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Del dicho al hecho, aceleramos la Justicia

Del dicho al hecho, aceleramos la Justicia

 Parece increíble, pero hasta hace algunas semanas, la burocracia a la que estaba sometida la Justicia Penal, hacía que mendocinos que estaban sometidos a proceso, esperaran largos meses por la definición de su situación y que fiscales que querían hacer su trabajo de manera eficiente, se encontrasen con la imposibilidad de recurrir a herramientas tecnológicas para agilizar su tarea.

Mientras tanto, pilas y pilas de expedientes se acumulaban en escritorios, armarios y hasta en el piso de los juzgados. El problema no eran los expedientes, el problema es que en cada expediente había dolores, personas que soportaban esos dolores y recursos que el Estado perdía por falta de pericia.

En su campaña a Gobernador, escuchábamos que Alfredo Cornejo hablaba de la oralidad y la tecnología como aliada de procesos rápidos y transparentes. Algún descreído diría "promesas de campaña".

Hace algunos meses empezamos a debatir la reforma del Código Procesal Penal y decíamos que eran necesarias reformas que asociaran a Justicia con agilidad, celeridad y eficiencia. Los escépticos podrían decir entonces "leyes que se convierten en letra muerta".

Pero, como siempre, quienes creemos en la política como herramienta para transformar positivamente la sociedad, pensábamos que eran necesarios cambios genuinos y rápidos, que las frustraciones del pasado no podían condicionar nuestra tarea, y así, votamos leyes con la expectativa de saber que pronto habría resultados concretos.

Hoy, estamos ante ellos. No hay lugar para descreídos y escépticos, los cambios están a la vista.

Los medios de comunicación confirman en estos días lo que los fiscales y trabajadores judiciales señalan hace algunas semanas: procesos penales que antes implicaban papeleo e ida y venida de expedientes con plazos que se extendían muchas veces sin lógica, se están moviendo más rápido; y así, la Justicia está recuperando una característica fundamental: celeridad.

Que un proceso que duraba en promedio un mes, ahora no demore más de dos horas, es un triunfo de la buena política, la que defendemos, la que da respuestas ágiles a problemas históricos; la que erradica con decisión, dolores que parecían perpetuos.

Mendoza ha dado dos pasos muy importantes en estos meses. Primero, asociamos la cuestión de la seguridad a la Justicia, a la vez que desapegamos el dolor de la inseguridad a la política electoralista que tanto daño nos hizo. Ese vínculo que implica abordar la inseguridad en el marco de las adecuaciones en la Justicia, permite proponer y aplicar políticas con una mirada más amplia y, tal como lo indica el caso de los procedimientos orales, cambios inmediatamente notables.

Segundo, hemos superado la visión partidista del asunto. En otros tiempos, caíamos en un debate estéril y pobre que nos encerraba en una falsa opción binaria de mano dura o garantismo. Esta vez, Mendoza ha aprendido; con el dolor que implicaron años de frustraciones y de diálogo de sordos, oficialismo y oposición hemos propuesto, discutido y votado leyes realmente transformadoras, haciendo a un lado los colores y poniendo ante todo a la Provincia.

Falta mucho, muchísimo. Mendoza tiene mil materias pendientes, pero hemos avanzado sustancialmente: encontramos un método que honra el diálogo y el acuerdo y estamos adquiriendo una madurez democrática que nos facilita el camino a recorrer entre el problema y la solución. Que los expedientes empiecen a moverse, que los plazos procesales empiecen a acortarse y que la Justicia se asocie al valor de la eficacia, es muestra de ello.

Hoy, tenemos una Justicia más ágil que en diciembre, costó pero lo conseguimos, y es un motivo de alegría para quienes siempre creímos que Justicia lenta no era justicia. Mendoza sigue cambiando.

