opinión

El miedo a los hijos

Hoy se pone de manifiesto una situación que desborda a muchas familias. La realidad muta, cambia y se transforma.

El miedo a los hijos

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

Educar y criar hijos es algo que trasciende, por mucho, el mero hecho de ostentar el título de ser padres. Hoy se pone de manifiesto una situación que desborda a muchas familias. Y no es algo menor, pues la realidad muta, cambia y se transforma de manera vertiginosa.

Estos cambios muchas veces no suelen ir acompañados de manera paralela por las familias. En ocasiones, estas modificaciones sociales son extremadamente rápidas y los jefes de familia se ven sobrepasados por circunstancias que no saben, a ciencia cierta, cómo resolver.

Nombremos algunas situaciones para dejar explícitamente expresado a qué nos referimos, en cuanto a comportamiento de los hijos y el proceder de los padres: abuso de alcohol, vida sexual dentro del hogar, consumo de marihuana, uso de las redes sociales, las "previas", los cumpleaños de "15" y "18" (y sus modas dominantes), etc. Para citar sólo algunas situaciones que constantemente sorprenden en cada hogar, con una demanda imperativa de parte de los menores, que ponen en jaque a sus progenitores y sus decisiones.

Para ser realistas, es muy cierto que son situaciones difíciles de esclarecer. ¿Los dejamos apartados de la realidad si les quitamos todos estos "beneficios"? ¿O deberíamos ejercer rígidamente nuestra autoridad porque en "nuestra época no pasaban estas cosas"? ¿Qué les pasa a los jóvenes, que no pueden vivir sin pasar por encima los límites? ¿Tendríamos que ser padres modernos y cancheros, ajustándonos a la "vida actual"?

Un buen punto de partida sería el valernos del"sentido común": los extremos nunca son buenos. Es decir, ni la rigidez extrema de los padres de antaño, ni la liviandad paternal del "padre amigo". Años atrás, existía una distancia enorme entre hijos y padres, en la que el "temor reverencial"hacia alguno de ellos, hacía obedecer sin el más mínimo cuestionamiento y sin pedir una comprensiva explicación. Hoy, esta distancia se achicó demasiado. Padres que, en pos de estar cerca de sus hijos, se han convertido en pares. Y erróneamente, justifican conductas de los menores aduciendo que ellos, de chicos, también hacían esas mismas cosas o peores. Y esto es un error. Porque la realidad de hoy no es la que vivieron los padres a sus edades. Claramente estamos ante otro contexto y son otros los riesgos.La sociedad cambió y por ende sus peligros. La exposición es otra a la de ayer. Antes podía estar representada en el "qué dirán". Hoy, los menores se ven sobre expuestos en las redes sociales de una manera exageradamente audaz y con consecuencias. Antes, abusar del alcohol era una verdadera transgresión. Hoy es casi un ritual de fin de semana.

Pero no todo tiempo pasado fue mejor. Sencillamente es diferente. Es decir, las escenas cambian. La vida cambia. Y por lo tanto, las reglas familiares necesitan ser modificadas y ajustadas a estos nuevos escenarios. Pero esto que estamos diciendo no es una tarea fácil. Los padres se encuentran en una verdadera encrucijada, pues ellos son los que reciben las presiones de sus hijos quienes les hacen saber que la mayoría de sus amigos tienen el permiso o la "tolerancia familiar", para volver a determinada hora un sábado a la noche, para dormir con su novia en su propia casa (y habitación), o para llegar ebrios tras algunas salidas.Resistir semejante embate, en ocasiones, es ir en contra de lo que la "supuesta mayoría" hace. Pero "mayoría" no siempre significa que sea algo bueno, sano o normal. Quizás tener caries sea algo que la mayoría padezca, pero definitivamente no es sano.

