opinión

Chusmerío y política, como la vida misma

El senador Julio Cobos se sintió obligado por la prensa porteña a hablar de su vida privada. ¿Nos debe interesar?

Chusmerío y política, como la vida misma

 "Si vas a tener una amante, organizate primero". La frase la repite con insistencia una periodista ante casos que requieran de su consejo en la materia. Y se trata -por cierto- de una periodista especializada en el rubro político.

Lo que ocurre es que la política (aunque algunos porfíen en convencerse de que se trata de una elite de iluminados que nos guían por el mejor de los caminos) no es más que una muestra gratis de la sociedad de la que salen sus integrantes. Por lo tanto, les caben todas las que a cualquier mortal, desde cuernos hasta vicios y en el medio, todo lo que quepa.

El senador nacional Julio Cobos acaba de enviarle a la prensa un comunicado en el que aclara un montón de cosas que se habían transformado en un eficaz (aunque desde su punto de vista, poco veraz) rumor. Cobos dice que se está separando de su esposa de toda la vidar y desmiente que haya dejado embarazada a otra mujer. Suena crudo y descarnado, pero la versión circulante lo era todavía más áspera y hasta con detalles. El legislador -que en las humoradas recuerdan que "ya había traicionado a otra Cristina- no reconoce traición, paternidad extramatrimonial ni amorío. Ni tiene que hacerlo, sencillamente porque incumbe a su vida privada.

¿Por qué se interesó la prensa por el asunto? Pues porque el propio Cobos reaccionó -como tantos otros políticos mendocinos- cuando un medio porteño le sacudió con la publicación del asunto en las narices. Podría haber actuado antes, pero esperó a que estallara. Ahora es un asunto público.

¿Y por qué debiéramos interesarnos como ciudadanía? En este caso, no tendríamos por qué. Sí en tantos otros casos que no han tenido la suerte de contar con un comunicado de prensa oficial, por H o por B, y en los que sus protagonistas apostaron a la extinción del rumor, por más que luego en los hechos quedara confirmado.

Los periodistas mendocinos (los de ahora y los de antes) conocen una voluminosa historia de encuentros y desencuentros amorosos de los políticos. Eso no tiene nada que ver con su condición de tales, salvo una sola cuestión: que además levanten la bandera de la hipocresía en su actuación pública y se emperren en ello.

Así, si se drogan o recurren a travestis para darse manija o satisfacer sus necesidades, no importaría salvo que se planten ante la sociedad como luchadores contra la drogadicción y el narcotráfico o cultores de "la familia tradicional", marchando en cuanta procesión quede en agenda y bramando contra "el avance del flagelo" ante cualquier micrófono que se les cruce. En Mendoza seguramente hay hijos extramatrimoniales, protectores del delito, y aquellos que muestran lo que no son, solo para conseguir votos.

La vida cotidiana en la sociedad tiene todo tipo de cuestiones como estas y otras peores o mejores, según la vara con las que se lo mida y según quién detente esa vara. Chusmerío, salvo para los que se sientan afectados directos: para ellos debe ser una prueba que la vida les pone por delante y sabrán cómo afrontarla. Y mientras no vendan más hipocresía como plataforma electoral, no deberíamos preocuparnos tanto por lo que les pasa.