. En el silencio interno de saborear nuestro disfrute, ante la ignorancia atroz de quien tenemos enfrente.

Insistimos, la idea de sentirnos felices no es una utopía, la felicidad viene desde nuestra decisión de mirar el mundo con los ojos cargados de sentido, a nuestra realidad la construimos a través de los significados que le imprimimos a las cosas que pasan. En términos generales, nada es bueno o malo en sí mismo, las cosas sólo suceden y nosotros las significamos como positivas o negativas. "Dime cómo piensas hoy y te diré cómo te sentirás mañana", esta frase nos propone el gran desafío de elegir dónde pararnos, en la mitad vacía o en la mitad llena. Y aunque todos queremos la felicidad sin dolor, no se puede tener un arcoíris sin antes la lluvia que lo construye.

Opiniones (0)
19 de junio de 2018 | 17:36
1
ERROR
19 de junio de 2018 | 17:36
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"