opinión

El diccionario según Runno: Plaza

Dos mil marchas, ¿para terminar en esto? Los derechos humanos no tienen dueño ni campeones. Especialistas en transformar el bronce en barro, el oro en chatarra.

Del latín plattĕa, este del latín platĕa, y este del griego πλατεῖα.

1. Lugar ancho y espacioso dentro de un poblado, al que suelen afluir varias calles.

2. Lugar donde se venden artículos diversos, se tiene el trato común con los vecinos, y se celebran las ferias, los mercados y las fiestas públicas.

3. Espacio, sitio o lugar.

La plaza es un espacio público. Una, algunas, todas.

No es de nadie y sí de todos.

Nadie es más dueño de una plaza.   

Algo semejante ocurre con los que piden respeto creciente por los derechos humanos.

Nadie es más respetable que otro en la protección de los derechos humanos, ya que creerlo sería menospreciar la igualdad de todos.

Se dice nadie, pese a los privilegios de los que goza la izquierda caviar argentina.

A la señora Hebe de Bonafini estas nociones se le escaparon hace un buen tiempo. Debo suponer, por sus declaraciones y actos, que mientras la democracia madura, como puede, a veces a los tumbos, ella, en cambio, sólo se permite retroceder. Sus pasos hacia atrás no la convierten en inimputable, sino en una solitaria, una voz que se pierde entre la compasión y la provocación.

La señora de Bonafini ha intentado colocar jerarquías, niveles de mando, para causas humanitarias, como si gestionara una PyME, como si, además, fuese ejemplo de gestión, claridad, transparencia, eficiencia, o al menos cierta dedicación por la rendición de cuentas de dineros públicos.

La señora de Bonafini ha hecho todo lo posible para confundir a la sociedad, que no gratuitamente le ha dado la espalda. Sus méritos para evitar lo heroico, lo histórico, lo memorable, están más que a la vista. No consigo explicarme por qué tanto desparpajo. Posiblemente la historia superó sus posibilidades humanas.

Madres plaza mayo 3

Postal de los malos viejos tiempos: angustia, dolor, impotencia.

He asistido en tiempos diferentes a estas rondas que el jueves pasado sumaron dos mil, tanto en la Plaza de Mayo como en la Plaza San Martín, en Mendoza. 

Lo he hecho, primero como curiosidad, luego en solidaridad. Como a tantos otros argentinos, me resulta conmovedor lo que significa esa búsqueda, entre tanta oscuridad. Participar en algunas de estas marchas no me hace sentir mejor ni superior, sino alguien que, a su modo, ha compartido esa tragedia. La categoría del "desaparecido" es una pesadilla de la condición humana.

La señora de Bonafini, en este aspecto, prefirió, desde hace un buen tiempo, realizar política y adquirir privilegios en su rol de capataz de una organización a la que nadie le niega su legitimidad. 

Poseo la misma preocupación que Hebe de Bonafini: proteger, velar y ampliar el cumplimiento de los derechos humanos. De ahí en más, no comparto prácticamente nada con ella. Y cada vez menos.

Madres plaza mayo 1

¿Hay derechos humanos para gente de izquierda y otros para los de derecha?

Los últimos sucesos protagonizados por la señora de Bonafini no esconden nada, salvo más impotencia, más rabia, más resentimiento. Es como si ella doblase la apuesta, en base a ofrecer una resistencia (a la que por suerte la gran mayoría pensamos que se acabó el 10 de diciembre de 1983), a dar señales de un supuesto poder suyo que emana miedo. 

¿Es justo que la señora de Bonafini, a su edad, se conforme con dar miedo, que brinde por ello?

¿No tuvimos ya demasiado miedo, muchísimas víctimas (y ella lo sabe mejor que muchos), tremendo horror en los días más tristes del Proceso?

Da pena que ella crea, tantos años después, que el miedo es un buen método para vivir en una sociedad civilizada. ¿Habrá aprendido la lección? Todo hace suponer que no. Y entonces la pena es mayor: ¿qué más debería pasarnos a los argentinos para no estar de acuerdo en asuntos irrenunciables?

No es el miedo ni evitando la justicia lo que nos hace más progresistas. 

Pero en el mundo del revés y en las filas de la izquierda caviar todavía no están tan convencidos.

Prosiguen pensando que son dueños de Plaza de Mayo, más que vos. Y que son los campeones de los derechos humanos, como si vos fueras un suplente a punto de entrar cuando el técnico lo disponga. 

Lo único que parece estar de su lado, en este razonamiento, es la locura.

Los esclarecidos, no es menos cierto, nunca llevaron a este país a ser uno mejor.

Opiniones (1)
23 de julio de 2018 | 09:09
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23 de julio de 2018 | 09:09
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  1. Comparto la opinión del articulo... Mi abuelo me decía..."lo terrible de Hitler no era que es un loco suelto... Locos hay muchos y para eso hay manicomios... lo terrible es que millones de personas en el mundo apoyan esa ideología nazi".. Con Hebe pasa igual... no me preocupa su demencia y su agresividad... En los geriátricos hay gente mucho mas deteriorada y agresiva... Tampoco me atormenta que haya gente que la apoya incondicionalmente como Victor Hugo Morales, Kiciloff, Sagasti impresentable , D Elia, Aníbal Fernández y otros que hacen su trabajo para ganar mucha... mucha... muchísima plata. Es como si fueses un gerente de Coca Cola que te convences que es muy buena y peleas por venderla para cobrar un suculento sueldo. Esta muy bien que lo hagas.. Pero lo que no entiendo es a los pelotudos seguidores gratuitos, que salen a avalarla como si fuese un adalidad de la democracia. Es lamentable y no me entra en mi humilde cabecita porque lo hacen... Le lavaron el cerebro? Porque estar convencido que un golpe contra Macri es el camino no puede entrar en la cabeza de "abanderados contra el golpe". Para ellos el podio de los MENDOLOTUDOS y ARGENTOBOLUDOS... Medalla de Oro RIO 2016
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