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¿Es posible un gobierno tripartito en España?

¿Es posible un gobierno tripartito en España?

Tras el fracaso de la investidura de Rajoy, los partidos políticos han vuelto al estado en que parecen estar todos más a gusto: la guerra tonta. Las cuatro formaciones de carácter nacional han vuelto cada una a su trinchera, dispuestos a dedicar las próximas semanas a echar la culpa a los otros tres del ridículo colectivo que nos están brindando. No creo en tópicos sobre carácter nacional o cultura política, pero es difícil imaginar algo más español que todo este espectáculo.

Lo más irritante, sin embargo, no es tanto el bloqueo constitucional sino la sensación que casi nadie parece estarse tomando las cosas en serio. Para empezar, el PP cerró la segunda votación con un ejemplo glorioso de cinismo político. Tras pasarse dos semanas prometiendo a Ciudadanos que habían visto la luz y estaban dispuestos a abrazar reformas serias contra la corrupción, el ejecutivo de Rajoy tenía la inmensa jeta de nombrar a un ministro caído en desgracia a un puesto en el Banco Mundial. El día siguiente clamaban que no darle el cargo hubiera sido injusto porque uno es funcionario para toda la vida, incluso después de tener un carro de casos de corrupción a cuestas.

Ciudadanos, tras haber sido tratado como un vasallo de poca monta durante el debate de investidura, han dicho que están hartos, indignados y que vale ya de conductas deshonestas. Acto seguido han pedido al PP educadamente que propongan a otro candidato mejor, al PSOE que apoyaran al partido que lleva toda la semana abofeteándoles, todo ello mientras se negaban a estar en la misma habitación que Pablo Iglesias.

Podemos, mientras tanto, ha decidido que no tiene nada mejor que hacer que exigirle al PSOE una coalición con todo partido bajo el sol fuera del PP y Ciudadanos, por mucho que los socialistas insistan que no están dispuestos a ello. Dado que es poco probable que un número suficiente de nacionalistas voten a favor de una coalición PSOE-Podemos (necesitan al PNV y CDC o ERC, con uno de los catalanes absteniéndose. Si Bildu votara no, por cierto, habría un glorioso empate a 171 en la segunda votación), Pablo Iglesias además se ha permitido el lujo de pedirle a Ciudadanos una abstención a cambio de nada, porque nada dice "negociación" como pedir concesiones sin ninguna contrapartida más allá de contemplar la grandeza de Pablo Iglesias.

Los socialistas, por supuesto, también tienen su dosis de ridículo. Aunque Pedro Sánchez al menos está pidiendo la única coalición ariméticamente viable sin el PP (esto es, un tripartito PSOE-Cs-Podemos), medio partido parece aferrado a la idea que gobernar es malo para la salud. Que el objetivo de un partido político para algunos sea no hacer política es francamente curioso, pero tristemente esta parece ser una corriente ideológica con tradición en el partido.

Con este panorama la pregunta obvia es si hay alguna posibilidad que los partidos se bajen del burro y decidan dejar de lado esta cadena de vetos cruzados de modo que eviten unas terceras elecciones. En condiciones normales la respuesta debería ser sí, pero en el extraño universo del sistema de partidos español, Dios sabe.

Para empezar, ahora mismo sólo hay un partido que parece estar seguro que un adelanto electoral implicaría una mejora de sus resultados: el PP. El mejor predictor del voto en diciembre será casi seguro lo que vimos en las urnas en junio, y la tendencia en esas elecciones fue bastante clara. Dado que los otros tres partidos nacionales se presentan a unos comicios porque no quieren que mande el PP (si quisieran que mandara el PP sin condicionantes, votarían al PP y fuera), es seguramente una decisión racional para ellos tomar acciones que eviten que el PP gane las elecciones con mayor holgura. Eso querría decir no repetir elecciones, algo que, por milagros de la arimética parlamentaria, son capaces de hacer pactando entre ellos.

