opinión

Culpa, una sentencia sin fin

El sentimiento de culpa no es algo que venga constituido con el ser humano. Se inicia en nuestra infancia y se ve influida por nuestras diferencias individuales.

Culpa, una sentencia sin fin

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Existen muchos sentimientos y emociones humanas. Pero contamos con una emoción, que experimentamos todos en algún momento de nuestra vida, y se considera"negativa", pues en definitiva provoca"sentirnos mal". Se trata de la emoción humana de la culpa y su resultante "sentimiento de culpa".

El sentimiento de culpa no es algo que venga constituido con el ser humano. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral, que se inicia en nuestra infancia y se ve influida por nuestras diferencias individuales, culturales y las pautas educacionales.La culpa nos hace conscientes que algo hemos hecho mal, y podría facilitar, en el mejor de los casos, el intento de repararlo.

Aunque a veces también nos sentimos culpables sin razón como consecuencia de una moral rígida, donde la flexibilidad no ha tenido lugar, donde las cosas "deberían" hacerse por miedo a las consecuencias. Y cualquier intento de llevar a cabo una conducta por fuera de lo establecido, generaría culpa.

Existen dos palabras estrechamente ligadas a éste sentimiento tan polémico: "deber" "tener". En todas sus conjugaciones verbales, estas palabras determinan una obligación, un mandato y, el mero hecho de no alcanzar ese objetivo, determinará estar en falta, error, incapacidad o impotencia, que concluirá con el consabido "sentimiento culposo". Cuando una persona "debe" o "tiene" que cumplir con algo, ha pasado de un deseo de lograrlo, a una obligación autoimpuesta, en la que"así debería ser realizado o concluido".

Deber y tener, son dos verbos que nos alejan de la condición natural del ser humano. Nos distancian de la conexión con nuestros gustos y anhelos, como expresión de deseo. Nos dejan desprovistos de entender la vida como un intento en el que no siempre se gana. El deber y el tener son sinónimos del "sí o sí". Del cumplimiento obligatorio, del destino diseñado u objetivo certero. Cuando en realidad, la vida transita mucho más entre los "posibles",los "quizás", y un "deseo que así se pueda dar".

Todos podemos "sacar provecho"y aprender de lo vivido, conformando lo que se llama "capitalización de la experiencia". El ser humano es un ser contradictorio. Y el desafío es tender hacia una conducta y un pensamiento lo más coherente posible. Este es un intento constante que no siempre concluye exitosamente. Muchas veces esa contradicción es vivida como una mochila en la espalda, un pájaro que nos pica la cabeza o el tormentoso y rumiante pensamiento de aquello por lo que nos sentimos culpables.

La culpa es retrospectiva. Vuelve hacia atrás, a revisar una y otra vez el error cometido, la falta incurrida o la falencia demostrada. Así es que solemos castigarnos con frases que nos corroen, insultos que nos degradan y definiciones que nos menosprecian, por "sentirnos culpables".

Ese es un lugar estático, inmóvil, como caminar en círculos. Una y otra vez pasando por el mismo lugar. Una solución sin salida.

En torno a éste sentimiento existen dos tipos de personas. "Los culposos", aquellos que se adjudican la culpa, aun cuando pocas razones tengan para atribuírselas. Suelen hacer evaluaciones desproporcionadas en cuanto a su participación en determinados hechos. Y, en el otro extremo,"los que ejercen y depositan la culpa en los demás" a modo de un intento poco feliz de lograr algún rédito. En lugar de inculcar responsabilidad, intentan manipular y obtener un objetivo a través de la culpa.

Habría que establecer una gran diferencia entre culpa y responsabilidad.La culpa apunta hacia el pasado. Tiene la característica del reproche. En cambio laresponsabilidad tiene el tinte del aprendizaje, la evolución yel crecimiento. Apunta al futuro, es prospectiva. De lo que se trata realmente es de asumir nuestros actos, y hacernos responsables de enmendar las situaciones, hasta donde sea posible.

Por lo tanto, cuando nos sintamos culpables de algo, revisemos nuestra conducta, nuestra verdadera y real cuota de participación en el hecho. Ni lavarnos las manos, ni poner en nuestra mochila cosas ajenas. La culpa sólo nos hará ahogarnos en el barro del sinsentido. Inundados en un sentimiento que no nos conducirá a ningún lugar. Paralizados en un punto, con un látigo flagelándonos por lo sucedido. Diferenciemos nuestra conducta de nuestra persona, entendiendo que puedo haber cometido una acción equivocada, la cual puedo reparar o disculpar, pero me sigo sintiendo bien conmigo mismo, aceptando que cometí un error, pero eso no me devalúa como persona.Asumamos las responsabilidades, hagámonos cargo de la parte que nos toca, consideremos nuestra intervención. Abramos la puerta del error, esa cuota de humanidad que nos hace erráticos, falibles e imperfectos. Aprendamos de ello. Y con todo eso construyamos una montaña de experiencias, de nuevos saberes, que me habiliten en las siguientes oportunidades, para abordarlas con todo el bagaje de lo aprendido en cada práctica de nuestra vida.

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22 de agosto de 2018 | 03:20
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