Opiniones (3)
27 de mayo de 2018 | 07:36
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27 de mayo de 2018 | 07:36
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  1. El 9 de enero de 1633 a petición de Fernando Bravo, vecino feudatario de Mendoza, se dicta Real Provisión a fin de que se envíen los autos seguidos (juicio) por el Teniente de Corregidor de la Provincia de Cuyo, Antonio Moyano, contra un indio de su encomienda porque mató dos pollinos y se los comió con otros indios. (Fuente: Archivo Nacional de Chile, Archivo de Reales Provisiones, Documento 53, Folio 204). El 6 de febrero de 1694, el hacendando mendocino Gregorio Ladrón de Guevara (ex funcionario del Cabildo y de familia influyente) se presenta al Cabildo de Mendoza a raíz de un litigio con el Cabildo de San Luis, por que había sacado de la jurisdicción de aquella provincia ganados y no había pagado los Reales Quintos (impuesto interprovincial, quinta parte del valor total). Guevara aduce que los capturó en la zona de Llochapeñas (río Diamante, hoy General Alvear), pero las autoridades de San Luis dicen que es mentira, debido a que la zona está habitada por los Chiquillanes (aborígenes que defendían su tierra y posesiones con la vida y no cualquiera se animaba a ingresar en la zona) y por testigos dicen que Guevara los ingresó a Mendoza desde San Luis por Corocorto (hoy La Paz) ; el 9 de febrero el alcalde mendocino Pedro de Trilles viaja a Chile y presenta el caso en la Real Audiencia; el 27 de marzo (51 días después), la Real Audiencia de Chile dictamina que Guevara es inocente, confirmado por Lucas Francisco de Bilbao la Vieja, Diego de Zuñiga y Tobar y Alvaro Bernardo de Quirós, refrendado por el escribano Bartolomé Maldonado. (Fuente: Actas Capitulares de Mendoza, Tomo 4). Estos dos sucesos ocurrieron hace 300 años, pero denotan una doble justicia; si Guevara lo sacó de San Luis sería un evasor y si Guevara lo sacó de General Alvear sería un ladrón; entonces si los aborígenes se robaron 2 pollos y fueron condenados, y Guevara les robó vacas y quedó libre, eso se llama impunidad (a eso se refiere San Martín cuando dice: "la estúpida educación española"). Los mendocinos vamos a apoyar todos aquellos proyectos que mejoren nuestra justicia y bienvenido sea, pero la LEY debe ser pareja para todos. Y como dice el dicho: "la honestidad no tiene valor, si la corrupción tiene precio". Saludos.-
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  2. No pretendo ser agorero de malas noticias, pero esto no va a funcionar a lo largo del tiempo. Ejemplo: flagrancia; cuando empezo tenia audiencias a los 2 y 4 dias; hoy, a 8 meses. El sistema oral funciona si se tiene la cantidad de jueces suficientes, sino no funciona. El fuero laboral, oral tambien, fija vistas de causas a febrero de 2018. Estoy de acuerdo con la reforma, excepto en la quita de la apelacion en la elevacion a juicio, q quiza sea inconstitucional por violar el principio de progresividad; y que los ayudantes fiscales, q no pasan x el Consejo de la Magistratura ni tienen acuerdo del Senado, puedan ir a ciertos debates y actos procesales, lo que para mi importa nulidad x el art. 198 CPP. La celeridad de la justicia, a veces a toda costa, ha sido una constante historia (procesos sumarios, ejecutivos, etc), pero la estructura judicial debe ser adecuada a tal celeridad. En cuanto se "enferme" un juez, fiscal (ayudante), defensor o imputado, el sistema cae solito. De esto la historia judicial esta llena de ejemplos. Ya que si esto fuera la panacea, ya lo hubieran instaurado antes, y si no lo han hecho, no es porque no se dieron cuenta, sino porque se necesita ampliar la estructura judicial hasta la cantidad necesaria para procesar las causas reales.
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  3. Me ha conmovido la noticia que acabo de oír, de que a los infelices encarcelados no se les suministra, sino una comida cada veinticuatro horas. La transmito a VS (Vuestra Señoría) sin embargo del feriado, para que penetrado de iguales sentimiento propios de su conmiseración, se sirva disponer se les proporcione cena a hora que no altere el régimen de la cárcel. Aquel escaso alimento no puede conservar a unos hombres que no dejan de serlo, por considerarles delincuentes. Mucho de ellos sufren un arresto precautorio sólo en clase de reos presuntos. Las cárceles no son un castigo, sino el depósito que asegura al que deba recibirlo. Y ya que las nuestras por la estúpida educación española están muy lejos de equipararse a la policía admirable que brilla en las de los países cultos; hagamos lo posible por llegar a imitarles. Conozca el mundo, que el genio americano abjura con horror las crueles habitudes de sus antiguos opresores; y que el nuevo aire de libertad que empieza a respirarse, extiende un benigno influjo a todas las clases del Estado. Oficio del gobernador José de San Martín al Cabildo de Mendoza, 25 de marzo de 1816. Saludos.-
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