¿Es un acuerdo entre PSOE, Ciudadanos y Podemos algo remotamente posible? Si escuchamos la retórica de Albert Rivera y Pablo Iglesias, las demandas de ambos partidos son incompatibles. El PSOE debe escoger entre uno u otro, por mucho que hacerlo conlleve coaliciones fantásticamente inviables que los socialistas rechazan (dar el gobierno al PP o un imposible con independentistas). Si alguien en esos dos partidos, sin embargo, se parara a mirar lo que tienen escrito en sus programas electorales, las cosas cambian bastante.

Es cierto que Ciudadanos y Podemos, en muchos temas, tienen propuestas muy distintas. Uno es un partido de centro derecha, el otro es un partido de izquierdas; es algo tan obvio como inevitable. Un país gobernado en mayoría absoluta por Rivera o por Iglesias tendría un presupuesto, leyes y distribución de renta muy diferente. Hay cosas como tamaño del estado de bienestar a largo plazo, forma del estado, configuración del sistema autonómico, diseño del sistema educativo y cientos de otras materias donde las posiciones están encontradas, y el acuerdo es casi imposible.

Las palabras clave en esta última frase, sin embargo, no son " el acuerdo es casi imposible", sino "a largo plazo". Aunque hay muchas cosas donde las visiones a 10-20 años vista son incompatibles, hay una cantidad considerable de temas que ambos partidos consideran urgentes ahora mismo, y así lo reflejan en el contenido de sus programas electorales. Este es el caso, por ejemplo, en cosas como la reforma de la ley electoral, amplios paquetes de medidas para combatir la corrupción (reformar la contratación pública, combatir el capitalismo del BOE, reforzar la justicia y el tribunal de cuentas, regular los lobbies, endurecer penas, despolitizar la administración), reforma del sistema de financiación autonómica, ley de segunda oportunidad, educación infantil universal o incluso en varios puntos de una posible reforma constitucional. La lista de temas y preocupaciones es bastante más extensa de lo que uno se esperaría en vista del debate, y nada impide que Podemos y Ciudadanos firmen un acuerdo sobre estos temas, especialmente cuando el PSOE está de acuerdo en muchos de ellos y no lo está el PP.

Aparte de los temas comunes, es curioso comprobar que las diferencias entre Podemos y Ciudadanos en materias donde dicen estar en desacuerdo son a veces más de grado que de fondo. Hablemos, por ejemplo, sobre impuestos, comparando el acuerdoPSOE-Cs de hace unos meses con el acuerdo de coalición de Unidos Podemos. Garzón e Iglesias señalan de forma acertada que España recauda ocho puntos de PIB menos que la media de la Unión Europea, y se marcan como objetivo aumentar los ingresos fiscales en tres puntos durante la legislatura. El acuerdo entre Rivera y Sánchez señala el mismo dato, y aunque no dan una cifra de recaudación adicional exacta, mirando el gasto pactado y los objetivos del déficit sale un aumento de la recaudación de un par de puntitos de PIB. Hay diferencias en cómo se recauda este dinero (y el acuerdo PSOE-Cs es bastante optimista sobre cuánto dinero sacarían), pero la lista de tributos que se repìte en ambas listas no es corta (subir recaudación en sociedades, impuesto sobre grandes fortunas, eliminar deducciones, impuestos medioambientales). Un acuerdo de mínimos no es imposible.

Estas diferencias de grado se extienden a otras áreas. Aunque UP tiene una visión sobre el mercado laboral distinta a Ciudadanos (e insisto, mucho más conservadora), la realidad es que hay bastantes coincidencias en cosas como la negociación colectiva o incluso en contratos temporales. El acuerdo entre PSOE y Cs incluía un contrato temporal que tras dos años se equiparaba con los indefinidos vía indemnización por despido creciente. En el de coalición de UP el contrato temporal único (¿?) pasa a ser indefinido a los doce meses, aunque no especifican cómo. De nuevo, algo pueden pactar, aquí y en otras áreas.

