opinión

Paz

"Hacer el amor y no la guerra" no es volver a Vietnam. En Colombia, el tránsito a la pacificación es ejemplar en un mundo violento, atemorizado, definitivamente "terroristadizado".

Del latín pax, pacis.

1. Situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países.

2. Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos.

4. Ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o en un momento.

5. Estado de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud. Disfrutar de una paz profunda.


La transformación de Colombia luego de su prolongada estadía en el infierno, también por vivir una guerra que carcomió su aparato productivo, es uno de los fenómenos más interesantes en la región entre los más recientes. 

A diferencia de lo que se reclama aquí, en nuestro país, los cambios no sucedieron de un día para otro, en lo inmediato, en un pase mágico y como si fuera un milagro. Es que, en general, los países que se proponen acelerar transformaciones, por encima del tiempo del debate de las ideas, la discusión de opciones y el análisis estratégico inteligente, terminan sufriendo lo que vivimos con el kirchnerato: mucho ruido, pocas nueces.

Lo que sucede en Colombia, y en buena medida lo que abrió el macrismo como fuerza política en el gobierno, desde diciembre último, obliga a pensar algunos temas. En especial uno: ¿se ha corrido la política a la derecha? Invierto el eje: ¿no será que los que suponemos están en la izquierda permanecen estáticos, atados a la impotencia y a la consigna populista? 

¿No será que a los de la izquierda, el propio curso de la historia, y la misma izquierda los pasó por encima y ahora los vemos como mal estacionados, en doble fila, entorpeciendo más que agilizando?


Veo a los que se suponen la izquierda manoteando el proyector de súper 8 para ver una película que en cualquier momento se transmite a las cadenas de los cines, en simultáneo y en todo el mundo, gracias a los satélites. Alguno de estos sectores está equivocado, orinando contra y no a favor del viento. Hasta Martín Fierro sabía de esto.

Colombia

Pilar Navarrete, Wilson Barreto, Ederlidia Garizao, Maria Esperanza Sierra y Pablo Emilio Moncayo, pequeños héroes del triunfo de la paz,

Probablemente en una calificación simplista el presidente Santos sea colocado a la derecha del paraíso redistributivo, entre los guardianes pretorianos de la izquierda inconducente. Lo cierto y lo pragmático es que, en los hechos, el presidente Santos está poniendo fin a un conflicto armado que se ha prolongado casi medio siglo. Supongo que en una hipotética charla entre Santos y el candidato presidencial Donald Trump deben existir pocos puntos en comunes. Ambos están tomando caminos opuestos: uno, el de la apertura, mientras el otro el blindaje. Uno, el sendero de la paz, el otro la apelación sistemática a la"defensa" de una guerra prácticamente santa, que es casi como desatarla y mantenerla. ¿Cómo definir entre izquierda y derecha en este acontecimiento? 

Trump también atrasa: niega una realidad que, dolorosa para él, es evidente. Aquí ya nos pasó en la última década, Donald: no le ganamos a nadie, ni a nosotros mismos siquiera, mister.

Estados Unidos no ha perdido su liderazgo mundial, pero a nadie le interesa un líder que ha fracasado en las últimas dos décadas, al compás de republicanos y demócratas, por igual. La insistencia de Trump es reavivar el pasado. Ese carácter a lo Guillermo Moreno es más propio del siglo XX. En buena hora si se lo confirman los votantes en las presidenciales y le clavan un game over

El experimento en la tierra donde nació el realismo mágico, para no repetir tantas veces la palabra Colombia, tiene su correlato en una mejora de indicadores económicos estructurales del país, aquellos que modifican en un sentido más que positivo la calidad de  vida de las personas. En su momento leí un artículo del director de Perfil, Jorge Fontevecchia: "Envidia de Colombia". Para completar lo que intento graficar es necesario leerlo. Apenas un dato: en los años 90 había allí una inflación superior al 20% anual y hoy es la menor de Sudamérica. ¿Sucedió un milagro? Desde luego que no.

¿Podremos los argentinos entender que solucionar asuntos estructurales no se relacionan con salir a revolear el poncho a los balcones de la Casa Rosada y pagarle a Fito Páez después del recital de turno? ¿Y qué tampoco fue de lo más brillante como idea la desaparición de los registros del INDEC? 

Mi respuesta oscila entre el no y el sí, ya que depende, en mi consideración, de si estamos frente a una sociedad madura, responsable, que se sienta importante a la hora de pensar en otra clase de futuro para lustrar y desempolvar 200 años de historia más que convulsionada. 

¿Estaremos enfermos de inmediatismo, narcotizados por el efecto de los profetas y emperadores sin reino, de las acciones de los embaucadores seriales, de los negadores de la realidad, en nombre de los pobres? (Es absurdo que los que fracasaron insistan en sus recetas. Macho, no anduvo, te equivocaste, la pifiaste y tampoco podes tener 8 décadas para demostrarnos que no estabas tannnnnn loco). En estas afirmaciones no me refiero al estricto presente, sino que trato de establecer una perspectiva. 

