opinión

La oveja negra de la familia, ese ser despreciado

Las características propias de cada hijo distan mucho, quizás demasiado, en relación al gusto y las expectativas de sus padres.

La oveja negra de la familia, ese ser despreciado

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.com

mauriciogirolamo@gmail.com

A veces resulta enigmático cómo, en una misma familia, pueden convivir personas tan distintas en cuanto a personalidades, estilos, gustos e incluso valores. Tendemos a pensar que los hijos son criados todos de una misma manera y que los padres siempre han sido los mismos. Sin embargo, cada ser en este mundo tiene su propio sello personal, sumado a que casi nunca la forma de crianza de los hijos es la misma con cada uno y jamás los padres son iguales a lo largo del tiempo.

Casi inevitablemente, los padres tienden a generar expectativas sobre cada uno de sus hijos. Esperan que ciertas características sean visibles en ellos y hasta llegan a ver, de manera forzada (cuando no ilusoriamente inventada), aspectos que desearían estén presentes en sus vidas. Y de repente escuchamos frases tales como "es el más inteligente de la familia", "es creativo como su papá", "es la más parecida a la abuela", "el más chico y el más sensible de la familia", "es sociable porque es el del medio" o "como buen hermano mayor es el más responsable"....

Pero de manera frecuente, las características propias de cada hijo, distan mucho, quizás demasiado, en relación al gusto y las expectativas de sus padres. En ciertas ocasiones, algún miembro de la familia sorprende con anhelos, deseos, intereses y "formas", que se alejan claramente de la "mayoría" de los otros integrantes de la familia. Y así es como de repente, pasa a serla "oveja negra", rechazado por el resto del grupo, que tiende a descalificar todo aquello que sea "diferente a la identidad grupal familiar" y, como diferente, puede llegar a ser percibido como una amenaza para la fantaseada "estabilidad de lo conocido y esperable".

Desde la forma de vestirse, la elección de una carrera universitaria diferente a la dispuesta por el "mandato familiar", el gusto por un deporte no tan popular, deseos de viajar y conocer "nuevos mundos", la ideología política o religiosa, e incluso la orientación sexual... y la lista podría continuar. Un sinfín de aspectos que al no ser reconocidos como"esperables, comprendidos y aceptados por la familia", son desaprobados y vivenciados como una especie de "traición" a su propio linaje.

Pero ser la "oveja negra de la familia", ¿es un aspecto tan negativo y despreciable? ¿Por qué ser diferente, tendría que ser sancionado? ¿Hay que corregir acaso todo aquello que no es lo que "se espera" en una familia? ¿Cada persona debe adherirse firmemente a todo cuanto la familia anhela?¿Qué se hace con lo que brota fuertemente desde las entrañas? ¿Qué hay con lo idéntico a cada uno? ¿Dónde dejamos la coherencia interna?

Antes de intentar responder a estos cuestionamientos es importante mostrarla diferencia entre forma de ser y comportamiento: no es lo mismo un"comportamiento" que rompe con las normas históricamente aplicadas en la tradición de la familia y que funcionan como reglas indiscutibles. Normas que dan un contexto claro de lo que está sanamente permitido y claramente diferenciado de lo que no lo es. La rebeldía extrema, el oposicionismo y la impulsividad, serían algunos ejemplos de esos comportamientos disruptivos. En cambio, cuando hablamos de "forma de ser", hacemos mención a una particularidad personal que no rompe con el respeto, ni con las reglas o normas familiares. Tiene que ver con la propia identidad. Algo que no se puede resignar y a lo que no se debería renunciar.

La propia "forma de ser" es un sello indeleble, una marca de fábrica, un elemento constitutivo de cada uno de nosotros, algo así como una huella digital, tan única y diferencial que es irrepetible. Querer enderezar aquello que desde afuera se ve torcido, no hace más que distorsionar la realidad, creyendo que el único modo de observarla es desde donde yo estoy parado. Es como querer sacar los peces del agua para que no se ahoguen. La realidad "conveniente" para unos, dista de la circunstancias genuinas para otros.

La "oveja negra familiar", muchas veces suele ser alguien sano, que simple y llanamente es diferente, que si bien no transita la vida siguiendo el modelo de lo que sus padres esperaban, muestra su personalidad, con su propio y único estilo. Convivir con éstas diferencias es símbolo de respeto y tolerancia. Es sinónimo de aceptación. Es poder resaltar lo auténtico y no lo distinto. Ver la felicidad en el otro y no limitarme en mi concepto de "lo que debería hacer feliz a esa persona".

Así es que, si creías que tenías una "oveja negra" entre tus hijos, pues dalo por hecho. Pero mirando su naturaleza. Contemplando su esencia. Acompañando su despliegue. Porque allí radica el eje de su felicidad. Y si sos esa "oveja negra", no producto de la transgresión, ni del desafío, sino desde lo único y autentico de tu modo de ser, date por satisfecho. Buscá tu aceptación. Defendé tu identidad y sentí el orgullo de ser el quemadura,intensa y saludablemente sos. 

Opiniones (1)
18 de agosto de 2018 | 08:01
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18 de agosto de 2018 | 08:01
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  1. Me encanto la nota!!!! Felicitaciones
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