opinión

Amigos con derecho: ¿amistad o erotismo?

¿Puede la amistad permanecer ajena a los deseos químicos del otro? ¿Se puede mirar con ojos de exclusividad fraterna?

Amigos con derecho: ¿amistad o erotismo?

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Uno de los grandes ejes de la vida de una persona es la vida social, y dentro de ella, más precisamente la amistad. Esa área tan preciada como necesaria, que en la adolescencia fuere generadora de identidad y fuente de autoestima grupal. Y que en la vida adulta se transforma y transciende hasta llegar a convertirse en nuestros camaradas, compañeros y testigos ineludibles, de cuanta circunstancia positiva o negativa nos toque atravesar.

Una suerte de confesionario histórico, en el que la catarsis verbal no tiene límites, pero también nos da el respaldo del silencio cómplice que se guarda bajo siete llaves, o el consejo sabio de quien conoce los rincones más recónditos de nuestra historia. Amigos que nos hacen sentir que la mochila es más liviana por el mero hecho de contar lo que hay dentro: aunque solo nosotros podremos resolver lo que allí reside y se transporta, sin posibilidad de delegar en la mochila del otro.

Sin embargo, esas mismas circunstancias que tanto nos contuvieron, que tanto compartimos y tantas horas vivenciamos, pueden poner la luz en amarillo en el semáforo amistoso, entre un hombre y una mujer. Y de un momento a otro, pasar a tener el vértigo de sabernos comprendidos y mirados, con la benevolencia necesaria como para que la frágil línea de la amistad, se transgreda hacia una zona que, hasta ese momento, era prohibida.

¿Pero es que no es cierto que sea posible la amistad entre el hombre y la mujer?¿Puede la amistad permanecer ajena a los deseos químicos del otro? ¿Se puede mirar con ojos de exclusividad fraterna a ese prójimo que nos ofrece y le ofrecemos, conocer el cofre de los secretos personales? ¿Puede la seducción implícita y la admiración, ser filtradas por el tamiz de la hermandad elegida?

Definitivamente sí. Sin margen de error. Sin la más mínima duda, es un sí cerrado y contundente. Se pueden mantener los acuerdos firmados en el aire, pero sin osar siquiera coquetear con la posibilidad de pasear por fuera del límite pautado. Marcando la cancha con sutilezas y dejando entrever que es solo amistad, lo que ofrecemos y buscamos. Esto, funciona a modo de doble límite. Si ambos coinciden en el acuerdo, pues será una amistad sincera basada en la coincidencia de perseguir fines comunes y armoniosos. Y si en alguna parte del camino, alguno de los dos llega a verse tentado por la afinidad sublime, cual hechizo de encantamiento por el otro, la contraparte puede volver a reflotar el contrato, con mínimas pero claras señales que corrijan y recuerden el rumbo de la trayectoria trazada y compartida.

Pero ¿Qué pasa cuando ambos sucumben y pasan sin frenos el semáforo en rojo, que marca el fin de la amistad y el comienzo de un vínculo con otros condimentos? ¿Se puede ser "amigos con derecho a roce", que incluye un vínculo erótico?

En sí mismo es una flagrante contradicción. Y no es que no se pueda. Sino que una vez puesto el pie del otro lado, difícilmente se pueda regresar a la comodidad de los límites del formato previo. El erotismo pasa a formar parte del fruto hasta ese entonces prohibido. Una vez mordida la manzana, ese sabor traerá reminiscencias de manera incesante e irresistible. Y ya nunca más la confianza amistosa podrá desplegar sus alas en toda su extensión.

Podríamos decir q los "amigos con derecho" responderían a un formato "light" de relación, en la que no se quiere renunciar a nada. O lo que es lo mismo, querer tener todo. Amigos, amantes, confidentes, compañeros; sin el perjuicio de disponer del vínculo que, oportunamente, más convenga a las circunstancias. Una especie de comodín, usado a discreción. Un saco a la medida, de acuerdo al clima emocional del momento.Y no hablamos de que esté mal o bien. Sólo que, a mayor nivel de ambigüedad en las relaciones, mayores chances de discordancias, y las consecuencias inevitables.

La amistad entre hombre y mujer es totalmente posible. Disfrutar de un vínculo tan importante en la vida, es un privilegio que no todos se permiten y no todos logran alcanzar y sostener. No reforzar el distinguido encuentro de la amistad cómplice y fraterna, hará que meses o años de confianza y amor noble, sean tirados por la borda por un acto que dura minutos. Ponderar aquello que queremos, sea el nacimiento de un amor de pareja, con quien era mi amigo, o confirmar el compromiso de la amistad construida, será la jugada definitoria hacia el norte o hacia el sur. Pero con un horizonte claro, decidido, y sobre todo, acordado por ambas partes en juego. Festejar la amistad profunda, la red que nos contiene, la continuidad añosa, el cariño benévolo, tiene un sabor que es replicable en cantidad y calidad, de manera paralela, en otras existencias amistosas, formando todo un círculo de integración y desarrollo social. Para "roces", aventuras, amantes, y demás definiciones, están aquellos que, libres de prejuicios se permiten que de principio a fin se juegue al mismo juego, sin cambio de roles, sin disfraces, ni mucho más contenido que la satisfacción del deseo. La amistad es otra cosa. Es enorme, elevada, trascendente, estoica, comprometida, majestuosa, jugada y por sobre todo, desarrollada a través de un amor desprejuiciado y abrazador; que pone al amigo, en el lugar indispensable del hombro incondicional de las lágrimas y la mirada entendida de las risas, en la que las palabras sobran.

Opiniones (1)
19 de junio de 2018 | 02:36
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19 de junio de 2018 | 02:36
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  1. Muy buena nota. Felicitaciones.
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