Aquí los procesos de mejoramiento son histéricos y a la marchanta, como las canciones de Copani: privatizamos, estatizamos, privatizamos, estatizamos. Y pocos de los fogoneros de la ética de la conveniencia de cincos minutos se ponen colorado de vergüenza en contradecirse en tan poco tiempo...


Un eventual triunfo de Trumpo no puede hacer más que arruinar un poco más lo que no está funcionando. También le damos cátedra, Donald; padecemos el peronismo, ese asunto que es de todos y es de nadie, y que desde los años 70 estamos a la espera de algo parecido a una autocrítica, a una suerte de honestidad y sinceramiento, casi un gesto patriótico (detesto el término "patria").


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El artista Spencer Tunick reunió esta semana a más de 6 mi colombianos en Bogotá, de todos los sectores en conflicto, para ponerle más picante a una instalación que se aleja de manierismo y golpea la puerta de la política, la zona del interés público.


Esta semana, el 20 de julio, el país celebró su Día de la Independencia. Y en Bogotá se presentó una instalación -Keep Walking Colombia- que se trata de un repaso sobre las historias de cinco colombianos que forman parte de la creación del propio artefacto artístico y de la icónica fotografía. La fotografía es bastante peculiar, como todo lo que hace el americano Spencer Tunick: 6 mil colombianos desnudos unidos en un llamado a la paz del país.

El proyecto se completa con un documental y la convocatoria de Tunick surgió del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). Acudieron a Johnnie Walker para que subsidiara la produccion estas historias humanas en dirección al progreso y a la esperanza de acabar con la guerra civil, en un audiovisual que, sí, parece salido del realismo mágico. Más realismo mágico es que una o varias bodegas de Mendoza propiciaran debates sobre temas urgentes: el recurso de agua de aquí a 30 años, el reordenamiento territorial o la detención de la sangría inmigratoria de los recursos humanos nacidos a kilómetros de sus factorías.

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Revuelo en Bogotá, pero sin disparos, salvo los del fotógrafo.


De izquierda o de derecha, desnudos somos iguales", dice Wilson Barreto, un colombiano que quedó ciego en un bombardeo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) a Bogotá, cuando apenas tenía 19 años. Él se integró como uno más entre las más de 6 mil personas que de ambos lados de la guerra, posaron desnudos en la Plaza Bolívar en Bogotá.

Spencer Tunick ha sabido colocar adrenalina a sus clásicos desnudos urbanos por todo el mundo. A punto tal que esta instalación ha sido la más grande que ha realizado en los últimos seis años. Su propósito era capturar el espíritu optimista de una sociedad que quiere olvidar lo más rápido un conflicto que más que grieta es buraco.

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El tipo que quedó ciego por un atentando de las FARC, junto al tipo que ordenó ese mismo ataque. Argentina debería tomar nota: salir de la trampa de quienes insisten en fomentar la "grieta", por ejemplo.


En el documental, Wilson se encuentra junto a Luis, comandante de las FARC y responsable por el bombardeo que le costó la vista y a quien hoy considera un gran amigo. Wilson aparece en el cortometraje junto a la víctima civil Pilar Navarrete, al ex oficial de la armada, Pablo Emilio Moncayo, a la ex activista paramilitar de derecha, Ederlidia Garizao, y María Esperanza Sierra, ex combatiente de las FARC.

"Luego de medio siglo de conflicto, el pueblo de Colombia está impulsando la nación hacia delante en un camino hacia la paz y la libertad a través de su apertura e irrenunciable esperanza en el futuro", dijo, en términos correctos, Claudia Hakim, la directora de MAMBO. Y completó: "Estas historias que se cuentan a través del arte y el film van más allá de cuestiones políticas, creencias o afiliaciones nacionales. Son historias de personas que han resistido mucho y que decidieron abrazar las posibilidades de un futuro compartido".

El esposo de Pilar Navarrete desapareció cuando el Palacio de Justicia fue sitiado en Bogotá en 1985 y nunca encontraron su cuerpo. Pilar comentó acerca de su participación en la fotografía al desnudo y el documental: "Siento que estoy rindiendo un homenaje. Desnudo mi alma y mi cuerpo y les cuento a todos acerca de Héctor Jaime Beltrán".

Pablo Moncayo, prisionero de las FARC durante 12 años, sostuvo: "Somos todos iguales. Cualquier diferencia que pueda verse, todos tenemos sangre en nuestras venas, estamos todos hechos de piel y huesos".

Linda frase para regalarles a los fundamentalistas que se suponen son la reserva moral de la izquierda en ests país.

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22 de junio de 2018 | 15:15
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