Polémica en el fútbol, más blanqueadores y el bono tan temido

Los temas que signan la economía, las finanzas y las políticas y, esta semana, con una dosis de fúbol. La columna de Burgueño.

Polémica en el fútbol, más blanqueadores y el bono tan temido

 Lo que pasó.

Polémica en el fútbol. El gobierno abrió el jueves pasado un frente de batalla terminal siempre difícil para cualquier gestión. Desde la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Alberto Abad decidió pasar a la acción y reclamar algo que casi parece utópico: que los clubes de fútbol reconozcan una deuda. En este caso previsional por la falta de aportes y el pago del impuesto a las ganancias, por un monto que hace temblar: unos 1.346 millones de pesos acumulados por los clubes más importantes del país entre el 2006 y este año. Están todos. No se salva ninguno. Boca, River, Independiente, Racing, Rosario Central, San Lorenzo, Tigre, Atlético Rafaela, todos. Ni la propia Asociación de Fútbol Argentino (AFA) que de superavitaria a mediados de la década anterior, pasó a ser un moroso crónico para todo el sistema financiero, al punto de ubicarse en un lote de "paria".

La AFIP ubicó incluso al fútbol entre los sectores más peligrosos y evasores del sistema tributario, colocándolo con rubros como la carne, los juegos de azar, el campo, el comercio electrónico y la construcción. Esto quiere decir, en idioma afipeano, que el fútbol debe ser controlado permanentemente como un deudor peligroso, a los márgenes del sistema.

Inmediatamente después de conocerse la noticia, desde la propia dirigencia aparecieron pública y desesperadamente a asegurar que no se le debe nada a la AIFP y que, si se le debe, se trataría de una cuestión que fácilmente se arreglaría con una moratoria. Y que no hay motivos para tanto alboroto.

Abad, con el aval de Mauricio Macri, piensa distinto. Cree que se trata de un caso peligroso, millonario en pesos y, lo peor, casi casi incorregible en sus mañas para no pagar impuestos. Recuerdan en el organismo recaudador que una o dos veces por año, el fútbol como rubro reciben una estocada furibunda desde los recaudadores de impuestos, que descubren maniobras y matufias de todo tipo y color. Desde triangulaciones de compra y venta de jugadores con impensables equipos de ascensos de países marginales, hasta evasiones personales de los principales estrellas (y no tanto) del fútbol nacional. Todo pasando por la noción clásica de los dirigentes de los clubes que lo primero que no se paga en el mes para cerrar las cuentas, son los impuestos. En los tiempos Grondonistas se sabía que una llamada de don Julio al poder frenaba cualquier embestida. Pero, como ya Grondona no está, la capacidad de defensa corporativa del fútbol desapareció y directamente los clubes están a merced de una masacre justificada por parte de la AFIP.

El organismo recaudador jura y vuelve a jurar que la embestida no tiene nada que ver con la decisión ya tomada de Mauricio Macri de terminar con el financiamiento de ese deporte a través del Futbol para Todos, que preveía para el próximo año una partida de más de 3.000 millones de pesos. El gobierno decidió darlo de baja. Y poner a los clubes a merced de las circunstancias del mercado. Para la AFA y para los dirigentes, en realidad todo se trata de una maniobra del gobierno para avanzar y obligar a los clubes a refundarse en sociedades anónimas. O desaparecer. O reconvertirse en entidades amateurs. Nada está definido en esta pelea, que el jueves tuvo su primer de muchos capítulos.

Lo que pasa.

Más blanqueadores que los esperados. Mañana termina el turno de la segunda etapa del blanqueo impositivos y de capitales lanzado por el gobierno; con la salvedad que cualquiera de los contribuyentes que demuestre que al menos tuvo voluntad de abrir una "cuenta especial" se lo tomará en cuenta. Siempre y cuando para el 21 de noviembre haya cubierto con dólares esa cuenta y haya ingresado ese dinero al sistema financiero argentino. Hace 15 días todas eran caras largas en el gobierno por los magros resultados que se venían percibiendo. Incluso habían comenzado los reproches mutuos dentro del gabinete. Y, lo peor, apareció el fantasma de Guillermo Moreno y su blanqueo de Cedines que aportó unos U$S 3.000 millones finales, una cifra que parecía lejana para el blanqueo macrista. Sin embargo, el gobierno no tuvo en cuenta que los principales clientes blanqueadores son, básicamente, argentinos y que tienen la costumbre criolla de esperar hasta último momento para cerrar un trámite. Así, en las últimas horas se deslizó desde el Ejecutivo que el dinero que ya estaba en las cuentas en momentos de cierre superaban los U$S 4.500 millones y que la proyección para el 21 de noviembre sería de más de 6.000 millones de dólares. Así, el llamado y sus consecuencias comenzaron a tomar forma. Igualmente ahora comienza la etapa más importante del régimen. El martes se abrirá la posibilidad para los que tengan bienes registrables en el país y en el exterior. Supone el gobierno que hay unos 400.000 millones de dólares de argentinos fuera del país, ubicados en bienes inmuebles registrados en plazas como Punta del Este, Nueva York, las playas brasileñas, Santiago de Chile, Madrid, Barcelona y otros lugares más o menos sofisticados. Amenaza la AFIP en llegar a detectar estos bienes y a obligarlos a ingresar en el llamado. O que, mejor aún, se espera que los propietarios reflexionen y venga solos al régimen. Las expectativas son muchas. Aún el gobierno habla de la posibilidad seria de un blanqueo de más de 60.000 millones de dólares. Empieza la etapa clave para saber si el optimismo tiene fundamento.

Lo que pasará.

El bono tan temido. Los gobernadores temen. Y están alerta. Todos miran a su colega de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que en las próximas semanas deberá definir si finalmente otorga un bono, aunque sea escueto, a parte de sus empleados públicos. Su administración, con el ministro de Economía Hernán Lacunza a la cabeza, estudia seriamente la posibilidad de otorgar unos 800 a 1.000 pesos para los empleados de menor nivel remunerativo, incluyendo los docentes; y que, para esto, podría recurrirse a un mecanismo clásico y polémico: emitir deuda para pagar gastos corrientes. Desde el ministerio alientan a la gobernadora asegurando que, en realidad, la provincia está en una buena situación fiscal y que de no haber un aumento sustancial del gasto en obras públicas hasta habría superávit. Y que los mercados financieros locales y en pesos aceptarían una colocación de deuda para este destino, siempre y cuando sea la última y se comprometa su gestión a un 2017 más austero.

El problema de esta decisión es que le abriría la puerta a otras gobernaciones argentinas a que deban imitar a Vidal con números fiscales mucho más complicados. Y lo peor, con mucha menos cercanía con el gobierno nacional. Y mucho peor aún: con una importancia política crucial en 2017 donde el gobierno se jugará gran parte de su futuro en el resultado de las elecciones para senador en la provincia de Buenos Aires. Ante esto, los gobernadores temen que, en serio, deban pensar en como cubrir la emisión de un impensado, y quizá hasta impagable, bono de fin de año para cerrar en paz este complicado 2016. 

Opiniones (0)
24 de mayo de 2018 | 00:35
1
ERROR
24 de mayo de 2018 | 00:35
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"