opinión

Poetas

Leonard Cohen y Michel Houellebecq son dos de los buenos representantes de un género que, como decía Fogwill, necesita increíblemente de malos cultores.

Del latín poēta, y este del griego ποιητής poiētḗs. Del francés medieval, poétisse.

1. Persona que compone obras poéticas.

2. Persona dotada de gracia o sensibilidad poética.


Hay más poesía que poetas. Es una hermosa esperanza, amigos.

Y hay 55 poetas extraordinarios en todo el mundo (60, si quieren). El resto son malos poetas. Aunque necesarios. Basta con leer el poema de Fogwill (al final, el mismo lo lee).

Nadie define a la poesía. Sería como capturar un unicornio (hablando de malos poetas). La poesía es eso que está en el aire y que algunos muy lúcidos saben captar, de modo natural, sin forzarse. Borges, Joseph Brodsky, César Vallejo. Otro de este pelotón, el chileno más que centenario Nicanor Parra, afirma: "El poeta está ahí para que el árbol no crezca torcido". Y también dice: "El poeta no cumple su palabra si no cambia los nombres de las cosas".

"Ok, la fiesta ha terminado/ Pero yo aterricé de pie/ Y estoy aquí en esta esquina/ En la que solía haber una calle...".

Leonard Cohen tiene 82 años. Ha batallado con todo. El budismo lo ha templado en la búsqueda de una relativa paz interior. Mientras y desde muy joven ha captado gemas poéticas. Algunas hechas canciones, la gran mayoría en el formato clásico: libros de poesía.

Comenzó con una rareza, un texto de gran concentración "Let Us Compare Mythologies". La religión ya sería una cuestión trascendente entre sus preocupaciones, que oscilan entre su judaísmo genetico, el catolicismo y, finalmente, el budismo.

Otras obras suyas: "Flores para Hitler" (1964), "La Caja de Especias de la Tierra" (1965), "Parásitos del Paraíso" (1966), "La Energía de los Esclavos" (1969). Y también sus novelas: "El Juego Favorito" y "Los Hermosos Vencidos", sobre las cuales nada sé.

Fue en 1990 que decidió otro cambio dentro de la rueda. Y decidió ordenarse como monje de la religión Zen. En 1999, después de casi nueve años en el monte Baldy, abandonó los hábitos para dedicarse de nuevo a la música y la poesía. Antes deambuló por la India, como experiencia mística.

Goodnadelpix

"Me gustaría leer uno de los poemas

que me arrastraron a la poesía.

No recuerdo ni una sola línea,

ni siquiera sé dónde buscar" 


Cohen tendrá un nuevo disco en semanas. Se trata de un trabajo de ocho canciones, con inéditos y propias reversiones de sus clásicos. Apenas se conoce una canción de lo nuevo de "You Want It Darker ", que musicalizó un tramo de la serie británica Peaky Blinders. Uno de los motivos de tanta producción, en el ultimo tramo de su vida -"Popular Problems", el anterior, se presentó en 2014. es que el viejo lobo de tantos mares quedó en la ruina hace pocos años.

En octubre de 2004, una ex amante suya, que luego se transformó en representante, Kelly Lynch, usufructuó de sus plenos poderes notariales y vendió a Sony los derechos de 127 canciones de su ex amante. Pero no sólo eso: desde 1996 había cobrado doce millones de dólares en concepto de regalías.

Leonard cohen


Todos, menos Cohen, obvio, celebramos su vuelta al trabajo, pese a que debió comenzar un nuevo viaje a los 75 años. Nos vestíamos para un velorio pero en el camino a la funeraria nos desviamos a la sala de maternidad. De algún modo cumplía con la profecía de unos de sus textos monumentales:

Llévame bailando hasta tu belleza

con un ardiente violín

Llévame bailando a través del pánico

hasta que sea recogido a salvo

Álzame como la rama de un olivo

y sé la paloma que me lleve al hogar

Llévame bailando hasta el fin del amor

Déjame ver tu belleza

cuando los testigos se hayan ido

Déjame sentir tus movimientos

como hacen en Babilonia

Enséñame lentamente aquello

de lo que sólo conozco los límites

Llévame bailando hasta el fin del amor


Mi

Michel Houellebecq es una celebridad poética. Incomoda, plantea entre sus lectores el amor y el odio, casi en cuotas similares. Sabe hacerlo a la perfección, de modo profesional. Su oficio como poeta parece el último refugio, su casa de campo o en el mar, perdida y fuera de las miradas curiosas e inquisidoras. Su obra como poeta suele ser su mejor venganza: resuelve en pocas y simples palabras tanta dicotomía, tanta polémica (que suele achatar y menospreciar sus opiniones en política, economía, religión o sexo).

Su último libro editado en español es exactamente la mejor evidencia. 

"Configuración de la última orilla" es un texto joven escrito por un más que experimentado escritor.

Dudo que pese a su aparente simplicidad de estilo se trate de un libro cómodo. Y no es menos cierto que en distintos poemas propone, ante las preguntas más comunes, opciones políticamente incorrectas. No es un oda al exceso, pero tampoco a la prudencia. Incluso parece una invitación a lo desconocido, al riesgo, a un más allá que solemos estacionar apenas entre fantasías recónditas.

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El francés desarrolla novelas de ideas, lo que suele ser muy raro entre la novela contemporánea. Y en su poesía fuerza, más que el placer estético, la reflexión, la búsqueda de la incomodidad. Es jodido, Houellebecq. Y le gusta serlo. Oscila entre la razón y el sinsentido. A veces concluye en una nada a la Sartre, cuando Sartre escribía sin pontificar, suelto, libre de culpa y cargo.

Otro texto del último Houellebecq:

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Houellebecq ha superado varias nociones como creador, como fotógrafo de una realidad que desborda sus propios límites de comprensión. Y resulta más que interesante como ideólogo, en especial cuando se trata de hablar de filosofía y ciencia. 

Mientras se refiere al sexo contemporáneo no se trata de un pornógrafo. O sí, si pensamos en una tradición que condenó a Oscar Wilde y hasta el propio Truman Capote. La sexualidad ocupa buena parte de "Configuración de la última orilla", que es, a mi gusto, lo mejor del libro, más allá de la audacia. El tramo de poemas del capítulo "Memorias de una polla" justifica el libro entero. Allí aparece el más atrevido y polémico poeta, marginal y celebrado por públicos devotos en ambas orillas.

Michel


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Cada vez que leo un texto de Houellebecq presiento que el tipo conoce el futuro. Y ante este poemario, me rindo, con respeto y bastante devoción, por un mundo que debería evitar los prejuicios, los chusmeríos y meterse más de lleno en una vida que al menos le sirva al que nos suceda. La poesía juega con eso: cambiar las palabras para una misma palabra: lo que está en el aire, se respira, late y a veces no sabemos cómo explicarlo.  

Fogwill lo logró en este poema. Buen fin de semana.

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27 de mayo de 2018 | 09:51
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