opinión

La trágica experiencia de amar

El amor es una tragedia porque no hay hecho más descontrolado, involuntario y fuera de toda maniobra que enamorarse.

La trágica experiencia de amar

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

¿Cómo explicamos al amor? Aquí no cuenta ni la ciencia ni la metafísica. El amor sería lo más parecido a un relato, un arte, en el sentido que nos conmueve y emociona. Explicar al amor de este modo, nos permite pensar nuestros vínculos en términos de historias, "historias de amor". El amor, atraviesa todo lo que hacemos, pero en nuestra cultura se fue reduciendo a pequeños lugares. Por eso, lo trágico del amor es que uno no pueda no amar. Surca todo lo que hacemos, porque está atravesado por un deseo y sin la existencia de ese deseo, nuestras acciones no tendrían sentido; amamos nuestro trabajo, nuestro deporte, nuestros hobbies, nuestros amigos, nuestra familia, nuestra ciudad, nuestra música, etc.

Concretamente el amor es una tragedia porque no hay hecho más descontrolado, involuntario y fuera de toda maniobra que enamorarse. Muestra la impotencia de nuestra autonomía, ya que no pasa por una decisión racional. En algunos casos, todo cálculo nos indicaría lo inoportuno de enamorarnos. Pero aunque demostremos que no nos conviene, lo hacemos igual, en ciertas ocasiones incluso, mientras menos nos conviene, vamos por más, porque el amor se pelea con la lógica de la razónUno no elige en el amor, sino que el amor lo elige a uno, eso significa que es una "pasión" (viene de pasivo), lo padecemos, nos toma, no lo decidimos. La razón evalúa conveniencias, en cambio el amor es otra cosa, es previo a la razón.

Sin embargo, volvamos al amor y su génesis, su aparición y creación. Ese hecho del que teorizamos casi con sabiduría experiencial y al que no podemos domar, ni con los años, ni las promesas, ni la fuerza. Quizás sea el mayor acto involuntario que el ser humano padezca. Y eso es lo contradictorio en el amor, pues quien lo busca, no lo encuentra. Pues es el amor el que decide cuándo y con quien. Vivimos ensimismados en el trabajo, automáticos y repetitivos en las tareas de cada día. Pero de repente,aparece la fatalidad de un perfume, que puede desencadenar la caída en un precipicio del que no nos daremos cuenta, hasta el impacto final con la realidad del sentimiento que nos ha inundado por completo, de sentir que no puedo estar lejos de esa persona, y es ahí donde el amor ya me escogió. Así se nos presenta, sin poder advertir su llegada. Pues el amor, solo sucede.

Una vez que el genio del amor sale de la lámpara(ésta vez sin frotarla), sobre esa aparición se trabaja. Si, se trabaja. Pues no tiene poder para autoabastecerse. Y de hecho, con el amor no basta. Sobre su existencia se cabalga, pero con las riendas dirigidas en un camino concreto. No al estilo de Romeo y Julieta que trata de un amor patológico, enfermizo, un relato traumático en que uno es capaz de morir por amor. Es una narración de un amor puesto en la exacerbación romántica,al punto de ser capaz de perder la dignidad, la esencia, el ser. Una idealización tan irreal,que plantea la relación en la esfera de lo imposible, llegando al extremo paradójico y ambiguo de morir por otro.Cuando se hace todo por el otro y por ende nada por sí mismo, es el derrumbe de una parte constitutiva de la pareja.

Pues si queremos compartir la vida con alguien, que sea compartir lo que somos, tenemos y sentimos. La condición para amar a otro es amarse a uno mismo. Querer nuestra vida, nuestra gente, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestro estilo y pasiones. Orgullosos de nuestros valores, anhelos y gustos. Respetuosos de estar constituidos por todo esto.Y sentir que del otro lado, hay alguien que valora todo eso como ajeno. Que respeta y entiende que no nos poseemos. Donde se festejan las coincidencias, se respetan las disidencias y se evitan los abismos. Un lugar, donde la cercanía es tan valiosa como la distancia y tan oscilante como las mareas. Donde mi individualidad no desaparece, por el contrario, resplandece y brilla en el espacio que se le otorga ami"ser de ese modo". Y donde mi existencia se enriquece con su presencia. Por todo esto es que nada es tan sublime y gratificante, como llevar a cabo la idea, que el amor es dejar ser, para poder construir un "nosotros".

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25 de mayo de 2018 | 02:34
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