opinión

¿Con un grito de guerra alcanza?

¿Con un grito de guerra alcanza?

 Estoy en la marcha...desde la acera miro buscando el cartel de mis colegas para sumarme con ellos a Ni Una Menos (consigna que es burlada a diario por la realidad) diviso unos amigos que no son colegas y corro a unirme a ellos...marcho esquivando carteles que no me representan (por qué carteles? Pienso)buscando un claro donde solo haya cielo en mi cabeza o tal vez un follaje de tantos que hay por nuestras calles.

Observo, escucho, siento...apenas unas niñas... con atuendos oscuros y un enojo que junta muchos de otras estirpes...siento en su reclamo una violencia que se acerca a otras de distinto genero. Tantas consignas metidas en un altavoz que grita, que escupe casi, que señala culpables, que responsabiliza al gobierno de turno como el único rostro visible de este terrible problema que es el femicidio. Un hombre cabizbajo cargando tal vez una culpa de género ajena; un niño, con un cartel colgado a su cuello que todavía no logra leer por su corta edad...una anciana del brazo de sus hijas; una madre...con un cartel con la foto de una víctima, su hija y el rostro cargado de dolor.

Se ha naturalizado la violencia como lenguaje cotidiano en todos los ámbitos, y lo peor es que lo estamos permitiendo. Es responsable el gobierno...pero también lo es la madre, el padre que lo toleran en la familia a diario...la escuela que no encuentra soluciones para su manejo; quien ve y permite a sus niños ver televisión que la promueve y no la apaga o participar en las redes con violencia, quien ve pasivamente vulnerados los derechos de las personas y no actúa.

Una marcha si, debiera ser de negro, porque la tristeza y el dolor tienen ese color...debiera ser en silencio absoluto, porque es allí donde habita la reflexión, y debiera ser sin banderas, porque lo único que necesitamos en este momento es sentir que somos uno en una misma causa, unidos solo por nuestra condición humana.

Y, finalmente, es difícil para mí escapar del pensamiento medico, ya es un habito mirar a través de ese cristal...pensaba...si yo trato el dolor con un excelente analgésico, pero no me detengo a indagar seriamente su origen seguramente fracasare al tiempo de haber logrado un éxito fugaz.

Si yo uso al femicidio como una bandera de lucha, y pido justicia al gobierno, sin buscar sus causas y trabajar en la promoción de un antídoto ( el amor, único lugar desde donde se puede construir )para el ámbito familiar, escolar y social, esta podría ser un analgésico en el mejor de los casos, y seguiríamos fracasando, como hasta ahora.

Seamos entonces parte de alguna solución, miremos hacia adentro y analicemos nuestras acciones, evitemos rotular y descalificar al que piensa diferente a nosotros (sobretodo delante de nuestros hijos, a quienes educamos más con nuestras acciones que con nuestras palabras), erradiquemos el maltrato dentro de nuestra familia, generando un clima de amor y respeto, usemos palabras y calificativos que no agredan al otro, no aceptemos los gritos como forma de comunicación, permitamos la plena expresión de cada uno y no descalifiquemos. En la calle, promovamos el buen trato, respetando las normas de convivencia, si vamos en el auto no toquemos bocina innecesariamente y menos profiramos insultos hacia quien las trasgrede, si estamos con nuestros hijos promovamos la reflexión sobre ello. Defendamos la prioridad de la mujer, de los niños, ancianos y discapacitados en todos los ámbitos. Usemos el afecto como forma de trato universal para nuestra vida...quizás lleve tiempo, como todo lo que da un buen resultado, y tal vez en un futuro no muy lejano podamos sentirnos gestores de un cambio que la sociedad está reclamando.

El grito desgarrado puede sacarnos del letargo cómplice que posibilita las monstruosidades que enfrentamos a diario.

Pero no debe ser un ritual catártico que agote espasmódicamente hacia afuera, las insoportables tensiones generadas por el miedo y el dolor.

Tal vez , acompañándolo con un compromiso personal irrenunciable a combatir desde nuestro propio entorno todas las categorías de violencia que hoy se han instalado entre nosotros, la consigna que hoy nos reúne, pueda convertirse en realidad.

(*) Ada Garcetti es médica de familia. 

Opiniones (3)
21 de junio de 2018 | 15:51
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21 de junio de 2018 | 15:51
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  1. Señoras, Señoritas, madres, mujeres, por favor, necesito entenderlas y no lo logro. ¿Qué quieren? Sinceramente es muy complejo entender a una mujer cuando no es directa, clara, contundente, positiva en sus expresiones. O sea, ¿qué quieren? Y, por favor, si algo de lo que quieren lo tienen que hacer uds., ¿por qué me lo piden a mí?
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  2. Demasiada hipocresía y muchas ganas de aprovechar el sufrimiento ajeno. Que sin dudas proviene de la ignorancia de la gente, para terminar asesinando o asesinado. Ya que hay procedimientos para separarse, divorciarse y luego de ello respetar, y ninguna de las partes que están involucradas... los respetan y de ahí, el desenlace. Todas quieren analizar el hecho consumado y no las causas. ¿Porqué será?.-
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  3. Es verdad, las marchas cargadas de mensajes partidarios culpando al gobierno de turno, por un problema que tiene unos cinco mil años de antigüedad, es como mínimo oportunista. La violencia se trabaja todos los días y la sociedad está muy violenta. Leí ayer que a un hombre lo mataron porque se demoraba en estacionar su camión. ¿Habrá una marcha por él?¿Alguien entenderá en su familia que pasó? Basta de violencia y basta de hipocresía en el trato de la violencia hacia la mujer.
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