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Kevin Johansen en Mendoza: manual de instrucciones para hombres descorazonados

El cantautor presentó su disco"Mis Américas, Volumen 1/2" ante un teatro Plaza repleto. Su perdurable carisma, una impecable lista de canciones y el soporte preciso de la banda The Nada; redondearon un show encantador.

Kevin Johansen en Mendoza: manual de instrucciones para hombres descorazonados

Desde hace más de quince años Kevin Johansen viene reafirmando, con sus discos y conciertos, el mote de músico "desgenerado" del que tanto se ha jactado. Con un recorrido que incluye Alaska, Nueva York y Buenos Aires; entre algunos de los hogares más influyentes en su exuberante viaje, el cantautor ha navegado múltiples estilos, y a pesar de rehusar de las etiquetas, ha conquistado un sello único a partir de ese festín de mixturas.

Como todo buen cancionista, el acercamiento a su obra se potencia en la experiencia del show en vivo. Anoche, frente a un teatro Plaza repleto, Johansen revalidó su calidad de líder carismático durante la presentación de su nuevo disco, Mis Américas, Volumen 1/2. Con una lista de canciones repartidas en un balance perfecto entre los temas del flamante trabajo, y los que ya han adquirido un estatuo de clásico para sus seguidores; el artista acertó de lleno en la alternancia entre pasajes melancólicos y festivos.

Kevin Johansen, Teatro Plaza concierto


A nivel musical, The Nada, la banda que acompaña al cantante desde hace década y media, no sólo suena con un swing muy preciso; sino que también afronta el reto de suplir las voces de la gran cantidad de invitados con los que Kevin Johansen contó en el disco de estudio. En una atinada decisión conceptual, no irrumpen en versión grabada las colaboraciones de referentes como Miss Bolivia, Pity Álvarez o Ricardo Mollo. A excepción del desopilante monólogo del integrante de Les Luthiers Marcos Mundstock, que oficia como intro de la canción La Bach-Chata (Habladurías); el resto de los aportes son abordados por los integrantes de la banda, sin la intención de emular el registro vocal de las figuras en cuestión, sino con el fin de completar las canciones de la manera más orgánica posible.

El público incondicional de Johansen celebró y coreó no sólo hits como Down with my baby (Barry White meets Nirvana), Daisy, Anoche soñé contigo, Cumbiera intelectual o No digas quizás; entre otros tantos, sino también varios de los tracks del nuevo álbum. De todos los Johansen posibles en Mis Américas, hay algunos que van a lo seguro, como en el tono naif de temas como Es como el día - que abrió el show- o en el fiestón propuesto en Oh, what a waist (¡pero qué cintura!), con el perdurable seductor bailando con sus seguidoras en los pasillos de la platea. Al llegar el turno de El jardín del desdén, quedó en claro que cuando el cantautor se anima a prescindir de su habitual rima zumbona, sin la necesidad de abandonar la ironía, pero atreviéndose a ir un tono un poco más filoso; puede dar en el blanco de la que quizás sea una de las mejores canciones en toda su carrera. El detalle del artista manipulando unas tijeras de jardinería durante un par de momentos de este bolero, fue uno de los instantes más exquisitos de una puesta apoyada en un sonido impecable y un diseño lumínico tan climático como preciso.

Kevin Johansen, Teatro Plaza


Tras poco más de dos horas de comunión entre público y artista, en el hall fue posible escuchar a seguidoras definiendo a su adorado Kevin Johansen con calificativos como "guapo", "sensible", "pacífico". Incluso alguna de ellas diciendo con énfasis: "Nos hace falta este tipo de hombres, que te hagan pasar una buena noche y al otro día te traigan el desayuno". En ese balance entre la ternura y la sensualidad, el cancionista ha encontrado su invaluable talismán, logrando trascender esa conquista a partir de una calidez que tiene el brillo de lo genuino. Johansen no es de los tipos que quieren parecer tal o cual cosa. Es de los artistas que extienden su mirada sensible a su obra, con la impronta de algo que no luce forzado ni ficcionado. Una clase de seductor que no viene a robarle la novia al espectador, por más de que baile con ella arriba o abajo del escenario. Un caballero juguetón, que sin pretender erigirse en profeta romántico, esparce amables consejos sobre eso que bien podríamos dar en llamar encanto. 

Kevin Johansen y seguidores en el escenario

Opiniones (2)
23 de mayo de 2018 | 01:22
3
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23 de mayo de 2018 | 01:22
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  1. Me suena a "20 poemas de amor para corazones rotos" de José María Listorti
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  2. es un capo!!!!!
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