Lo cierto es que, por mucho que los partidos chillen y se envíen a parir unos a otros, hay un número considerable de temas en los que PSOE, Ciudadanos y Podemos pueden ponerse de acuerdo. Las materias donde realmente coinciden plenamente no dan para un gobierno de coalición de largo recorrido o un pacto de legislatura a largo plazo, pero la lista es lo suficiente extensa y los problemas lo suficiente importantes como para que sea viable un acuerdo de urgencia pensando en una legislatura corta, contando con volver a las urnas en un año o dos. Los tres partidos pueden sentarse, sacar adelante un montón de leyes a las que se opone el PP en 12-18 meses, arreglar un porcentaje nada trivial de problemas institucionales del país en el proceso y dejar las grandes batallas sobre el estado del bienestar para más adelante cuando los presupuestos no nos los redacte Bruselas.

Nadie gana, pero todos pierden menos que con la alternativa. La gente de Podemos tendrá el consuelo que gracias a este acuerdo sólo tendrán que aceptar la en su opinión tímida y débil política social del PSOE y Ciudadanos en vez de la aún peor política social de PP y Ciudadanos. Rivera y los suyos, mientras tanto, deberán resignarse al izquierdismo bobalicón del PSOE (que ya han dicho que les parecía bien hace unos meses) en vez el izquierdismo exaltado de Podemos. El PSOE, mientras tanto, aparte de tener que sufrir el suplicio de tener que gobernar, se ahorrará tanto la humillación de darle el gobierno al PP como el manicomio de tener que gobernar con independentistas.

Parece un escenario incluso lógico, realmente, y ese es el problema. Los dirigentes de Podemos temen perder a sus bases si colaboran con el régimen. Los de Ciudadanos temen perder aún más votantes de ley y orden si hacen algo en compañía de radicales con coleta. El PSOE tiene miedo a ser visto en público tomando alguna decisión. La cuestión es que en ausencia de este acuerdo, los tres partidos ya vieron qué sucedió el 26-J. Ahora deben decidir si prefieren continuar con su declive en unos terceros comicios el día de Navidad, y que sea el PP el que mande, o tomar el riesgo de un acuerdo e intentar gobernar y hacer algo medio positivo por el país, no sea que mejoren la vida de algún votante*.

Lo que hemos visto hasta ahora es que Albert Rivera, Pablo Iglesias y un amplio sector del PSOE son aversos al riesgo, y prefieren seguir jugando como nunca y perdiendo como siempre antes que ser objeto de crítica. Si no quieren jugársela y dejar que mande el PP, allá ellos.

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Dos notas finales sobre elecciones en Euskadi y Galicia, y sobre un posible paso atrás de Rajoy. Sobre las autonómicas, el resultado no cambia la ecuación demasiado. El PNV casi seguro podrá escoger entre PP y alguien de izquierdas en el País Vasco. En Galicia, un gran resultado del PP hace que los otros tres partidos teman aún más un adelanto electoral, mientras que un mal resultado hace menos atractivo un acuerdo con Rajoy. La arimética en Madrid, y la tendencia para navidades, no cambia.

Si Rajoy renunciara como candidato, el cálculo para Ciudadanos y PSOE sí sería distinto. La cuestión es que Rajoy no parece tener la más mínima intención de irse precisamente porque cree que el adelanto electoral le favorece, y porque cree, no sin cierta razón, que los otros tres partidos son demasiado paranoicos para ponerse de acuerdo entre ellos.

Lo dicho, aversión al riesgo. Hoy y siempre, el mayor aliado de Rajoy, sea propia o ajena.

*Cuenta la leyenda que a los votantes les gustan los políticos que solucionan problemas y hacen que las cosas vayan mejor. Es eso, una leyenda.

- Roger Senserrich es un politólogo español residente en EEUU. Habitualmente sus columnas son difundidas por el portal Politikon.es, fuente de ésta.

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25 de junio de 2018 | 13:54
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