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Celos: esa insoportable levedad del ser

Cierta cuota de celos es esperable. El problema se da cuando comienza como una suerte de"desconfianza" velada y oculta.

Celos: esa insoportable levedad del ser

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

En esta vida, el ser humano viene dotado de emociones y sentimientos que son universales. Entre ellas existe una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza, real o fantaseada, hacia algo que considera como propio, ya sea amor, poder, imagen profesional o social: LOS CELOS. Hay quienes los conocen por una fugaz presencia en sus vidas, pero otras veces invaden con fuerza, provocando graves problemas; lo real es que todos en mayor o menor medida, descubrirán este sentimiento en algún momento de sus vidas, ya que no solo se dan en relación a la pareja, sino también se presentan entre hermanos, amigos o compañeros de trabajo.

En esta oportunidad nos focalizaremos en los celos dentro de la relación de pareja, como esa sospecha o inquietud ante la posibilidad que la persona amada preste atención en favor de otraestán muy ligados a la fidelidad y la monogamia.

En algunas ocasiones, una vez que la pareja toma forma, este sentimiento, que surge de la idea de posesión del otro, pasa a ser parte de la alianza, expresado en el temor a la pérdida y el miedo genuino a dejar de ser parte constitutiva de ese vínculo. Adquiere la forma de expresar el temor a que el otro miembro de la pareja, sea infiel o se vaya con otra persona. Sin embargo, este sentimiento es ocultado por muchos, y en muy raras ocasiones, se muestra al desnudo.

Siendo parte de los sentimientos de los seres humanos, cierta cuota de celos es esperable cuando existe un otro que me interesa, el problema es cuando comienza como una suerte de"desconfianza" velada y oculta, muchas veces, como una especie de obsesión, sobre una máscara de elucubraciones mentales, fantasías de traición y venganzas, diagramadas a partir de las dudas.

El celoso sufre más por lo que imagina que por lo que ve. Por eso tiende a ir más allá de lo explicito, tiende a "controlar" a su pareja, para cerciorarse de su "buen comportamiento". De esta manera, y de forma sigilosa, se tiende a "vulnerar la intimidad", revisando todo lo que es posible: celular, mail, facebook, whatsapp, y cuanta red social exista. Estar atento a horarios de llegada luego de alguna salida, cuestionar la forma de vestimenta elegida, y preguntar incansablemente pequeños detalles, que le permitan"atar los cabos" en su lógica celosa. Una rueda interminable de información que nunca calmará del todo el miedo original.

Celar, puede ser altamente peligroso. Los celos, en ocasiones, toman un vuelo desproporcionado y se convierten en enfermizos y destructivos de todo vínculo. Siendo la expresión de la impotencia de posesión, dominancia y control total de la situación.

Se busca tranquilidad a través de estar "teniendo todo bajo control". Y por lo tanto se entra en el gran terreno de la contradicción. Pues la confianza requiere de algunos ingredientes: riesgo, descontrol, incertidumbre, apuesta y amor, sobre todo, un amor de ida y de vuelta, amor por el otro y amor a uno mismo. Una estima personal que sustente el hecho que arriesgarse "vale la pena". Por eso decimos que el amor es para valientes, es una apuesta azarosa donde "penar" sería una probabilidad, cuando las cosas no salen como las esperamos, pero igualmente elegimos asumir el riesgo.

Es conveniente expresar de manera clara el amor, otorgando seguridad sobre el vínculo que los une. Aclarando cualquier situación que pueda resultar ambigua y que por ende sirva para alimentar el sentimiento de celos. Asimismo, comunicar las sensaciones de malestar, relacionadas con las escenas de celos, entendiendo que la pareja es un ser humano y no una propiedad.

En conclusión, los celos tienen el disfraz del miedo al engaño, a la infidelidad. Pero por debajo, se esconde el inseguro temor a ser dejado. A quedarse solo con ese amor. A no tolerar la pérdida, entendida como posesión. A sufrir la ausencia del ser querido, en una dependencia patológica. Pero amor y dependencia son términos contrapuestos. La idea de estar con otro en la vida es una elección, y las elecciones llevan consigo el peso de la responsabilidad, no de la seguridad. Estar con otra persona porque tenemos ganas, no por necesidad u obligación. Porque sentimos amor, no abstinencia. Porque las ganas de compartir son mucho más fuertes que el costo de no jugarse por lo que se siente. Lo demás: el posible engaño, la posible traición, el posible desamor; son los riesgos necesarios a asumir para poder desplegar las alas y, en el mejor de los casos, alcanzar el alto cielo. Controlar es cortar las alas de la relación. No de uno ni del otro, sino de lo que existe entre ambos. Porque una pareja es un nosotros por el que apostamos, no de manera ciega, infantil, ni inocente; sino madura, en la construcción de una confianza compartida. Con los ojos abiertos. Con el corazón palpitando. Con el alma flotando. Con los pies en la tierra. Con la palabra en los labios. Porque allí reside la confianza. En la entrega, la comunicación y el compromiso.

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24 de junio de 2018 | 12:06
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