opinión

Carioca

El off de los Juegos Olímpicos, el temita si todo esto le sirve al país en su economía y Marc Ferrez, el gran fotógrafo de Brasil y especialmente de Rio de Janeiro, a fines del siglo XIX. Otro podio.

1. Natural de Río de Janeiro, ciudad del Brasil.

2. Perteneciente o relativo a Río de Janeiro o a los cariocas.

Para no confundirme: de todas las ciudades que conozco es la más parecida a la que amo. Apenas me falta descubrir otras 75 ciudades que me interesan. Pero, en serio, estimado Dios, eso podemos dejarlo para otra vida, para una próxima reencarnación, querido Buda.

La semántica de los economistas es increíble: "En medio de una tendencia de aumento de deuda pública, acoger las Olimpiadas incrementará el número de insolvencias empresariales en el estado de Río de Janeiro y generará presiones inflacionistas visibles hasta 2020"

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Del mismo informe, elaborado por Solunion, nos enteramos qué puede ser lo genial de alojar el evento deportivo más importante del mundo. "Los proyectos de inversión y turismo ligados a las Olimpiadas añadirán solo 0,05 puntos porcentuales en el crecimiento real del PIB de Brasil, en el que se espera un declive de 3,5 % en 2016"

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Las cifras oficiales (hasta que alguien descubra lo contrario) estiman que la inversión total en infraestructura olímpica entre 2009 y 2015 podría alcanzar los 38.500 millones de reales brasileños (12.000 millones de dólares). Las previsiones acerca de los ingresos en turismo está generando 400 millones de dólares. Pero esto es lo peor: "el crecimiento real es solo 0,02 puntos porcentuales, menos de la mitad del impacto estimado original total".

Echale la culpa a Lula, Rio.

Y esto vendría a renovar el mantra de aquellos cariocas más osados y clásicos, que afirman que, esta ciudad, viene en debacle desde que mudaron la capital del país a Brasilia. Esto sucedió en abril de 1960. 

En Rio está muy bien considerado echarle la culpa a los otros. Siempre. Cuesta pensar que los cariocas hagan a un lado su espíritu hedonista para asumir lo que, al final, siempre termina dándoles la razón de vivir en una Ciudad Maravillosa. 

Se lo toman tan serio que se ríen y ninguna revolución los va a quitar de la playa. 


Dicen los espíritus europeos de la ciudad que sólo podría existir allí un connato de rebelión ciudadana si el sol no saliese durante treinta días. Los troscos y otros zombies de la izquierda latinoamericana esperan, en vano, hace décadas, que Rio se sumerja en una nube que no deje vislumbrar el sol. Por ahora van perdiendo. Y por goleada.

Rio
Marc ferrez 1

Los reyes de Dinamarca han abandonado por estos días sus residencias en los palacios de Amalienborg,  Schack y Brockdorff para alojarse en un ignoto cuatro estrellas de Copacabana, lejos de los flashes. Sus actividades se resumen a pasar desapercibidos, apenas con alguno compromisos sociales. Entre ellos, la apertura de la Casa de Dinamarca, en Ipanema, y cenas en en Yacht Club, en Urca.

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Fiesta en el Jardín Botánico, a cargo del Sheik de Qatar. A la derecha, la única miembro de la familia real autorizada a dar declaraciones (pero con cuestionario limitadísimo)


No son los únicos príncipes de paso por Rio. La comitiva está formada por miembros de diez casas monárquicas de Europa, Asia y Medio Oriente. Casi todos poseen relaciones con el deporte. El príncipe Alberto de Mónaco es uno de ellos, quien está casado con la ex-nadadora sudafricana Charlene Wittstock. Alberto ha participado de todas las fiestas posibles, corrió con la antorcha olímpica, tiró selfies en el partido de basquet masculino entre Brasil y España y, en calidad de dirigente deportivo, inauguró el espacio de la Asociación Mundial de los Atletas Olímpicos, en Lagoa.

Soberano de un país de medio millón de personas (la actual población de Niterói), el Duque de Luxemburgo, Henri Albert Gabriel Félix Marie Guillaume, es acaso el más excéntrico de los visitantes sofisticados hoy en Rio. La austeridad no ha sido nunca su estilo. En una de sus recorridas nocturnas pasó por el restaurante Fiorentina, en Leme, uno de los mejores de la ciudad. Poco más se sabe del resto de sus actividades, que no suelen ser públicas.

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Pero, sin duda, el más estrafalario de toda está nómina es el Sheik de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, quien no dudó en alquilar para estas semanas una casa de lujo en el barrio Jardín Botánico. Allí las fiestas le dan a la noche carioca mayor misterio. La revista Veja en su edición carioca, anota: "las fiestas llaman la atención por la riqueza en la decoración, por la incapacidad (o desinterés) de los qatarís de interactuar con los extranjeros". Y detalla una de esas reuniones: 

Todos los hombres se vestían de la misma forma, con una larga túnica blanca, llamada thobe, y usaban en la cabeza un pañuelo del mismo color, atado por un grueso cordón negro de lana de camello 


Para la cronista, "la única concesión a la vanidad eran los relojes Rolex y Omega y los profusos perfumes. Las hidalgas qatarianas, en tanto, usaban túnica de color oscura. En las cenas, hombres y mujeres ocupan mesas separadas". 

La sobrina de Sheik y directora de marketing del Comité Olímpico de Qatar, Asma Al Thani, es la única cara pública de la familia real en Rio.  Antes de las entrevistas, los periodistas son alertados para no hacer preguntas espinosas sobre la familia real ni sobre las denuncias de soborno de dirigentes de la FIFA para darle la sede de la Copa do Mundo.

Rio, la también imperial, fue sede de la corona de Portugal entre 1808 y 1821. Y desde 1822 a 1889, fue la capital del Imperio de Brasil, sirviendo de escenario para la coronación de dos monarcas. Mientras tanto, y casi a la mitad de la competición, se aguarda la llegada  de los reyes de Suecia. En tiempos olímpicos, la ciudad maravillosa, la de la debacle augurada desde hace más de medio siglo, retoma su vínculo y roce aristocrático.

Será la Ciudad Maravillosa, pese a la economía, la política y hasta el mismísimo deporte.

Todas las fotos pertenecen al fotógrafo Marc Ferrez, el gran cronista de la fotografía del siglo XIX y principios del XX. Su acervo es una de las joyas del continente.

Y otra recomendación olímpica: el disco "Carioca", de uno de sus mejores habitantes, Chico Buarque.




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21 de julio de 2018 | 16:36
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