opinión

El mito de la media naranja

Una pareja necesita cuatro condiciones básicas ineludibles: amor, intimidad, confianza y respeto. ¿Qué viene después?

El mito de la media naranja

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

En nuestro folklore popular, estamos acostumbrados a escuchar la expresión de haber encontrado nuestra media naranja, cuando uno se siente a gusto en una relación de pareja o incluso se dice estar en la búsqueda de mi media naranja, cuando no damos con la persona "indicada".

Creencias como estas provocan que muchas personas se frustren en el intento de dar con ese complemento y muchas parejas vivan (o sobrevivan) comportándose y obligándose a actuar como un suplemento"de lo que falta", aquello que la pareja exige o espera, porque uno sería la parte que "debe" responder a las expectativas de su compañero y viceversa.

En una sana relación cada uno es una naranja completa, una persona entera en sí misma que ha decidido compartir la mayor cantidad de tiempo y espacio (no todo) de su vida, con otra persona entera, con sus virtudes y vulnerabilidades.

Es sumamente importante y enriquecedor poseer espacios personales que retroalimenten a la vez la vida de la pareja. Muchos descuidan sus otros roles de la vida (el rol de amigo, hermana, deportista, hijo, estudiante, etc.), por lo cual, la pareja transita lo que se denomina un "apego excesivo" e indiscriminado.

Este apego genera cierta sensación de seguridad al comienzo, pero con el tiempo se transforma en un arma de doble filo, pues se comparte tanto que llega a poseer características de dependencia y ahogo. Y cuando uno de los dos, prueba realizar una salida (de amigas, una despedida de soltero o un viaje), sobreviene una "crisis" con una sensación de mucha inseguridad. Pues sin querer, ese apego excesivo indica "no tolero no controlarte". Aquí ya entramos en el terreno de los celos, la desconfianza y la inseguridad personal. Pero fue justamente esta renuncia excesiva de espacios individuales, la que derivó en "contratos implícitos" que ataron y no dieron la libertad necesaria para poder confiar y arriesgarse, y la realidad es que no hay verdadero amor sin riesgos, ni espacios individuales y privados.

La pareja necesita cuatro condiciones básicas ineludibles: amor (afecto), intimidad (sexualidad y la extensa implicancia del término, no solo genitalidad), confianza y respeto. Sobre estas bases, luego se apoyarán otras áreas que dan lugar a la co-construcción de la pareja en sí, como la comunicación, la necesidad de admiración, la proyección conjunta, las tareas cotidianas compartidas, los momentos de sociabilización, etc. Todo esto sólo es posible en el encuentro de dos unidades. Es fundamental atender a estas cuatro necesidades básicas porque si a una mesa le falla o falta una de esas patas, la mesa tambalea y se desequilibra hasta caerse. Es decir, con el amor no basta.

La pareja es un espacio muy particular, donde nos desnudamos literal y simbólicamente. Es donde nos permitimos mostrar nuestros lados más gloriosos y también los miserables. Paradójicamente es por esto mismo que puede ser un espacio transformador de uno mismo y por ende de la pareja, entendida como un "nosotros".Ante los conflictos, sería un buen punto de partida preguntarse ¿Por qué me molesta tanto esto? ¿Qué tiene que ver conmigo? ¿Por qué tengo la necesidad de buscar vías de escape? Es aquí donde muchos descubren sentirse desvalorizados, incomprendidos, sobreexigidos o subestimados. Estos hallazgos son más profundos y verdaderos, sobre los cuales se pueden implementar soluciones más eficaces, que andar expiando culpas, desembarazándose de responsabilidades y consecuentemente "atrincherándose" en contra del compañero. Si constantemente pongo afuera el problema, no se está siendo parte de la solución del conflicto de pareja. Sencillamente, pongo en la mochila del otro la piedra que a mí me molesta y esto para algunos es más sencillo, pero como solución será pan para hoy y hambre para mañana.La postura autocrítica será vital para la subsistencia conyugal.

Básicamente, la pareja transita en forma diaria bajo una "elección cotidiana" cuando nos miramos y decimos: "Te sigo eligiendo". No se puede esperar que el enamoramiento sea una etapa permanente, nadie lo resistiría! Pero cada tanto, uno puede ir generando espacios, momentos, acciones que re enamoren y que esos "fuegos artificiales" vuelvan a brillar por un momento. Es letal la postura del "piloto automático" en la que como ya está todo sobreentendido, se pasa a una actitud pasiva donde los conflictos resultan de aquello que se cree "obvio".

Poner al compañero en el lugar de tener que tener una "bola de cristal", en la que "debería" adivinar aquello que necesito, deseo y quiero, no hará otra cosa quecrear roces y peleas. Expresarme con claras palabras generará propuestas y pedidos (muy distinto a los reproches) que concluirán en acuerdos y el respeto mismo de la "no coincidencia". Tolerar la diferencia de percibir y valorar algunos aspectos de la vida, es la verdadera elección de quien tengo a mi lado, como un ser completo y no como mi complemento de lo que carezco. La mutua aceptación es mirarnos a los ojos en la pacífica y reconfortante idea de sabernos felices a pesar de los abismos que nos separan, de los hilos que nos conectan y de los lazos invisibles que nos unen.

mgZݏv

Opiniones (1)
20 de junio de 2018 | 19:08
2
ERROR
20 de junio de 2018 | 19:08
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. y comunicación....
    1