opinión

Blanqueadores positivos y sus efectos negativos, presupuesto en fórceps y la inevitable promesa incumplida

Carlos Burgueño hace un repaso en esta columna de domingo de lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará. La semana económica.

Blanqueadores positivos y sus efectos negativos, presupuesto en fórceps y la inevitable promesa incumplida

Lo que pasó

Blanqueadores positivos y sus efectos negativos. Quizá por primera vez, dos hombres que se miran de reojo, se dieron un abrazo importante y de satisfacción. Alfonso Prat Gay y Alberto Abad presentaron en sociedad y con la frente en alto los resultados de la segunda etapa del blanqueo de capitales. La oportunidad de sincerar efectivos fuera del sistema financiero, aportó unos U$S 4.600 millones, de unas 58.000 "cuentas especiales" activas. Pero como hay tiempo hasta el 21 de noviembre para completar el depósito del dinero, y como hay en total unas 150.000 "cuentas especiales", se especula con que el dinero que podría ingresar por esta etapa superaría los U$S 8.000 millones en total. El ministro de Hacienda y el titular de la AFIP no lo plantearon de esta manera, pero ambos saben que estos resultados tienen un valor agregado innegable: con esto dinero ya superarían los dos blanqueos que el kirchnerismo lanzó en sus años de gestión; cuando en 2009 se obtuvieron unos U$S 4.500 millones y otros 3.000 millones de dólares con los inolvidables Cedines diseñados por el ex secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno. Ahora, ya más tranquilos, Prat Gay y Abad preparan la etapa más importante del blanqueo. La que debería convertir al llamado en histórico. La posibilidad de sincerar bienes registrables (casas, departamentos, terrenos, oficinas, autos, yates, aviones, etc); tanto en el país como en el exterior. Por lo lato se habla de unos U$S 20.000 millones más de ingresos de aquí al 31 de marzo del año que viene. Por lo bajo, el propio gobierna susurra aún más: U$S 40.000 millones. Sin embargo, privados con llegada a oficinas públicas importantes, son aún más ambiciosos y ubican la cifra por encima de los U$S 60.000 millones. Pero, como siempre, nada es perfecto en la política económica argentina. Todo bien tiene un mal, y el exitoso blanqueo también. La llegada de dólares a tamaño nivel no es neutra para el sistema financiero criollo, acostumbrado, más que a la abundancia, a la falta de dividas. Y el ingreso de más de U$S 8000 millones por esta vía provoca lo inevitable cuando se trata de una ciencia de ofertas, demandas y puntos de equilibrio: a menos de dos meses de terminar el 2016 el precio del dólar baja y la cotización de la divisa se encuentra más cerca de los 15 pesos que de los 16 con los que para el gobierno debería cerrarse el año. Para los privados la especulación es aún más negativa, y hablan de un dólar necesariamente más cerca de los 17 para no perjudicar la competitividad de la economía (y de las importaciones y exportaciones). Para peor, las estimaciones de los privados (ROFEX), mencionan que a este paso recién para febrero o marzo el dólar llegaría a los 16 pesos. Muchos de ellos ya mencionan la palabra "recalculando".

Lo que pasa

Presupuesto en fórceps. Argentina crecerá 3,5%. La inflación se ubicará en 17%. O menos. El dólar flotará entre los $ 16 y los 19 y mantendrá un promedio de 18 pesos. Habrá mucha obra pública, pero el déficit será similar al de este año. Esta es la economía que el gobierno espera se cumpla en el 2017. Al menos así lo menciona el proyecto de Ley de Presupuesto Nacional que Diputados dieron medio sanción en la madrugada del jueves y que en dos semanas aprobará el Senado. Nada mal para un 2016 recesivo y casi para el olvido. De lo primero que hablan en el macrismo, es de la victoria política de haber sancionado sin mayores problemas ni modificaciones este proyecto base para toda la economía, en una Cámara Baja en minoría. No es un dato menor y demuestra que el gobierno no podrá culpar al Congreso de falta de apoyo y espíritu democrático. Se supone que tampoco habrá mayores problemas para que la ley sea sancionada en el Senado y que para diciembre Mauricio Macri tenga su presupuesto listo para ser ejecutado. Nada mal para un año electoral. Sin embargo las críticas aparecen ahora por fuera de la clase política. La mayoría de los economistas privados, en un abanico que va desde la ortodoxia de Miguel Angel Broda o José Luis Espert hasta el kirchnerismo de Emanuel Alvarez Agis o Paula Español (y en el medio, todos los colores y visiones posibles), simplemente dicen que esos números no son sostenibles y que si se quiere ese nivel de crecimiento, necesariamente habrá que pensar en una inflación mayor. O que si se quiere dominar el alza de precios, habrá que ser más modestos en cuanto al alza del PBI. Y que, por otro lado, habrá que escoger: o un déficit más acotado, o un alza importante de la obra pública. Así, el principal desafío de Prat Gay para el próximo año en cuanto a la cuestión presupuestaria, deberá ser demostrarles a sus siempre críticos colegas que los números diseñados en sus oficinas del palacio de Hacienda responden al profesionalismo técnico y no a una presión política por mostrar resultados positivos en un año electoral. No es un desafío menor. Es lo que siempre el ahora ministro hacía cuando trabajaba desde el llano como consultor privado o luego como diputado nacional por la Coalición Cívica.

