opinión

Devolverles sentido a las palabras

Devolverles sentido a las palabras

 La educación popular adquiere , en su pensamiento y acción, un valor colosal como instrumento de civilización y núcleo de la organización social.

Su concepción sobre civilización, abrió la polémica reduccionista de nuestra larga historia de pensamientos bipolares: civilización y/o barbarie, ricos y pobres, unitarios y federales, izquierdas y derechas . Aun hoy estos conceptos admiten representaciones polisémicas que trastocan sus sentidos: ¿Es barbarie la cultura de la exclusión y la pobreza?. ¿Es civilización la corrupción globalizada?. Interrogantes que hoy nos planteamos en esta permanente cultura de fricción sin respuestas .

Sarmiento advierte que los cambios que la Patria necesita se fundan en la educación.

En 1.849, además de Viajes , publicó De la Educación popular, informe oficial de todos sus pensamientos y las experiencias resultados de su misión en el extranjero.

Con claridad advierte que el remedio inmediato para América , es la instrucción pública y como complemento, las bibliotecas populares. No lo desvelan ya las teorías pedagógicas, sino la necesidad de fundar escuelas. La escuela como órgano de mejoramiento social: educar ciudadanos eficaces, más que individualidades aisladas.

La Palabra es para Sarmiento, no sólo, la expresión de su pensamiento, sino un instrumento dual que le sirve para dar batallas memorables en su función periodística y política y para dar fundamentos a la profunda tarea de educar al Soberano.

El que no sabe, nos dice, gracias a una lectura inteligente devolver la vida a las palabras puestas en el papel, es incapaz de darse cuenta de su contenido. (La base de la enseñanza primaria es la lectura: "No se comprende suficientemente cuantos cuidados deben prodigarse para que los niños adquieran las ideas necesarias para que puedan leer con provecho" (Diario El Mercurio.1.842).


En Chile, Sarmiento observa que los que piensan en el progreso suelen apoyar a las universidades y los seminarios, pero descuidan la enseñanza primaria. No obstante la verdadera civilización de un pueblo no consiste en tener un centenar de individuos que constituyan la "aristocracia del saber", sino el mayor número de ciudadanos instruidos. Lo que necesita una sociedad moderna es una "educación común", libre de las odiosas diferencias entre ricos y pobres, maestros y esclavos, nobles y plebeyos. Sólo cuando se han comprendido estos principios, quedan establecidas las bases de un gobierno democrático
Devolver la vida a las palabras.

Esa es la tarea permanente del maestro.

Sarmiento tiene alma de educador, sabe que no basta saber la ciencia, para saber enseñar. Ha de proporcionársele al futuro maestro la educación conveniente para el ejercicio de sus funciones. Para ser un buen maestro se requiere cierta vocación especial, cierto amor a la infancia, ese especie de gozo de enseñar.

"No es inútil, nunca superfluo, recordar que la lectura, no es un ejercicio mecánico, que consiste solamente en reproducir, hasta perfectamente los sonidos figurados por las letras" Para exigir de sus alumnos una lectura inteligente, el pedagogo hacía comprender a sus alumnos la significación, el ritmo y el tono del texto: "La perfección final de la lectura depende del completo desenvolvimiento de la inteligencia del que lee para que pueda comprender el sentido de las palabras y por ellas el pensamiento del autor, lo que no se adquiere sino después de un largo ejercicio y después de un hábito constante de leer. (Informe de final de año.1.844).

Su defensa de la palabra viva, lo convierten en un testigo gesticulante, apasionado que trasmite con rotundas frases y hermosas metáforas, su experiencia de vida, su valor, su lucha.

La palabra viva es portadora de belleza. Sarmiento describe, con especial sensibilidad poética , paisajes y experiencias en textos memorables :
los atardeceres en distintos lugares del mundo, la tormenta en la pampa, su percepción del paisaje tucumano, cuando nos pinta: El nogal que entreteje su anchuroso ramaje con el caobo y el ébano; el cedro deja crecer a su lado al clásico laurel, que a su vez resguarda en su follaje el mirto consagrado a Venus, dejando todavía espacio para que alcen sus vara el nardo y la azucena de los campos"...(Facundo. Pág. 172).

Fue un Maestro en vida y es un maestro en su pensamiento que cobra cada vez más vigencia en nuestros conflictivos días de educación pública.
La palabra como instrumento de enseñanza debe encarnar conocimientos y vivencias para poder crear y recrear un acto didáctico con sentido. La palabra viva que se nutre de ideas, de realidades, que se pronuncia con fuerza y armonía, transfiere a quien la escucha el interés que crea vínculos de saber y provoca nuevas búsquedas. Ese es el hecho pedagógico por excelencia: el encuentro, el dar vida a las palabras.

Hoy, asistimos acongojados a la devaluación sistemática de la palabra. Aun a riesgo de parecer nostálgica , evoco las expresiones: "Doy mi palabra", "Palabra de honor", en las que la palabra era portadora de dignidad y compromiso. Palabras que no se lleva el viento, porque connotan valores en acción. No es otra cosa la educación.

Devolver la vida a las palabras.

Tal fue la misión de Sarmiento.

Tal debe ser nuestra misión docente.

Feliz Día del Maestro.

Opiniones (2)
22 de junio de 2018 | 05:05
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22 de junio de 2018 | 05:05
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  1. Señora Elia B de Zizzias, como siempre sus notas son excelentes. Concuerdo y reafirmo que :PARA SER UN BUEN MAESTRO, SE REQUIERE DE CIERTA VOCACION ESPECIAL, CIERTO AMOR A LA INFANCIA Y ESE ESPECIE DE GOZO DE ENSEÑAR". Gracias.
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  2. Solo el pensamiento crítico tiene el poder de resucitar la palabra. No basta con pensar que pensamos; hay que pensar qué pensamos.
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