La negociación entre padres (con sus reglas, valores, criterios y anhelos) e hijos (en su contexto actual), tiene que ser una herramienta ineludible, que no puede faltar en cada hogar. Criticar en extremo la vida de "los jóvenes de hoy", es desaprobar el presente en el que ellos viven, hasta incluso dejarlos apartados del momento actual al que pertenecen.Por el contrario, ceder abatidos, desesperanzados e impotentes ante el avance constante de situaciones que NO consideramos propias del entorno familiar, no es un camino de solución sino de empeoramiento, caos y desidia familiar.

Tomando por título el libro de Jaime Barylko, El miedo a los hijos, puede parecer una frase demasiado grande en el vínculo entre progenitores y sus herederos, pero no lo es. Quedarnos paralizados frente a conductas que criticamos como poco propicias es, por poco, casi un acto de abandono. Dejar en manos de los demás (padres de amigos, docentes, sociedad, incluso psicólogos, etc.) lo que nos corresponde como padres es, cuando menos,falta de compromiso. Por consecuencia,asumir el costo de enfrentar el miedo a ser criticados por nuestros hijos, en el rol de padres (a veces con cruel severidad), es sinónimo de presencia, responsabilidad y dedicación. Un costo que vale la pena pagar y siempre será mucho más beneficioso, antes que penar las consecuencias por ser demasiado tarde.