Lo que pasará

La inevitable promesa incumplida. Era uno de los caballitos de batalla de Mauricio Macri durante la campaña. Era uno de los hits con los que el candidato presidencial se paseaba por radios y canales de televisión. Era, quizá, la promesa económica más directa que el hombre de Cambiemos presentaba en su plataforma electoral. Era su principal apuesta para ganar el voto de la siempre complicada clase media urbana argentina. El cambio radical que se vendría en el impuesto a las Ganancias, sería el guiño que el macrismo le ofrecería a los trabajadores en relación de dependencia; ya cansados que gran parte de su salario termine sucumbiendo contra la inflación ante la negativa del kirchnerismo de reconocer el alza de los precios y su poder demoledor sobre los ingresos de la clase media. No pudo ser. A poco de andar el camino de la gobernabilidad, el denominado "Gabinete Económico" se dio cuenta que antes que el cumplimiento de cualquier promesa electoral; hay un enemigo que no impone treguas: la realidad. Esta realidad le mostró desde temprano al macrismo que la recaudación impositiva venía flaqueando, que los gastos se espiralizaban y que, en definitiva, el desequilibrio fiscal se transformaría en un tornado imparable si lo que se proponía como meta máxima era controlar la inflación. Resultado de esto fue que hacia abril el Ejecutivo se sinceró sobre el tema y le habló a la población reconociendo que la mejora de ganancias para este año sería más bien escueta. Incluso del tipo kirchnerista (menor a la inflación). Pero había una buena noticia bajo el poncho: para el 2017 todo cambiaría y antes que termine el año, los trabajadores en relación de dependencia serían partícipes de un anuncio de un proyecto de ley que haría justicia y les devolvería los pesos salariales perdidos. Tampoco pudo ser. La recaudación siguió sin reaccionar, el gasto no se pudo dominar y el déficit continúa siendo un problema, así como la necesidad de contener la inflación. Por esto pronto se recibirá un anuncio oficial. Más que anuncio, reconocimiento. Más que reconocimiento, el silencio ante las noticias periodísticas que, como en el caso de este mismo artículo, anticipan que la reforma del impuesto a las Ganancias no será posible en el corto plazo y que será un proyecto de ley que se verá, en el mejor de los casos, en el segundo trimestre del año que viene. El macrismo es igualmente optimista (alquien tiene que serlo). Aseguran que será un muy buen anuncio en un año electoral. Y lo importante, siempre para un político, es tener más votos. 

Opiniones (2)
18 de junio de 2018 | 11:03
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18 de junio de 2018 | 11:03
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  1. Ciando estos oligarcas se vayan ( cualquier tarado que se presente va a ganar las elecciones) vamos a tener una deuda más devastadora que la de México
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  2. La ley 27260, creo, mal llamada programa de reparación histórica para jubilados y pensionados, faltó agregar: y los giles, como siempre, pagaran esto. Aclaraciones: me parece muy bien que los jubilados tengan un muy bien merecido reconocimiento, después que el nefasto Caballo prácticamente lo extermina, sin embargo el tema viene de mucho más atrás, por ahí habría que buscar responsabilidades. Objeciones a la Ley: en sus tres etapas, la primera fue todo un fracaso (realmente bonos inservibles); la segunda (a sacar la plata bajo del colchón) es para criticar, en mi caso particular, NO estoy de acuerdo con la penalidad (10 o 15% según las fechas), se deberían haber fijados montos mínimos que queden exentos de este castigo que es el impuesto especial ( lo advirtió un ex presidente del BCRA Aldo Pignanelli), lo razonable hubiera sido hasta U$S 200000 o su equivalente en pesos quedar exentos, paradójicamente son los que más están blanqueando, creo que es por miedo a no poder usarlo a futuro, es como un gran apriete del gobierno a la clase media, a los que posean montos muy por encima de los que mencioné, no les mueve el amperímetro. Por último quiero expresar la exteriorización de bienes sin declarar (casas, lotes, autos, departamentos, lanchas, cuentas bancarias, etc,etc,etc. Esto no está muy claro, al menos para mi, No he podido saber aún si los que habitamos nuestra única vivienda (escriturada por supuesto) tenemos que blanquear previa tasación de un Corredor Público, lo cual haría insostenible los futuros impuestos, sobre todo el inmobiliario. A mi entender estamos cayendo en una trampa, sobre todo la clase media, que si bien su fin es loable está mal direccionada, los ricos serán más ricos; este blanqueo a ellos los beneficia, el legislador y gobierno deberían haber tenido en cuenta aspectos de clases, sí aunque parezca mentira escribo de clases sociales, mi ideología es una clase alta única para todos los habitantes de este país. No sé si el éxito planteado será como dicen, lo que me parece es que es algo injusta y poco clara.-
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