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Resiliencia: cuando la vida nos doblega, pero no nos quiebra

Sobrevivir a la desgracia no significa ser más fuerte, ni más poderoso, ni más inteligente, ni más rápido. Significa ser perseverante.

Resiliencia: cuando la vida nos doblega, pero no nos quiebra

 Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Darwin ya decía"no es el más fuerte, ni el más inteligente, el que sobrevive, sino aquel que más se adapta a los cambios"; como aquel ser vivo que tiene la capacidad de generar una mayor adaptación a su entorno. La especie humana ha podido registrar muestras interminables y sobradas, de la capacidad de acomodación y asimilación, a las diversas circunstancias de la vida. Éste eximio investigador,pudo observar, cómo aquellos seres que mejor se acomodan a su ambiente, son los que realmente logran adaptarse mejor al cambio. El hombre, vive expuesto constantemente a situaciones inesperadas, adversas, cambiantes, y su respuesta determinará el cielo o el infierno.

A veces tenemos la creencia que una vida feliz está signada por una salud completa y total; una vida desplegada en los climas cálidos y paradisíacos del caribe; una abultada cuenta bancaria; o poseer innumerables distinciones, prestigio y reconocimiento académico. Curiosamente estos cuatro aspectos, constituyen los grandes mitos sobre la felicidad (científicamente estudiados) que el ser humano, persigue y desea.

Como el burro tras la zanahoria, nos pasamos la vida persiguiendo aquello que anhelamos y no poseemos, creyendo que es lo que nos hará felices; o mirando de reojo, la vida de los demás, estimando que es más plena que la nuestra. Parece que quienes logran poseer aquello que nosotros anhelamos, son los que han conseguido la fórmula oculta e inextricable del "saber vivir", la poción mágica de sortear los obstáculos del camino, o al menos, de no sufrir en carne viva las circunstancias penosas, que la existencia nos trae a nuestras vidas.

Pero nada más falaz, tramposo y engañador, que todo este tipo de creencias. Solemos sacar "fotos instantáneas" a nuestros pensamientos o a la vida de los demás, describiendo meramente un instante congelado de la vida. Y de esta foto, hacemos descripciones fantásticas: "....si consiguiera ese trabajo ya no tendría más problemas", "...con ese auto y esa casa, no la debe pasar nada mal", "...es brillante en su profesión", "si yo hubiera nacido en otra familia todo sería más fácil...". Y así podríamos seguir con cuantiosos ejemplos.

No nos engañemos más. De la vida y sus circunstancias, nadie, absolutamente nadie escapa. A todos, más tarde o más temprano, les toca enfrentar la perdida de seres queridos irreemplazables, experimentar carencias básicas que dejan huellas de por vida, enfermedades graves, la pérdida de un trabajo, problemas financieros, o tener que hacerse adultos cuando apenas dejan de ser niños. Otros, sin embargo, tuvieron "la mala suerte" que siempre les fue bien. ¿Parece una ironía? Pues lo es. Quienes no tuvieron la dosis necesaria de frustraciones a lo largo del crecimiento, no habrán desarrollado la "callosidad" necesaria, para soportar los embates tormentosos que le puedan deparar. Cuasi como una sobreprotección, que lo único que generó fue desprotección, desvalimiento, falta de experiencia, sensación de debilidad y desconocimiento de los propios recursos, para hacer frente a la adversidad.

Hoy hablamos de Resiliencia, como la capacidad que tiene una persona para salir ilesa o aún fortalecida, de las situaciones adversas o dolorosas de la vida. Lo cual es muy distinto a no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las desventuras. Un ser resiliente es un ser que se dobla como un plástico, se aplasta como una goma o se retuerce como un papel. Pero no se rompe, no se parte, ni claudica. Sino que vuelve a su forma, se recupera, retoma su estado anterior, pero con un aprendizaje que lo pondrá en una instancia superadora y evolucionada, como resurgiendo de las cenizas. Levantándose a sí mismo, para poder continuar.

Para ser transformado por las adversidades(entendiendo que uno es el arquitecto de su propio destino), se necesita del sentido del humor, poder apoyarse en los demás, ser objetivo y optimista(confiando en las propias capacidades), conocerse y ser constantes, mirar para adelante con una actitud favorable para el cambio. Lograr mirar el lado más brillante de la vida y si no existe, frotar el más oscuro hasta que brille. Todo esto permite reaccionar satisfactoriamente ante las desdichas, salir fortalecido de ellas y seguir adelante con nuevos aprendizajes. A veces las transformaciones duelen, pero una vez cambiados nos damos cuenta que el proceso era necesario.

Porque sobrevivir a la desgracia, no significa ser más fuerte, ni más poderoso, ni más inteligente, ni más rápido. Significa ser perseverante, tesonero, flexible, ver la oportunidad donde otros ven la desazón, no darse por vencidos nunca, aunque no pueda vencer siempre. Muchas veces nos imaginamos impotentes ante fatalidades(reales o imaginadas). Sin embargo, cuando la vida transcurre, muchos, sin saber cómo, se ponen en acción como comandados automáticamente con fuerza sobrehumana. Hacen, accionan, se involucran, se arriesgan.Otros sueñan con imposibles, se ponen objetivos complejos, se determinan a ser felices, atraviesan y doblegan las contingencias.

Entonces, no reneguemos de las piedras en el camino, no despotriquemos ante lo "aparentemente injusto" de esta vida.Como en un juego de cartas, venimos con un reparto limitado, pero está en nosotros hacer la mejor jugada a cada instante.

Elizabeth Luka escribió:"¿Cuan libre soy?"preguntó el hombre a su Creador.

- Yo no puedo rechazar mi cuerpo, ni renegar de mis ancestros, ni desaparecer de mi entorno, ni escapar de mi tiempo.

-Tú no eres libre de tus condiciones, respondió. Pero tú eres libre de elegir una ACTITUD ante tus condiciones, y eso es lo máximo que jamás he concedido.

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25 de junio de 2018 | 13:54
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