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Culto al cuerpo: la interminable búsqueda de perfección

En tiempos de selfies, Instagram, Facebook y Whatsapp, se nos juega la salud de nuestros adolescentes.

Culto al cuerpo: la interminable búsqueda de perfección

A lo largo de la historia de la humanidad, el cuerpo ha tenido distintos matices y significaciones, convirtiéndose en una "construcción cultural". Para dar fe de ello, basta contemplar las diferentes culturas del planeta y el paradigma de lo que se define como "belleza corporal"en cada una de ellas.

Lo que está claro es que, el cuerpo es todo lo que tenemos, pero lejos está de ser una maquina perfecta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la Salud como: estado de completo bienestar físico, mental y también social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia. En este sentido,las ciencias nos ayudan a mejorar nuestro organismo, conocerlo y educarlo.

De diferentes formas, la sociedad está pasando de la cultura y conocimiento corporal, hacia el "culto al cuerpo". En este culto la manifestación es, sobre todo, de lo aparente, lo decorativo, la belleza o la imagen. Tanto el hombre como la mujer, buscan la figura como autoestima, como apariencia hacia los demás, siendo en estos momentos una prioridad en nuestra sociedad de consumo. La mayoría comparten un síntoma común: desear una imagen corporal perfecta o distorsionar la realidad frente al espejo.

Vivimos en un país con una idiosincrasia muy particular, desde la pasión futbolera, el asado, el mate y la amistad; hasta el exitismo, la crítica exagerada, el rating de los chimentos y la vida vivida a través del "qué dirán". Una existencia signada por la mirada de los demás, una sociedad plagada de estereotipos que, de no cumplirlos, significa quedar de manera contrastante, en la vereda opuesta de lo que marcan las "tendencias". Argentina es un país estético, cuyos habitantes ponen la atención de manera superlativa en la figura corporal. Donde los talles marcan la "pertenencia". Un lugar en el mundo donde "estar a la moda" es más importante que "estar sanos". Donde la belleza no siempre va acompañada de una conciencia de estar dentro de lo saludable. Porque la estética no es algo negativo, siempre que vaya acompañada de límites, autocrítica, criterio médico y sentido común. Que, como dice el dicho, es el menos común de los sentidos.

La obsesión moderna por la "perfección del cuerpo" ha originado una epidemia de nuevas alteraciones, y una creciente demanda de técnicas con fines estéticos, relacionadas con una ilusoria búsqueda de la perfección física. Y lo que es peor, las personas luchan ciegamente por seguir ese prototipo, para tener la aprobación de los demás. Pues existe un culto al cuerpo y rechazo a la autoimagen. Productos adelgazantes, intervenciones quirúrgicas, tatuajes, piercing o tratamientos de belleza, apelan al éxito o rechazo social, por la condición física.

En los últimos años, los varones también se han visto afectados por este tipo de presión social, lo que ha generado un cambio en su estilo de vida y una mayor preocupación por su apariencia física. De esta manera ha surgido la metrosexualidad, define al hombre que, independientemente de su orientación sexual, cuida de manera minuciosa su apariencia. Ideal socio-cultural joven, guapo e hipermusculado que puede ser tan peligroso para los varones como lo es el ideal anoréxico para las mujeres. En nuestro país, existe una alta tasa de trastornos alimentarios. Enfermedades como bulimia, anorexia, vigorexia, ortorexia, trastornos por atracones,para citar sólo algunas, se han puesto en el podio de los males que impactan fuertemente,sobre todo en los años más vulnerables, en lo que autoimagen respecta: la adolescencia.

En una época donde la imagen lo es todo, tiempos de Selfies, Instagram, Facebook,Whatsapp, de mirar y ser mirados, se nos juega la salud de nuestros adolescentes, potenciales adultos que criarán a la vez a su prole con criterios y valores que se están haciendo carne hoy, generando así, un efecto bola de nieve, en valores e imágenes que son cada vez más disruptivos y patológicos, para la salud de la población en general.

Hay aspectos que no se pueden dejar de lado. La coherencia del mundo adulto tiene que ser un elemento indispensable, logrando un hilo conector entre el pensar, decir y hacer. Por el contrario, la contradicción, será el caldo de cultivo de aquello que la sociedad propone como soluciones mágicas pero enfermizas. Si los adultos muestran que ser adolescentes es el lugar donde todos se querrían quedar, pues entonces atenerse a las consecuencias. Donde se ponga el valor, se convertirá en lo preciado. Y si el valor está en la estética, como una sobredimensión del éxito, pues ellos buscarán de maneras extremas lograr ese ideal. El adolescente busca ideales, hay que darles líderes afectivos, claros, reflexivos, sanos y autocríticos. Adultos que abran camino, como punta de flecha, con un norte definido. Sino, todo queda en lo instantáneo, mundano y trivial del momento. Y eso se traduce en un sinsentido. Un vacío existencial. Un hueco que se pretende llenar con flashes, selfies, competencia estética y cuerpos carentes de feminidad y masculinidad. A la estética hay que ponerle contenido, significado y sobre todo salud. Aprender a querer el cuerpo, sus formas, sus expresiones, sus variaciones y su singularidad, será el camino necesario para hacer del cuerpo,"el culto a la aceptación de la persona que soy".

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24 de mayo de 2018 | 23:16
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