Opiniones (4)
22 de mayo de 2018 | 07:55
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22 de mayo de 2018 | 07:55
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  1. la falta de comunicación y el querer superar las dificultades con cosas materiales.... no compartir sino competir, usar la misma ropa, no aceptar el paso del tiempo, querer ser como ellos.... , SOMOS PADRES, GUÍAS, NO AMIGOS.... para amigos tienen a sus pares, y ahí nuevamente entra en juego la comunicación.... conocerlos, preguntar sin presionar...., perder unos pesos por estar con ellos no para comprarles de todo.... desde pequeños porque cuando llegaron a la adolescencia ya es tarde....
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  2. Personalmente creo que el temor a los hijos se comienza a ejercer cuando uno nota que se perdió el control. Creo que el primer problema de los padres es la vagancia y el desinterés más aún que el miedo que vendrá luego. Eso los lleva a no dedicarles el tiempo a los hijos en sus primero años que son los más importantes. Creo que es crucial el nexo que se crea con ellos en los primeros años y que hacen el resto de la crianza por lo menos no tan dificultosa. Los padres de hoy en día se enteran que tienen una responsabilidad con sus hijos cuando ya es demasiado tarde y es a los 14 o 15 años en adelante, cuando ya no hay ninguna institución que se los eduque, no hay niñera que se los tome ni jardín maternal que se los acepte; cuando a la secundaria le importa un bledo si va o no, o si aprueba o no. Ahí es cuando los padres de hoy en día toman la verdadera conciencia de que tienen hijos y que sus hijos tienen problemas, pero ya es demasiado tarde. Yo prefiero perder tres días en armar la huerta de mi casa, pero hacerla con mi hijo y mi hija de 8 y 10 años. Porque yo sé que solo la hubiese construido en 1 día, pero de esa manera ellos no tomarían el ejemplo ni el gusto por el trabajo, no pasarían tiempo conmigo, no aprenderían a usar una herramienta, no valorarían el sacrificio; y cuando tengan 15 años voy a querer que lo hagan y ellos no van a querer, no les va a importar y no van a saber cómo. Pero los padres de hoy en día prefieren enchufarlos para que no "jodan", y estamos viendo los resultados. Cómo no les va a dar miedo después?, si son desconocidos el uno para el otro. Y lo peor de todo es que el trabajo que no hace un padre deja a un chico sin guía en la calle y ese chico termina por ser en muchos casos una "mala junta" y así se extienden entre ellos, sin contención, sin una referencia. Muchos de los problemas sociales que tenemos hoy en día es por culpa de una mala crianza, por culpa de los adultos de hoy que no solo en algunos casos no se les enseñó de niños, sino que peor aún, de grandes nunca quisieron aprender.
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  3. Coincido en la conclusión, pero no tanto en el diganóstico. Junto a mi esposa somos padres de 4 hijos y ya tenemos más de 50 pirulos, pero esto no ha hecho mella sobre la relación con nuestros hijos, que es maravillosa, adulta, fluida y amorosa. Ellos han hecho y siguen haciendo lo que quieren y siempre han querido lo mejor para ellos, lo cual ha sido el motivo de nuestra dirección como padres. No concuerdo en el diagnóstico sobre las experiencias pasadas y las actuales por cuanto considero que sólo han cambiado los canales de expresión, pero no lo que biológicamente representó y representa ser niño, adolescente y jóven. Para nada, todo sigue igual que hace 100 años. Eso es lo que me parece que es el error común de muchos padres, creer que las cosas han cambiado mucho. Les aseguro que lo básico, lo biológico, sigue ahí, tal y como siempre fue. Nada cambió. Al menos yo viví en mi adolescencia y juventud rodeado de gente que salía a divertirse, tomaba alcohol y se drogaba. Y mucho, les aseguro. ¿En los '70 y en los '80? Sí, ni más ni menos. Droga, alcohol y sexo a lo loco, por todos lados. ¿Violencia? Muchísima más que ahora. ¿O se olvidan de la subversión, de los milicos, de los desaparecidos, de la guerra por Malvinas, de la casi guerra con Chile, de los secuestros, la hiperinflación, los despidos masivos, etc., etc.? Yo creo que ahora no tienen ni idea de lo que es la violencia y la inseguridad. Son nenes de pecho en el tema. Pero como todo lo nuevo para una generación parece que es la primera vez que ocurre en la historia, se asombran por cosas que vistas con los ojos de aquellas épocas quedan como cosas mínimas. Nos teníamos que cuidar solos y sin información tanto de la droga, del alcohol, de las enfermedades de transmisión sexual, del Estado con su violencia y persecución por sólo ser jóvenes, de los profesores con mala jeta y que nos trataban como enemigos, de las universidades controladas por los milicos, de escuchar música considerada subversiva, de los que secuestraban (¿o los Puccio son de ahora?). En fin, nuevamente reitero, estoy de acuerdo con la conclusión, pero para nada con el diagnóstico. Sobre todo porque creo que quieren idealizar el pasado o vivieron en un frasco. ¿La tecnología y las redes sociales? Hermosas herramientas que si se saben manejar no representan ningún problema, en absoluto. El tema es que a lo mejor hay muchos padres que ceden el control de las cosas por no ser suficientemente inteligentes para adaptarse y eso no es problema de los hijos, sino de los padres que no quieren evolucionar, lo cual, según Darwin, los hará desaparecer por no ser válida esa forma de vida para la naturaleza. ¿No evolucionás? Fácil. Desaparecés. Es la naturaleza, nada más. ¿Qué hacer contra eso? Nada. Adaptate y no busqués excusas. O desaparecé. Sólo depende de vos. Pobres aquellos hijos con padres que no quieren evolucionar, porque tendrán que rebuscársela solos. ¿Un consejo para esos hijos? Sí. No les den más bola a esos padres porque no les conviene. ¿Amarlos igual? Y sí, son tus padres, pero no podés darle bola a alguien que no quiere evolucionar ya que en ello te va la supervivencia.
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  4. Miedo no sería la palabra justa. Temor me parece más acertado. Ser padre implica muchísimos sacrificios. Cuando los niños tienen hasta mas o menos 11 o 12 años el mayor cuidado debe ser para evitar que se lastimen, pues es una época de experimentación. Luego de esa edad controlar las juntas, su entorno de amigos y seleccionar aunque cueste más de una discusión, es la época de sus primeros amores, sus primeros fracasos. Es el momento de estar atento con las drogas, el alcohol y el cigarrillo. Estar informado de todo lo que nuestros hijos hacen y dicen da una idea para donde está marchando esa cabecita. La religión puede ser importante en toda etapa, pero enseñarle que está bien y que está mal es fundamental. Todo esto debe ir acompañado de toneladas de amor y esto en definitiva será lo que marque la diferencia en la formación de un nuevo integrante de la familia.
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