opinión

Click a la historia

Escribe Luis Abrego, periodista y escritor mendocino. Exintegrante del staff de MDZ Online.

Click a la historia

Por Luis Abrego (*)

La aparición de MDZ fue una revolución para el ejercicio periodístico en Mendoza. Aunque hacer un recorte geográfico sea acaso torpe o innecesario, si se tiene en cuenta que justamente uno de los tantos paradigmas que Internet puso en crisis fue la dimensión de "lo local".

Esa ruptura hace referencia no solo al soporte digital (MDZ ya nació como un medio on line, no tuvo que reciclarse) sino también al rotundo desafío que implicó para la concepción tradicional del oficio periodístico.

MDZ consideró, con contundencia y amenidad, que la instantaneidad es un valor para la profesión si se la usa con criterio y -paradójicamente- con oportunidad. Que el pulso de una sociedad no sólo pasa por los referentes de la opinión pública, sino también por la simple opinión del público; esa que se expresa tanto en los comentarios de las notas como en la que circula por las redes sociales y de la que a veces se habla más que del hecho en sí.

Asimismo, MDZ valoró que la noticia no sea un universo cerrado y a la que quien la escriba le ponga un sello de lacre inviolable. Por el contrario, que la información fluye, que es un proceso en constante construcción, mutación y reconfiguración. Y que además pueda completarse (y por ende comprenderse mejor) con un video, un audio o un link que profundice su contenido aprovechando incluso las ventajas infográficas de las plataformas interactivas.

MDZ fue un viento nuevo, arrogante, irreverente que desafió tanto algunos preconceptos como la ingenuidad de los desinformados. Supo construir desde una pantalla un vínculo de complicidad y cercanía con el lector, ese que después le revalidó su confianza y acompañamiento hasta la radio que se desprendió de aquella creación original.

Me atrevo a decir que también hubo contundencia en su apuesta editorial explícita: docencia republicana, control de las cuentas públicas y búsqueda de un rumbo cierto para Mendoza, una insistencia que no por recurrente deja de ser necesaria. Información, opiniones de todo tipo, sarcasmo... La caprichosa búsqueda del pelo en la sopa que a los periodistas tanto nos gusta y que a otros tanto mortifica. MDZ desacralizó la mirada seria o comprometida per se y en eso también fue moderno.

En lo particular, tuve la fascinante experiencia de estar casi desde el comienzo y formar parte de una redacción creativa, bastante rebelde y divertida como deben ser las buenas redacciones.

Experimentamos, aprendimos, erramos y acertamos. Tuvimos la ocasión de cotejar a cada instante nuestra pasión sin mediaciones, en tiempo real, con las preferencias y las elecciones de navegación de los que nos leían. Descubrimos que aún en nuestra concepción analógica, el mundo digital nos permitía una agilidad que el papel definitivamente ha perdido o acaso nunca tuvo. Y fuimos felices en esa vital conversación con la profesión vivida con intensidad.

Rescato por ello la voluntad emprendedora de quienes desde el primer día se animaron a hacer periodismo de una manera que hasta el momento no se había hecho. Casi a oscuras, a ciegas: sólo con la voluntad del explorador. La audacia y la innovación suponen un turbio instante de inconsciencia, ese mismo que puede ser inmenso fallido o... primicia.

Bajo ese vértigo pasó casi una década. Un fulgor de bites. Una atracón infinito de ideas y sueños que merece ser celebrado. Celebren: está más que merecido. Son contados los que le han podio hacer un click a la historia.

(*) Periodista y docente universitario.

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26 de mayo de 2018 | 11:39
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26 de mayo de 2018 | 11:39
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