opinión

Un desafío de todos

Un desafío de todos

Cíclicamente sale al a luz la problemática de las carencias entre los estudiantes a la hora de medir, no sólo resultados del conocimiento, sino fundamentalmente del pensamiento lógico.

Nos cansamos de escuchar el diagnóstico de que cada vez tienen más dificultades para interpretar un texto básico, para expresarse con precisión, para asociar conceptos o simplemente para plantear una situación. Ni qué hablar de la pobreza de vocabulario.

Sin embargo, la situación no sólo no ha cambiado con el correr del tiempo sino que, por el contrario, se ha profundizado. Cada vez son mayores las dificultades existentes para afrontar y enfrentar el conocimiento.

Aumentan los presupuestos para educación, se busca que aumente el número de chicos escolarizados y esto, sin lugar a dudas, es un gran avance. Pero no basta.

Es que no sólo se trata de cuántos se incorporan y de cuántos terminan cada ciclo, sino también de cuánto desarrollaron sus habilidades para la resolución de cuestiones concretas de la vida cotidiana.

No se trata tampoco sólo del tiempo de escolarización sino también de cómo llegan a ese punto, con qué capacidad para avanzar en los niveles del aprendizaje.

Es que la relación escolaridad -autonomía no es directamente proporcional, aunque debería serlo, sobre todo cuando vivimos en un mundo globalizado, hiperconectados, contando con herramientas que nos permiten acceder y abordar los temas más variados.

Si no despertamos pronto para enfrentar este desafío de adiestrar en el aprender a aprender, de explicar y aplicar estrategias de estudio desde los primeros años del proceso educativo en forma progresiva , bajo la premisa de que el conocimiento es lo único que conduce, inevitablemente, a la inclusión social, seguiremos un camino errático.

Entiendo que en ese marco para el aprendizaje de saberes se inscribe un factor fundamental que no es otro que el desarrollo lector, que desde hace tiempo ha dejado de ser un bien preciado para muchos.

Y hablar de lectura no es sinónimo de textos "sesudos", como algunos creen, sino de todo tipo, por todos los medios que hoy se nos ofrecen como dulces caramelos; sólo es cuestión de acercarlos...no muerden ni pican..., para poner un poco de humor en algo que duele.

Una vez más insisto con mi expresión de cabecera en todos los órdenes de la vida: el qué está detectado y diagnosticado; nos falta nada más ni nada menos que el cómo, lo esencial.

El camino, que a mi entender obviamente comienza en el hogar, sigue inevitablemente durante el proceso educativo escolar, donde se abona el terreno para introducir a los chicos en ese mundo mágico al que nos conduce la lectura. Desde lo lúdico como punto de partida, podrán descubrir y describir personajes, hechos o situaciones, facilitando el desarrollo del lenguaje visual y textual.

Los estímulos sobran para recuperar el interés lector, que conlleva el pensamiento analitico. Esto seguramente ayudará a nuestros estudiantes a interpretar desde la consigna más simple a la más compleja, a asociar conocimientos entre las distintas áreas del saber.

No importa si un texto apunta a lo histórico, a lo literario, a lo técnico o al mero entretenimiento. Lo que interesa es despertar ese bichito lector que cuando pica te deja una marca indeleble y te ayuda a comprender lo impensado, a reflexionar, a tener luego un pensamiento crítico. Lo lograremos sólo si todos estamos decididos a enfrentar y afrontar, desde los primeros pasos , el desafío de fortalecer el gusto por el aprender a aprender. El libro es el camino.

- Norma Abdo, es periodista y docente. Autora del libro "De política y políticos".

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22 de agosto de 2018 | 03:20
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