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Una menos

Una menos

Nuevamente una mujer ha perdido la vida de manera violenta y la Justicia tiene en sus manos determinar si es otro caso de femicidio. Esta vez, Florencia Peralta, una mujer muy joven, perteneciente a la fuerza policial de Mendoza, fue asesinada en su casa de San Rafael. Siempre me embarga una sensación de impotencia e indignación frente a estas situaciones pero en este caso me siento particularmente afectada. No sólo porque la víctima era una vecina de mi ciudad sino porque fue mi alumna en el Instituto de Seguridad Pública.

Si en algún ámbito la legislación ha progresado en los últimos años es precisamente en los temas de igualdad de género. El movimiento Ni Una Menos ha despertado la conciencia de buena parte de la sociedad respecto de la problemática de las mujeres víctimas de violencia y sin embargo los casos de chicas golpeadas y asesinadas se suceden a diario en el país.

¿Qué más puedo hacer, entonces?, ¿Cómo ayudo a parar esta locura desde mi rol de legisladora, de educadora, de ciudadana y de madre? Me lo pregunto cada vez que beso a mi hija. Me lo he preguntado insistentemente, casi obsesivamente, desde que supe que Florencia no tendrá ya la oportunidad de besar a su hijo.

Algo tengo claro. Se trata de un problema cultural que además, es delictivo y eso es gravísimo: durante años, asimilamos delitos de género como algo natural o lógico, y nada más lejos de la realidad. Es imposible tener resultados inmediatos, sin embargo tengo la obligación de trabajar incansablemente para que la próxima generación encuentre este problema resuelto. Mientras dure mi mandato, estaré impulsando al Estado a ponerse a la cabeza de políticas transformadoras que involucren a la sociedad, desde cualquier otra posición insistiendo, machacando, militando el valor de la mujer como un igual.

El menosprecio de las niñas y mujeres debido a presupuestos culturales que les otorgan responsabilidades exclusivas en el cuidado de los padres, hermanos, parejas y de las tareas domésticas, considerando menor el acceso a la educación, es una situación que aún vemos en nuestra comunidad. Este estado de sumisión en el que crecen las niñas, asumiendo que es una realidad inmodificable y en la mayoría de los casos avalada por madres que crecieron en iguales condiciones, genera un círculo vicioso que es necesario romper.

La sociedad se ha hecho más violenta. La respuesta individual de cuidar cada uno lo suyo no ha resultado eficaz. Mientras no seamos capaces en conjunto de poner límites claros a quienes aún no han podido asumir que la ampliación de derechos es, también, ampliación de responsabilidades, nada cambiará en serio.

La sociedad mendocina tiene una mujer menos, una policía menos, una madre menos. Me resisto a que eso no sirva para nada. Ojalá Florencia pueda guiarme para ayudar a que todos juntos logremos que toda mujer pueda disfrutar de la vida que ella no pudo tener.

Diputada María José Sanz

UCR- Mendoza.

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